Bruch: Concierto para violín n.º 1

Pinchas Zukerman. OSCyL, Andrew Gourlay
1 y 2 de Marzo de 2019

No sería del todo exacto etiquetar a Max Bruch de one-hit wonder (artista de un sólo éxito), pero su Concierto para violín en sol menor es responsable de casi todas sus apariciones en las salas de concierto. Otras dos piezas de Bruch para instrumento solista con orquesta aparecen ocasionalmente en los programas: el Kol Nidrei para violonchelo y la Fantasía Escocesa para violín. De hecho, escribió bastantes piezas para violín y orquesta, entre ellas dos conciertos para violín completos, y de cuando en cuando habría que volver a visitar sus tres sinfonías, además de sus obras de cámara y composiciones corales. Sin embargo, si la producción de Bruch se redujera al Concierto en Sol menor, su reputación apenas cambiaría.
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El “Lord Aylesford” es de Pablo Ferrández

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Pinchas Zukerman sustituyó a Jukka-Pekka Saraste, y la Obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart a la Leonora nº 2 de Beethoven, quizás para restar trabajo al mítico violinista y ahora también director. Con lo que la brillante composición de Mozart, menos chispeante y ligera de lo que ahora gusta, sirvió para anunciar la fiesta que se avecinaba. Porque desde que el arco de Pablo Ferrández extrajo el primer sonido de su Stradivarius, el auditorio se inundó de emoción con una sublime y casi milagrosa interpretación del Concierto para violonchelo de Haydn, una interpretación como ni su propio autor pudo soñar, que muchos escucharíamos de principio a fin con un nudo en la garganta y los ojos húmedos y en la que Pablo Ferrández rompió con todas las etiquetas descubriendo en la “cortesana” música de Haydn más romanticismo del que se suele pensar y con una cadenza en el primer movimiento, parece ser que compuesta por él mismo, en la que se atrevió a incluir unos ondulantes y modernos sonidos que servían maravillosamente, no a un estilo o una época, sino a la música.

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