Estupenda cata barroca con Il Giardino Armonico de Giovanni Antoni

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En las notas del programa de este último concierto de la serie Antigua de esta temporada, el profesor Ignacio Nieto comparaba acertadamente la velada con una “cata vertical” en la que se paladea la evolución de un determinado vino a lo largo de sucesivas añadas.  Y la que nos ha ofrecido el grupo de Antonini, en la mínima expresión de un solista por cuerda (con segundo violín), clave y arpa, amén de las flautas del líder,  ha sido espléndida en calidad y cantidad, quizás con el único reparo de un exceso de vinos de aguja, los propios de sus flautas.  Pero el concierto ha tenido el  acierto de reunir a los de primera y segunda añada (Gabrieli, Bassano y Castello y Legrenzi, según consta en el programa) en un contínuo que ha evitado los aplausos que prolongan excesivamente estas sesiones con tantas obras y dedicar el grueso de la velada a los más evolucionados, con Vivaldi a la cabeza, aunque también con el maravilloso Concierto para dos violines y viola nº 1 de Galuppi, que para muchos de nosotros habrá sido un agradabilísimo descubrimiento.

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Prohaska triunfa en Valladolid, a pesar de mis pesares

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Un enfervorizado público, y el de Valladolid suele ser comedido, arrancó una propina cuando los músicos ya se habían retirado. Y El duo Fear No Danger To Ensue del Dido y Eneas de Purcell, que Anna Prohaska presentó explicando que la segunda soprano sería la flauta de Antonini, me pilló en la última fila de la sala de cámara del Delibes. Donde, a pesar de su magnífica acústica, se hizo aún más patente que la potencia no es una de las virtudes de una cantante que, cuestión de gustos, tampoco me pareció a la altura de la fama que tan rápidamente ha logrado alcanzar, quizás porque esa es una limitación fácilmente superable en las grabaciones. Técnicamente irreprochable, anoche me resultó monótona, dramáticamente plana, e incapaz de transmitir la emoción que en cambio llegaba con los instrumentos del esplendoroso jardín armónico de Antonini, con una sensacional interpretación del Concerto grosso op. VI nº 8  de Handel cuya Allemande, con los compases finales del Lamento de Dido fueron para mí lo mejor del concierto y de muchos conciertos. Il Giardino eran anoche ocho violines, dos violas, dos violoncelos, un contrabajo, un fagot, una tiorba, un clavicémbalo y las flautas de Antonini. E hicieron honor a su nombre, un jardín en el que uno puede deleitarse atendiendo una por una a cada flor o dejarse envolver por el armónico y precioso conjunto. Destacar también su acompañamiento del Quando voglio de Sartorio, una preciosa Sonata a cuatro de Castello, y la Passacaglia de Rossi, con unas escalas descendentes perfectas para introducir el Lamento de Dido, que la tiorba interpretó de forma muy sentida.

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Miembros de Il Giardino Armonico y OSCyL

4 de Octubre de 2014

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Il Giardino Armonico es un grupo muy conocido en el universo de la música barroca, que existe desde hace más de veinticinco años. Su característica reside para mí en que, desde el principio, desarrollamos más y más nuestro lenguaje típico, un “sonido” que se puede reconocer inmediatamente, guste o no, pero que nos permite identificar al Giardino Armonico tras un par de notas de su música. Esto es algo muy importante hoy, en un mundo en el que todo tiende a parecerse. Y lo que es muy importante es el trabajo que hacemos con la retórica musical y especialmente con las articulaciones, el hecho de abordar el sonido en términos de lenguaje; queremos emitir una “t”, una “d”, una “l” o una “m” con nuestros instrumentos.
Giovanni Antonini

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