Mussorgsky: Cantos y danzas de la muerte

Egils Silins. OSCyL, Vladimir Fedoseyev
17 y 18 de Noviembre de 2016

Ilya_Repin -Mussorgsky

Los Cantos y danzas de la muerte son un ciclo de cuatro canciones que Mussorgsky compuso en 1870 sobre poemas de Arseny Golenishchev-Kutuzov, un pariente lejano cuyo nombre ha pasado a la posteridad gracias a esas piezas en las que describe la muerte de un niño, la de un joven, la de un alcoholizado y la de un soldado. Compuestas para voz y piano, el propio Mussorgsky tenía intención de orquestarlas, pero esa labor fue llevada a cabo doce años después por Glazunov y Rimsky-Korsakov y más tarde, en 1962 por Shostakovich, para la soprano Galina Vishnevskaya*, un trabajo que más adelante daría pie a su Sinfonía nº 14. Y aunque posteriormente han escrito nuevas orquestaciones autores como Denisov, Aho y el español Ramón Lazkano, es la de Shostakovich, adaptada para bajos o barítonos, la que más a menudo se escucha.

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Mussorgsky: Amanecer sobre el río Moscova (Khovanshchina)

OSCyL, Vladimir Fedoseyev
17 y 18 de Noviembre de 2016
Moscova

Mussorgsky mencionó por primera vez el preludio de la ópera en una carta de agosto de 1873: “La Introducción (amanecer sobre Moscú, maitines con el canto del gallo, la patrulla, la retirada de las cadenas) y las primeras entradas en la acción ya están preparadas, pero no escritas”. El manuscrito (en partitura para piano) esta datado más de un año después, el 4 de septiembre de 1874. Este lentísimo ritmo de composición afectó a todo el proyecto, y Mussorgsky nunca completó el final del segundo acto y sólo dejó bocetos del  quinto. Del preludio hay versiones orquestales de Rimsky-Korsakov y de Shostakovich, ambos de los cuales “completaron” la ópera de Mussorgsky. Estructuralmente, se sustenta en un proceso de transformación temática en el que el material escuchado tras una breve figura ascendente introductoria, se desarrolla para representar las escenas descritas por Mussorgsky en su carta. La pacífica atmósfera parece no inquietarse por la historia que está a punto de desarrollarse en el transcurso de la ópera, lo que resalta el hecho de que la naturaleza y los acontecimientos de la vida cotidiana, regulados por el repique de las campanas de la iglesia, siguen su curso independientemente de las maquinaciones de la política.

John Mangum, Los Angeles Philharmonic

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