Wagner: Preludio al Acto III de Lohengrin

OSCyL, Andrew Gourlay
11 y 12 de Abril de 2019

En este breve y brillante preludio no hay un resumen del Acto III, ni siquiera indicios del desastre y la tragedia que se avecina. Es simplemente un alegre preliminar de la procesión que acompaña a Lohengrin y Elsa a la cámara nupcial. Comienza con un ímpetu inmenso, la música salta hacia arriba, vacila un momento en un acento a contratiempo, y  luego, tras un choque de los platillos, se desliza hacia un ritmo más regular. La melodía que sigue en los bajos y los fragmentos más tiernos de la parte central son hoy familiares para todos, tan familiares, de hecho, que es probable que pasemos por alto la enorme originalidad de toda esta pieza.

The Wind Repertory Project

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Wagner: Preludio y Muerte de Tristán e Isolda

OSCyL, Andrew Gourlay
6 y 7 de Octubre de 2017

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A principios de la década de 1850, Richard Wagner (1813-1883) empezó a leer las obras del filósofo alemán Arthur Schopenhauer (admirado, dicho sea de paso, por Nietzsche). Para Schopenhauer, la música ocupaba un lugar por encima de todas las demás artes, incluyendo la poesía, lo que significaba que relegaba el texto de una ópera a un papel secundario.

Wagner comenzó a mostrar síntomas de su exposición a Schopenhauer a mediados de la década de 1850, y, naturalmente, el más importante proyecto operático del compositor de la década refleja esa influencia. Hasta Tristán e Isolda, nadie había podido imaginar hasta qué punto la música por sí sola podría encarnar el drama. En un largo arco, Wagner pone al desnudo la vida interior de los personajes que dan título a la ópera, mientras su amor, condenado desde su inicio, halla su consumación en la muerte.

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Wagner: Obertura de Tannhäuser

OSCyL, Andrew Gourlay
5 y 6 de Noviembre de 2015

Una obertura modélica que presenta con toda claridad y genialmente enlazados los dos mundos que aparecen en la grandiosa ópera que es Tannhaüser: El del espíritu, con el majestuoso y emocionantísimo tema de los peregrinos, y el de la carne, con toda la sensualidad del Venusberg (4:16), las loas de Tannhauser a Venus (5:47), la seductora respuesta de la diosa del amor (7:11) y el clímax orgiástico (10:10) que acaba disolviéndose con la nueva aparición de los peregrinos y su canto (10:45), superpuesto al enervante ostinato de los violines en uno de los finales más impresionantes de la historia de la música.

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