Satisfacción general en el Concierto de homenaje al abonado

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La votación de los abonados eligió para su propio homenaje tres obras de música programática, seguramente más por su carácter romántico que por el narrativo, y el resultado, a juzgar por los aplausos que cosechó la orquesta, fue mucho más que satisfactorio. Y realmente, fue magnífica la interpretación de la Suite nº 1 de Peer Gynt, especialmente por la claridad y delicadeza del Amanecer y de la Danza de Anitra, y el Moldava fluyó luego muy bien, con las maderas capitaneadas por las flautas de Dianne Windsor y Pablo Sagredo saliendo airosas de su dificilísimo papel y con una escena de las ninfas de auténtico ensueño. Faltó cohesión en el clímax de las aguas turbulentas y quizás algo de pasión en el tema principal, como antes dramatismo en La muerte de Aase,  pero la primera parte fue en conjunto sobresaliente.

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Pons no remata con la “Trágica” de Mahler la gran temporada de la OSCyL

oscyl-programa-20-15-16

Pocas veces habrá sido recibida la OSCyL con tantos y tan prolongados aplausos como los que se escucharon anoche mientras iba entrando en el escenario, con el recuerdo de la extraordinaria Consagración de la Primavera que nos habían regalado en el anterior concierto, y agradeciendo toda su magnífica temporada. Y tampoco muchas veces habrá parecido ese escenario tan hecho a la medida de los más de cien músicos que la formaban ayer, de modo que, con Josep Pons y la “Trágica” de Mahler por delante, la sesión prometía. Y, vistos los aplausos cosechados al final, cumplió para el público.

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Grandiosa Consagración de la primavera

oscyl-programa-19-15-16

Faltan ojos para disfrutar lo bonito que está el campo en esta primavera y faltaban oídos anoche para hacerlo con la sensacional interpretación que hizo la OSCyL de La consagración de la primavera, uno de esos acontecimientos que quedan incorporados para siempre a la memoria de los afortunados oyentes. Y no fue gratuito que, al acabar, Eliahu Inbal señalase la partitura de Stravinsky, que no sólo abrió una puerta sino que se mantiene como una cima insuperada y seguramente insuperable de la historia de la música,  algo que resulta patente cuando un instrumento como la OSCyL es manejado por un director como él en un auditorio como el de Valladolid. Desde el impecable y delicioso fagot de Salvador Alberola hasta el corno de Juan M. Urbán, desde el pizzicato de los violines y el brutal ritmo impuesto por las cuerdas graves hasta los trinos de los piccolos, el aleteo de las tubas y la brutal percusión, toda la orquesta, con Inbal marcando el ritmo y controlando magistralmente las dinámicas, se mostró a un altísimo nivel, literalmente escalofriante en algunos pasajes de esta intensísima y abrumadora composición. Inbal, visiblemente feliz, mostró un especial interés en compartir los aplausos con el concertino Juraj Cizmarovic, que ya en la primera parte había dado muestras de su enorme calidad.

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