Estupenda cata barroca con Il Giardino Armonico de Giovanni Antoni

programa-antigua-5-16-17

En las notas del programa de este último concierto de la serie Antigua de esta temporada, el profesor Ignacio Nieto comparaba acertadamente la velada con una “cata vertical” en la que se paladea la evolución de un determinado vino a lo largo de sucesivas añadas.  Y la que nos ha ofrecido el grupo de Antonini, en la mínima expresión de un solista por cuerda (con segundo violín), clave y arpa, amén de las flautas del líder,  ha sido espléndida en calidad y cantidad, quizás con el único reparo de un exceso de vinos de aguja, los propios de sus flautas.  Pero el concierto ha tenido el  acierto de reunir a los de primera y segunda añada (Gabrieli, Bassano y Castello y Legrenzi, según consta en el programa) en un contínuo que ha evitado los aplausos que prolongan excesivamente estas sesiones con tantas obras y dedicar el grueso de la velada a los más evolucionados, con Vivaldi a la cabeza, aunque también con el maravilloso Concierto para dos violines y viola nº 1 de Galuppi, que para muchos de nosotros habrá sido un agradabilísimo descubrimiento.

Continuar leyendo

Noseda deslumbra y sorprende dirigiendo a la Orquesta de Cadaqués y a la OSCyL en las Quintas de Mahler y Beethoven

La orquesta acababa de cuadrar espectacularmente el final del scherzo central de la Quinta de Mahler, y Gianandrea Noseda ha aguardado a que la sala estuviese en absoluto silencio para iniciar el Adagietto. La pausa también había sido muy larga tras el primer bloque de la obra, pero entonces porque el director ha necesitado secarse el abundante sudor acumulado por su trabajo, no sólo el físico, descomunal en su caso, sino también el mental que habrá requerido la tensa y prodigiosamente rica interpretación del segundo movimiento, un bosque sonoro en el que la Orquesta de Cadaques y la OSCyL han regalado unos minutos absolutamente excepcionales. Y cuando el auditorio ha quedado mudo, el director ha conminado a la viola para que, sin solución de continuidad, empezase el Adagietto desde el silencio absoluto. De lo que ha seguido, sólo puede decirse que ha superado la más idealizada versión de esta sublime maravilla para cuerdas que sólo podía componer un hombre profundamente enamorado: No hay palabras. Luego ha venido el apoteósico final, y las larguísimas ovaciones que han reclamado cinco veces la presencia de Noseda, quien ha querido trasladar los aplausos a la partitura y a las dos orquestas, con merecidísima mención especial para el trompeta solista (no sé si Roberto Bodí o Emilio Ramada) y para José M. Asensí, así como para la sección de contrabajos, realmente espectacular.  Y con unos simpáticos gestos indicando que era hora de cenar y de irse a la camita, se ha despedido de un auditorio al que se le ha hecho corta esta  enorme sinfonía.

Continuar leyendo

Gourlay dirige unos memorables cuadros

Entre los méritos que Andrew Gourlay acumule a lo largo de su carrera profesional, habrá que incluir los ganados esta semana con la OSCyL, en un programa vinculado a la pintura. El primero, haber incitado la recuperación de los archivos de audio de la parte del sintetizador de la Sinfonia n° 6, “Vincentiana” de Rautavaara, cuya destrucción accidental, según ha explicado él mismo antes de iniciar su intérpretación, habían impedido escucharla en directo desde que fue presentada en Helsinki en 1992. Con lo que el público de Valladolid ha podido disfrutar del reestreno mundial de esta interesantísima obra, a cuya partitura sólo se le podría reprochar la falta de asideros que mantengan la atención durante el largo viaje astral del primer movimiento, aunque quizás la orquesta y la dirección hayan tenido responsabilidad en esa percepción. En ese sentido, tampoco los violines del raveliano vals del tercer movimiento se han oído con la intensidad y expresividad debida, pero esos serían los únicos peros a un estupendo y difícil trabajo, con momentos de excepcional lirismo y una magnífica representación de los cuervos y los fantasmas que poblaban los cuadros y la mente de Van Gogh.

Continuar leyendo

Estupenda D’Oustrac y estupenda OSCyL con Gourlay en otro concierto de cine

De cine, en el sentido figurado, porque la OSCyL, con Gourlay al frente, ha estado a su habitual altura, es decir, estupenda. Pero también en el real, porque el nexo que unía las obras programadas era el de pertenecer al mundo de los sueños, a la magia de los cuentos y las leyendas o a exotismos y paraísos lejanos; un mundo que, hoy, pertenece en gran medida al cine. Y si en aquellas míticas sesiones dobles teníamos las dos películas de rigor, pero también un No-do, muchas veces unos dibujos y siempre anuncios que también entretenían lo suyo, hoy han sido seis obras, seis, las que nos han hecho pasar un muy buen rato, uno de esos ratos que, Dios no lo quiera, si acabasen algún día, recordaríamos y valoraríamos quizás más aún de lo que hacemos ahora. Continuar leyendo

¿Oscila la OSCyL?

oscyl-programa-13-16-17_page001.jpg

Vaya por delante que la gracieta lingüística es ajena, pero la OSCyl no oscila, y si lo hace, es entre el muy bien y el excelente. Y con Ros Marbà no ha sido una excepción, sonando estupendamente tanto en El Amor Brujo como en la Suite nº 2 de El sombrero de tres picos que ha cerrado brillantemente el concierto. La cantaora Marina Heredia, dotada de una voz adecuadísima, ha cantado con mucho gusto aunque con una amplificación discutible y en cualquier caso molestamente excesiva, responsable quizá además de que la facilidad haya mermado el arrebato y de que su trabajo haya resultado demasiado académico, más de salón que de cueva gitana. De hecho, sólo una de sus frases, “Soy la mar en que naufragas” ha podido competir en emoción con el mejor momento de la orquesta, el final de la Pantomima, con la concertino Violeta Zabek y el piano de Catalina Cormenzana, el eco de la trompa de Jose M. Asensi, el anuncio de una trompeta… una maravilla.

Continuar leyendo