Más Brucknerianos gracias a Zacharias, con Martín y Mozart de estupendo aperitivo

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 Iván Martín con partitura, más controlado y meticuloso, Christian Zacharias sin ella, más suelto y fluido, pero, “Je ne sais pas où tu commences,tu ne sais pas où je finis” que decía Moustaki, los dos nos hicieron disfrutar muchísimo con el Concierto para dos pianos en mi bemol mayor de Mozart, especialmente en su magnífica interpretación del vigoroso Rondó final, en cuya cadenza Zacharias haría pensar a muchos en el jazz. Y agradecieron los aplausos con un poquito de ese Bach que, para felicidad de tantos aficionados huérfanos se cuela en cuanto la música sinfónica le deja un resquicio, el Adagio del Concierto en do menor para dosteclados, que con esa pausa lo presentó Iván Martín, en una interpretación algo almibarada pero muy agradable.

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Mozart: Concierto para dos pianos en mi bemol mayor, K. 365

Iván Martín, Christian Zacharias. OSCyL
7 y 8 de Abril de 2016
Wolfgang y Maria-Anna ('Nannerl'), c. 1763 (Eusebius Johann Alphen)

Wolfgang y Maria-Anna (‘Nannerl’), c. 1763 (Eusebius Johann Alphen)

La musicalmente dotada hermana de Mozart, Nannerl, tuvo un papel destacado en varias de sus composiciones. Algunas informaciones insisten en que estaba al menos tan dotada para el teclado como su hermano más joven, y ya en 1764, cuando Wolfgang tenía ocho años y Nannerl trece, viajaron y actuaron juntos ante uno o dos teclados. Con lo que, varios años más tarde, la idea de un concierto para dos pianos fue algo natural para Wolfgang. Sin embargo, no se han descubierto circunstancias específicas para la creación de esta obra.

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La OSCyL sin director: Lo dificil y lo imposible

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Si fuese por el magnífico primer movimiento de la Octava Sinfonía de Beethoven que nos ofrecieron, podría pensarse que la OSCyL, habituada a la ausencia de director titular, es ya capaz de prescindir de dirección alguna: El espacio del director estaba vacío, Gordan Nikolic, sentado en su silla de primer violinista tocaba sin hacer la menor indicación, y sin embargo, la orquesta interpretaba estupendamente una obra llena de pausas y cambios de ritmo ante la incredulidad de los que en la primera parte habíamos creído encontrar en esa ausencia la explicación a algunos desequilibrios y desajustes y a una orquesta menos clara y delicada de lo habitual. El tercer y el cuarto movimiento no fueron tan impecables, pero seguía pareciendo increíble tanta conjunción sin nadie marcando al menos las entradas. Al final, los aplausos que la orquesta dedicó a Nikolic, confirmaron la única explicación posible: el gran trabajo previo.

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Ivan Martín, un regalo inolvidable

Ivan Martin Delibes Valladolid

Ivan Martín trajo ayer a Beethoven y a Chopin a Valladolid. Desde la primera nota de la Sonata nº 1, supimos que era Beethoven el que se expresaba en su piano, también con su alegría, pero sobre todo con la determinación y el dramatismo de la música y los silencios de una Patética escalofriante. Luego nos presentó el Chopín de los Nocturnos, ayer feéricos, y el desbordante y casi incontinente hablador de la Balada nº 1 y la Gran Polonesa Brillante. Dos mundos opuestos en los que Ivan Martín navegó con igual pasión y soltura, transmitiendo la emoción y la riqueza de la música como muy pocos son capaces. Que lo hiciera sin partitura es anecdótico: Es uno de los más grandes pianistas que pueden escucharse hoy, un gran músico y un virtuoso, y su concierto ha sido un homenaje a la música y al piano, un regalo inolvidable.