Wunderhorn, Wunderorchester, Wunderdirektor

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Pocas orquestas dispondrán de una sección de trompas y de un solista tan bueno como Jose M. Asensi, capaces de afrontar el difícil reto que supone interpretar el Konzertstück compuesto por Schumann para sus instrumentos. Y así lo reconocieron los prolongados aplausos del público, rendido desde la brillante fanfarria de presentación y premiado con un impresionante arreglo del Libertango de Piazzolla. Pero la orquesta y Lopez-Cobos habían decidido sumarse al homenaje a sus trompistas dando lo mejor de sí mismos y la sesión fue para no olvidar. Continuar leyendo

Magnífico concierto de la OSCyL con López Cobos en dos hitos del sinfonismo

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Antes de iniciar la Sinfonía Alpina, Jesús López Cobos, en un gesto que ojalá tenga continuidad, se ha dirigido al  público para hablar de la gran obra de Strauss, señalando, además de los 101 años que ha tardado en llegar a Valladolid, los 150 años que la separaban de la Sexta de Haydn escuchada en la primera parte, y como, pese a la enorme evolución del género que íbamos a tener ocasión de comprobar, los mimbres eran los mismos. Y ha presentado con la orquesta los nueve temas que la integran. Bravo

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Demasiadas estampas en un concierto sólo regular

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Quizás es porque la OSCyL pareció poco trabajada, como en el anterior concierto con Lopez-Cobos, y no sonó siempre con la claridad y brillantez que requieren las piezas que componían el programa, o quizás es que la obra que presentaba Palomo, que estaba resultando magnífica, acabó haciéndose muy larga y agotó el cupo de estampas y bailes, o puede que el programa ya reuniese demasiadas, pero lo cierto es que ni siquiera la Orgia de las Danzas fantásticas de Turina ni el Malambo de la Estancia de Ginastera lograron impresionarme como es debido.

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Daniel Müller-Schott entusiasma al auditorio con Dvorak

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Desde las notas del programa de mano, Adolfo Muñoz nos invitaba a una velada cinematográfica, y hemos tenido hasta una máquina de viento en las dos Suites Dafnis y Cloe de Ravel de las que, efectivamente, debieron beber Waxmann, Herrmann y Rozsa, y quizás también el Barry de las Memorias de África. Pero lo que ha sido de cine ha sido la interpretación del Concierto de violoncello de Dvorak ofrecida por Daniel Müller-Schott, que siendo ya un instrumentista de reconocido prestigio, ha venido como sustituto de Truls Mork y ha triunfado como sucede con los suplentes en tantas películas. Ha tocado y se le han oído todas y cada una de las innumerables y emocionantes notas de ese enorme concierto, y lo ha hecho con entrega, sensibilidad y refinamiento, regalando muchos momentos de tensión y emoción extrema, con glissandos, armónicos y pianísimos impagables. En el primer movimiento, el sonido de su instrumento ha resultado algo agudo y zumbón, pero es injusto poner pegas a una interpretación tan generosa, inmaculada y emocionante como la suya.

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