El “Lord Aylesford” es de Pablo Ferrández

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Pinchas Zukerman sustituyó a Jukka-Pekka Saraste, y la Obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart a la Leonora nº 2 de Beethoven, quizás para restar trabajo al mítico violinista y ahora también director. Con lo que la brillante composición de Mozart, menos chispeante y ligera de lo que ahora gusta, sirvió para anunciar la fiesta que se avecinaba. Porque desde que el arco de Pablo Ferrández extrajo el primer sonido de su Stradivarius, el auditorio se inundó de emoción con una sublime y casi milagrosa interpretación del Concierto para violonchelo de Haydn, una interpretación como ni su propio autor pudo soñar, que muchos escucharíamos de principio a fin con un nudo en la garganta y los ojos húmedos y en la que Pablo Ferrández rompió con todas las etiquetas descubriendo en la “cortesana” música de Haydn más romanticismo del que se suele pensar y con una cadenza en el primer movimiento, parece ser que compuesta por él mismo, en la que se atrevió a incluir unos ondulantes y modernos sonidos que servían maravillosamente, no a un estilo o una época, sino a la música.

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Pinchas Zukerman hace honor a su leyenda y honra a la OSCyL con Brahms

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Con un cantarín y delicioso violín en el Doble Concierto y una dirección vigorosa y cuidada de la Cuarta Sinfonía de Brahms, el viejo Pinchas Zukerman ha deslumbrado al público en su presentación en Valladolid. Viejo por conocido y por sabio, porque, por otra cosa, es el último calificativo que se puede aplicar a quien, cercano ya a los setenta, sigue teniendo la vitalidad de aquel joven que en los años setenta era ya un violinista indiscutible. Ha tocado como deben hacerlo los ángeles y ha dirigido con el conocimiento, entrega y atención que ponen los mejores profesionales, sorprendiendo a los que podíamos pensar que, siendo su segunda actividad, no iba a ser tan brillante. O que, a estas alturas, venía a cumplir con un trámite. Y de eso nada.

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Brahms: Doble concierto

Amanda Forsyth, Pinchas Zukerman. OSCyL, Pinchas Zukerman
19 y 20 de Febrero de 2016

Brahms y Joachim

Brahms se refirió a su Doble Concierto con palabras como “gracioso”, “divertido”, “loco” y “travieso”, que no son precisamente las que vienen a la cabeza escuchando la pieza. El Doble Concierto es una obra titánica que parece estar tallada en granito musical. Los pasajes orquestales son imponentes y están escritos con una severidad casi espartana, y la escritura para los solistas es dura, casi áspera en algunos momentos. La obra es una de las últimas incorporaciones al gran repertorio de conciertos del siglo XIX que se remontan a Beethoven, y lo construyó en la clásica tradición de concierto de Mozart. Difícilmente una “travesura”.

De hecho, las razones que originaron el Doble Concierto difícilmente podrían ser más graves. Brahms había roto con su amigo y colaborador de toda la vida, el violinista Joseph Joachim, en 1880. Joachim sospechaba que su esposa tenía un romance con el editor de Brahms, Fritz Simrock. Pero Brahms creyó en las protestas de inocencia de Frau Joachim, y su posición provocó una ruptura entre el compositor y violinista. El nombre de Joachim aparece en cartas que Brahms escribió durante la composición del Doble Concierto, a pesar de que los dos no se habían vuelto a hablar.

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