Brahms: Sinfonía nº 4 (2)*

OSCyL, Vasily Petrenko
29 y 30 de Marzo de 2019

Busto de Brahms en la ciudad austríaca de Mürzzuschlag, donde compuso su Cuarta Sinfonía

Que Brahms se empezó a acercar a la forma sinfónica con inquietud es bastante evidente por la cronología de sus obras. No fue hasta la edad de 43 años que completó su Primera Sinfonía. De hecho, la producción del compositor hasta ese momento, sugiere un proceso consciente de autoeducación. Unas cuantas obras orquestales de menor escala, incluidas las Variaciones sobre un tema de Haydn y el proto-sinfónico Concierto para piano nº 1, sugieren una preparación para lo que Brahms claramente veía como lo más elusivo de las empresas compositivas. Debía afrontar el desafío con habilidad y un espíritu individual, el del clasicismo refractado a través del prisma del romanticismo que llevó a muchos a declararlo heredero de Beethoven.

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Brahms: Cuarto movimiento de la Sinfonía nº 4 (*)

Coros de Castilla y León. OSCyL, François Lopez-Ferrer.
15 y 16 de Noviembre de 2018

(*) Finalmente no se interpretó este Cuarto movimiento, sino el de la Primera.

El más sorprendente logro de Brahms en la Cuarta Sinfonía es que su ferocidad y concentración expresiva no se alcance a través de una retórica emocional más intensa, sino por medio de un enfoque implacable en detalles musicales supuestamente “abstractos”

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Brahms: Canción del destino

Coros de Castilla y León. OSCyL, Jordi Casas.
15 y 16 de Noviembre de 2018

Hyperion’s Schicksalslied (Sabine Pleyel)

Cuando Brahms descubrió en el verano de 1868 el poema “La canción del destino de Hiperión”, se sintió tan conmovido que tomo nota inmediatamente de unos primeros bosquejos para su Schicksalslied.  Tres años después terminó la obra.

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Brahms: Concierto para piano nº 2

Javier Perianes. OSCyL, Andrew Gourlay.
14 y 15 de Junio de 2018

Pasaron más de veinte años entre el Primer y el Segundo Concierto para piano de Johannes Brahms. Un perfeccionista crónico, Brahms había estado cinco años escribiendo borrador tras borrador de su Primer Concierto para piano, y se sentía prudentemente esperanzado acerca de su éxito. Tras una recepción algo decepcionante en Hanover, el estreno oficial en Leipzig fue un completo desastre. Aunque lo tocó bien, todos, incluso el director, odiaban su música. El compositor de 25 años trató de tomárselo con calma, y ​​le comentó a un amigo que “el fracaso no me ha causado ninguna impresión… Después de todo, por ahora solo estoy experimentando y encontrando mi camino”. Pero los silbidos del público y las brutales críticas lo dejaron conmocionado, y sus hábitos de trabajo se volvieron aún más laboriosos y autocríticos. En una carta a su íntimo amigo Joseph Joachim, juró: “El segundo sonará diferente”.

Cuando acabó el Concierto para piano n.°2, Brahms tenía 48 años y era el experimentado orquestador que había completado recientemente su Segunda Sinfonía. Llevaba tres años trabajando de modo intermitente en su Segundo Concierto al que sardónicamente se refería como una “pesada cruz “y un “prolongado terror”. En una carta de julio de 1881 a su amiga Elisabeth von Herzogenberg, su característica ironía era aún más pronunciada de lo habitual: “No me importa decirte que he escrito un diminuto, diminuto concierto para piano con una diminuta, diminuta pizca de scherzo”.
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