Mozart: Concierto para piano nº 15

Iván Martín. OSCyL, Reinhard Goebel
23 y 24 de Mayo de 2019

El salto en el crecimiento artístico entre los conciertos para piano de Mozart de 1782 (K. 413-5) y la serie compuesta en 1784 (K. 449-451, 453, 456, 459) fue uno de los más grandes en la breve carrera del compositor.  Así, el Concierto para piano N ° 14 en Mi bemol mayor, K. 449, es a menudo considerado como la primera obra madura de Mozart en el género.  Cinco semanas después de la composición del K. 449, Mozart completó una obra sorprendentemente diferente con el Concierto en si bemol mayor, K. 450. La entrada de la pieza en la “Lista de todos mis trabajos” de Mozart, está fechada el 15 de marzo de 1784. El concierto para piano en en re mayor, K. 451, seguiría solo siete días después.  Mozart compuso ambas obras para su propio uso en conciertos públicos, describiéndolas a su padre como “conciertos que le hacen sudar a uno”.  No es sorprendente, entonces, que la parte para el solista sea mucho más virtuosa que la del K. 449, compuesta para uno de los estudiantes de Mozart.  Además, la escritura para los instrumentos de viento, especialmente en el K. 450, es más compleja y avanzada que en cualquiera de los anteriores conciertos para piano de Mozart.  Orquestado para piano, cuerdas y pares de oboes, fagotes y trompas, con una flauta en el final, el K. 450 presenta una sección de viento-madera más integrada en la textura total que en el K. 449.

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Más Brucknerianos gracias a Zacharias, con Martín y Mozart de estupendo aperitivo

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 Iván Martín con partitura, más controlado y meticuloso, Christian Zacharias sin ella, más suelto y fluido, pero, “Je ne sais pas où tu commences,tu ne sais pas où je finis” que decía Moustaki, los dos nos hicieron disfrutar muchísimo con el Concierto para dos pianos en mi bemol mayor de Mozart, especialmente en su magnífica interpretación del vigoroso Rondó final, en cuya cadenza Zacharias haría pensar a muchos en el jazz. Y agradecieron los aplausos con un poquito de ese Bach que, para felicidad de tantos aficionados huérfanos se cuela en cuanto la música sinfónica le deja un resquicio, el Adagio del Concierto en do menor para dosteclados, que con esa pausa lo presentó Iván Martín, en una interpretación algo almibarada pero muy agradable.

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