El espectacular Shostakovich de la Leningrado entusiasma con Inbal en un concierto con un peligroso precedente

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Inbal, un lujo para una orquesta de lujo como es la OSCyL, tampoco defraudó ayer, y, visiblemente satisfecho, agradeció los aplausos de público y orquesta tras el enardecedor final de la Séptima Sinfonía de Shostakovich, que, como su música, había alcanzado sus mejores momentos, realmente magníficos, cuando adquiría ritmo y decibelios, en ese final, en las secciones medias de los movimientos centrales, y desde luego, en el famoso bolero del primero. En el resto, cuando los sentimientos expresados son más complejos y matizados, la interpretación fue menos interesante y hasta sosa, incluyendo alguna intervención solista importante en esa misma línea. Pero el espectáculo se impuso, y no sólo el sonoro, porque ver a una enorme sección de metales ocupando dos filas completas del escenario levantada para recibir una merecida felicitación es también una preciosa imagen.

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