El gran final de la Novena de Beethoven cierra por todo lo alto una gran temporada

No hay otra obra más unánimemente querida ni que haya sobrevivido mejor a su éxito que la Novena de Beethoven, de modo que elegirla para cerrar la temporada del 25 aniversario de la OSCyL  parecía un acierto, y el lleno absoluto lo confirmaba. Pero Gourlay, en la temporada en que se ha hecho cargo de la orquesta, dirigió anoche una versión tan sorprendente como los comentarios en las notas del programa de Xoán M. Carreira, orientados a resaltar el espíritu comercial de Beethoven y su integración con los poderes establecidos. Esta novena no emergió de un pianísimo indefinido y tembloroso, sino con acordes claros y casi bruscos, como todo el primer movimiento, de una aspereza y agresividad nada habitual. El brillante segundo sonó de forma más convencional, aunque no sobrado de emoción, y el maravilloso tercero, carente de las imprescindibles matizaciones dinámicas, resultó lamentable. Sin alma, sin corazón, sin Beethoven. Afortunadamente, llegaron los contrabajos al rescate, tomaron el relevo las violas, se levantó el cuarteto vocal y el enorme coro, y la orgia de emoción y alegría que es el cuarto movimiento de la novena de Beethoven se adueñó del auditorio, con lo que esta estupenda temporada acabó en todo lo alto. Aunque sin ahuyentar la preocupación que algunos sentimos.

Anuncios

Wayne Marshall, diversión a todo gas en el Auditorio

oscyl-programa-19-16-17

Entre el musical y la música ligera, entre el ritmo y la brillante orquestación de Bernstein (siempre acosado por West Side Story) y el jazz y la acusada personalidad de Gershwin, el director y pianista Wayne Marshall nos mantuvo casi permanentemente con una sonrisa en los labios durante las dos partes del concierto de ayer. De la primera, tras la Obertura de Candide, donde descubrimos su gestualidad, de una naturalidad y sencillez casi ingenuas y nada habituales, pero de indudable efectividad, debe resaltarse el regalo de su prolongada cadenza en el Andante del Concierto en Fa, bellísima y con una musicalidad jazzística que a los amantes del género nos hubiera gustado aplaudir como se hace con los solos en el mundo del jazz y como habían hecho buena parte de los espectadores al acabar su primer movimiento, nada raro dado la cantidad de adeptos que tiene Gershwin en un público que no frecuenta los conciertos de música clásica ni conoce por tanto sus convenciones. Pero nos resarcimos al final, tras su espectacular trabajo en el Allegro final.

Continuar leyendo

El espectacular Shostakovich de la Leningrado entusiasma con Inbal en un concierto con un peligroso precedente

oscyl-programa-18-16-17

Inbal, un lujo para una orquesta de lujo como es la OSCyL, tampoco defraudó ayer, y, visiblemente satisfecho, agradeció los aplausos de público y orquesta tras el enardecedor final de la Séptima Sinfonía de Shostakovich, que, como su música, había alcanzado sus mejores momentos, realmente magníficos, cuando adquiría ritmo y decibelios, en ese final, en las secciones medias de los movimientos centrales, y desde luego, en el famoso bolero del primero. En el resto, cuando los sentimientos expresados son más complejos y matizados, la interpretación fue menos interesante y hasta sosa, incluyendo alguna intervención solista importante en esa misma línea. Pero el espectáculo se impuso, y no sólo el sonoro, porque ver a una enorme sección de metales ocupando dos filas completas del escenario levantada para recibir una merecida felicitación es también una preciosa imagen.

Continuar leyendo

Isabelle Faust muestra su enorme calidad en un flojo concierto de la OSCyL

oscyl-programa-17-16-17_page001

El precioso sonido del Stradivarius “Bella durmiente” no podía haber sido despertardo por muchas manos mejores que las de Isabelle Faust, una figura de primera magnitud que el Delibes ha escuchado por primera vez esta semana con el Concierto para violín de Schumann, interpretado por la artista alemana con musicalidad, convicción y limpieza, y con una naturalidad que ocultaba el virtuosismo exigido por esta composición. Luego, sin hacerse de rogar demasiado, nos regalado una pieza de Bach con unos bellísimos armónicos y llena de majestuosa serenidad, puede que la Sarabande de la Partita nº 2, haciendo gala de las mismas virtudes.  Una violinista maravillosa.

Continuar leyendo

Estupenda cata barroca con Il Giardino Armonico de Giovanni Antoni

programa-antigua-5-16-17

En las notas del programa de este último concierto de la serie Antigua de esta temporada, el profesor Ignacio Nieto comparaba acertadamente la velada con una “cata vertical” en la que se paladea la evolución de un determinado vino a lo largo de sucesivas añadas.  Y la que nos ha ofrecido el grupo de Antonini, en la mínima expresión de un solista por cuerda (con segundo violín), clave y arpa, amén de las flautas del líder,  ha sido espléndida en calidad y cantidad, quizás con el único reparo de un exceso de vinos de aguja, los propios de sus flautas.  Pero el concierto ha tenido el  acierto de reunir a los de primera y segunda añada (Gabrieli, Bassano y Castello y Legrenzi, según consta en el programa) en un contínuo que ha evitado los aplausos que prolongan excesivamente estas sesiones con tantas obras y dedicar el grueso de la velada a los más evolucionados, con Vivaldi a la cabeza, aunque también con el maravilloso Concierto para dos violines y viola nº 1 de Galuppi, que para muchos de nosotros habrá sido un agradabilísimo descubrimiento.

Continuar leyendo

Noseda deslumbra y sorprende dirigiendo a la Orquesta de Cadaqués y a la OSCyL en las Quintas de Mahler y Beethoven

La orquesta acababa de cuadrar espectacularmente el final del scherzo central de la Quinta de Mahler, y Gianandrea Noseda ha aguardado a que la sala estuviese en absoluto silencio para iniciar el Adagietto. La pausa también había sido muy larga tras el primer bloque de la obra, pero entonces porque el director ha necesitado secarse el abundante sudor acumulado por su trabajo, no sólo el físico, descomunal en su caso, sino también el mental que habrá requerido la tensa y prodigiosamente rica interpretación del segundo movimiento, un bosque sonoro en el que la Orquesta de Cadaques y la OSCyL han regalado unos minutos absolutamente excepcionales. Y cuando el auditorio ha quedado mudo, el director ha conminado a la viola para que, sin solución de continuidad, empezase el Adagietto desde el silencio absoluto. De lo que ha seguido, sólo puede decirse que ha superado la más idealizada versión de esta sublime maravilla para cuerdas que sólo podía componer un hombre profundamente enamorado: No hay palabras. Luego ha venido el apoteósico final, y las larguísimas ovaciones que han reclamado cinco veces la presencia de Noseda, quien ha querido trasladar los aplausos a la partitura y a las dos orquestas, con merecidísima mención especial para el trompeta solista (no sé si Roberto Bodí o Emilio Ramada) y para José M. Asensí, así como para la sección de contrabajos, realmente espectacular.  Y con unos simpáticos gestos indicando que era hora de cenar y de irse a la camita, se ha despedido de un auditorio al que se le ha hecho corta esta  enorme sinfonía.

Continuar leyendo

Gourlay dirige unos memorables cuadros

Entre los méritos que Andrew Gourlay acumule a lo largo de su carrera profesional, habrá que incluir los ganados esta semana con la OSCyL, en un programa vinculado a la pintura. El primero, haber incitado la recuperación de los archivos de audio de la parte del sintetizador de la Sinfonia n° 6, “Vincentiana” de Rautavaara, cuya destrucción accidental, según ha explicado él mismo antes de iniciar su intérpretación, habían impedido escucharla en directo desde que fue presentada en Helsinki en 1992. Con lo que el público de Valladolid ha podido disfrutar del reestreno mundial de esta interesantísima obra, a cuya partitura sólo se le podría reprochar la falta de asideros que mantengan la atención durante el largo viaje astral del primer movimiento, aunque quizás la orquesta y la dirección hayan tenido responsabilidad en esa percepción. En ese sentido, tampoco los violines del raveliano vals del tercer movimiento se han oído con la intensidad y expresividad debida, pero esos serían los únicos peros a un estupendo y difícil trabajo, con momentos de excepcional lirismo y una magnífica representación de los cuervos y los fantasmas que poblaban los cuadros y la mente de Van Gogh.

Continuar leyendo

Estupenda D’Oustrac y estupenda OSCyL con Gourlay en otro concierto de cine

De cine, en el sentido figurado, porque la OSCyL, con Gourlay al frente, ha estado a su habitual altura, es decir, estupenda. Pero también en el real, porque el nexo que unía las obras programadas era el de pertenecer al mundo de los sueños, a la magia de los cuentos y las leyendas o a exotismos y paraísos lejanos; un mundo que, hoy, pertenece en gran medida al cine. Y si en aquellas míticas sesiones dobles teníamos las dos películas de rigor, pero también un No-do, muchas veces unos dibujos y siempre anuncios que también entretenían lo suyo, hoy han sido seis obras, seis, las que nos han hecho pasar un muy buen rato, uno de esos ratos que, Dios no lo quiera, si acabasen algún día, recordaríamos y valoraríamos quizás más aún de lo que hacemos ahora. Continuar leyendo

¿Oscila la OSCyL?

oscyl-programa-13-16-17_page001.jpg

Vaya por delante que la gracieta lingüística es ajena, pero la OSCyl no oscila, y si lo hace, es entre el muy bien y el excelente. Y con Ros Marbà no ha sido una excepción, sonando estupendamente tanto en El Amor Brujo como en la Suite nº 2 de El sombrero de tres picos que ha cerrado brillantemente el concierto. La cantaora Marina Heredia, dotada de una voz adecuadísima, ha cantado con mucho gusto aunque con una amplificación discutible y en cualquier caso molestamente excesiva, responsable quizá además de que la facilidad haya mermado el arrebato y de que su trabajo haya resultado demasiado académico, más de salón que de cueva gitana. De hecho, sólo una de sus frases, “Soy la mar en que naufragas” ha podido competir en emoción con el mejor momento de la orquesta, el final de la Pantomima, con la concertino Violeta Zabek y el piano de Catalina Cormenzana, el eco de la trompa de Jose M. Asensi, el anuncio de una trompeta… una maravilla.

Continuar leyendo

Vilde Frang, de nuevo excepcional

Ya fue candidata al primer puesto entre los estupendos solistas que nos visitaron hace un par de temporadas, y esta admirable joven noruega vuelve a optar al título tras su trabajo con el Concierto para violín de Britten, una de esas obras que, interpretada como ha hecho ella, corta el aliento. Y ni una respiración se ha oído mientras sonaba su cadenza, ni durante los largos segundos de silencio en que el público se ha mantenido tras su sobrecogedor final. Todas las notas y todos los sonidos que han brotado de las cuerdas, frotadas, pulsadas y percutidas de su violín, se han sumado para narrar con enorme sensibilidad y madurez esa historia de temor y sufrimiento, contando con la colaboración de una grandísima orquesta que, dirigida magistralmente por López-Cobos, ha sabido entrelazarse de forma casi mágica con ella, haciendo recordar los versos de la canción de Moustaki, “yo no sé dónde empiezas, tú no sabes dónde acabo”. No ha habido propina, ni se pedía, ni procedía, porque los aplausos que les han hecho salir cinco veces (y no han sido más porque la orquesta se ha retirado) no perseguían una propina, muy poco adecuada tras lo que se acababa de vivir. Pero que vuelva pronto, por favor. Continuar leyendo