Johann Christian Bach: Obertura y Suite de Amadís de Gaula

OSCyL, Reinhard Goebel
23 y 24 de Mayo de 2019

Johann Christian Bach fue el menor de los hijos de Juan Sebastian Bach. Tutelado por su hermano Carl Philipp, se trasladó primero a Italia y luego a Londres, donde adquirió renombre internacional como compositor de óperas. Y allí le fueron a buscar desde París para que terciara entre Gluckistas y Piccinistas en la querella que enfrentaba a los partidarios del estilo alemán y el italiano, cosa que hizo componiendo la que sería su obra maestra, Amadis de Gaule, con la versión simplificada de un libreto ya empleado por Lully.

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Mozart: Concierto para piano nº 13

Iván Martín. OSCyL, Reinhard Goebel
23 y 24 de Mayo de 2019

Durante los primeros años de Mozart en Viena, una de sus principales fuentes de ingresos fueron los conciertos de abono.  Para tales conciertos, componía generalmente conciertos para piano, lo que le permitió exhibir su excepcional facilidad con el teclado.  Entre 1782 y 1786, los años en que dio más conciertos, Mozart escribió 15 conciertos para piano y orquesta, casi todos para su propio uso, unas obras que han llegado a representar el ideal clásico del género.

Evidentemente, Mozart compuso sus primeros conciertos de Viena, K. 413-415, muy rápidamente.  En una carta del 28 de diciembre de 1782 a su padre, Mozart mencionaba las tres obras proyectadas, señalando que solo una estaba terminada.  El 15 de enero de 1783, la Wiener Zeitung anunció los conciertos, con las partes para viento opcionales, disponibles en manuscrito.  A su padre, Mozart le describió estos tres conciertos como “un feliz punto medio entre lo demasiado fácil y lo demasiado difícil; son muy brillantes, agradables al oído y naturales, sin ser insulsos”.

Orquestado para piano, cuerdas y parejas de oboes, fagots, trompetas y timbal, el Concierto en Do mayor se inició a finales de 1782 y se completó a principios del año siguiente.  Fue impreso en 1785 por Artaria en Viena como Op. 4, No. 3. (Los K. 414 y K. 413, se publicaron como Op. 4, Nos. 1 y 2, respectivamente.) Aunque el material del concierto en Do mayor es convencional, el tratamiento formal que Mozart le da es a menudo audaz.

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Mozart: Concierto para piano nº 15

Iván Martín. OSCyL, Reinhard Goebel
23 y 24 de Mayo de 2019

El salto en el crecimiento artístico entre los conciertos para piano de Mozart de 1782 (K. 413-5) y la serie compuesta en 1784 (K. 449-451, 453, 456, 459) fue uno de los más grandes en la breve carrera del compositor.  Así, el Concierto para piano N ° 14 en Mi bemol mayor, K. 449, es a menudo considerado como la primera obra madura de Mozart en el género.  Cinco semanas después de la composición del K. 449, Mozart completó una obra sorprendentemente diferente con el Concierto en si bemol mayor, K. 450. La entrada de la pieza en la “Lista de todos mis trabajos” de Mozart, está fechada el 15 de marzo de 1784. El concierto para piano en en re mayor, K. 451, seguiría solo siete días después.  Mozart compuso ambas obras para su propio uso en conciertos públicos, describiéndolas a su padre como “conciertos que le hacen sudar a uno”.  No es sorprendente, entonces, que la parte para el solista sea mucho más virtuosa que la del K. 449, compuesta para uno de los estudiantes de Mozart.  Además, la escritura para los instrumentos de viento, especialmente en el K. 450, es más compleja y avanzada que en cualquiera de los anteriores conciertos para piano de Mozart.  Orquestado para piano, cuerdas y pares de oboes, fagotes y trompas, con una flauta en el final, el K. 450 presenta una sección de viento-madera más integrada en la textura total que en el K. 449.

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Más Brucknerianos gracias a Zacharias, con Martín y Mozart de estupendo aperitivo

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 Iván Martín con partitura, más controlado y meticuloso, Christian Zacharias sin ella, más suelto y fluido, pero, “Je ne sais pas où tu commences,tu ne sais pas où je finis” que decía Moustaki, los dos nos hicieron disfrutar muchísimo con el Concierto para dos pianos en mi bemol mayor de Mozart, especialmente en su magnífica interpretación del vigoroso Rondó final, en cuya cadenza Zacharias haría pensar a muchos en el jazz. Y agradecieron los aplausos con un poquito de ese Bach que, para felicidad de tantos aficionados huérfanos se cuela en cuanto la música sinfónica le deja un resquicio, el Adagio del Concierto en do menor para dosteclados, que con esa pausa lo presentó Iván Martín, en una interpretación algo almibarada pero muy agradable.

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