Mussorgsky: Cuadros de una exposición

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

Tableaux d'une exposition

No es probable que el arquitecto y pintor ruso Viktor Hartmann hubiese pasado a la historia, si Mussorgsky, su amigo y cómplice en la defensa del arte ruso, no hubiese compuesto una Serie de diez piezas para piano evocando la exposición organizada con su obra tras su prematura y súbita muerte. Pero también es cierto que buena parte de la enorme popularidad de los Tableaux d’une exposition se debe al atractivo de la música de programa, a la relación entre la música y unas estampas en este caso, y por tanto, a la existencia de Hartmann y de esa amistad.

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Rachmaninov: La isla de los muertos

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

Rachmaninov vio por primera vez la popular pintura de Arnold Böcklin, La Isla de los Muertos, en una reproducción en blanco y negro el año 1907 en París. Y se quedó tan fascinado por esa misteriosa imagen, con el solitario bote portando un ataúd hacia la isla,  que empezó a escribir sobre él casi de inmediato, sin siquiera esperar a ver el original a todo  color. Cuando más tarde viajó a Leipzig para ver una de las cinco versiones diferentes que Böcklin pintó de La Isla de los Muertos, comentó que nada podía igualar su primera impresión. Incluso sugirió que tal vez nunca habría compuesto La isla de los muertos si hubiera visto esa pintura primero. (El cuarto lienzo de Böcklin fue destruido en la Segunda Guerra Mundial, otra de las pinturas perteneció a Hitler durante muchos años, ahora se encuentra en la colección de la Galería Nacional de los Museos Estatales de Berlín).

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Rautavaara: Sinfonía nº 6, “Vincentiana”

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

La Sinfonía No. 6, “Vincentiana” (1992) del finlandés Einojuhani Rautavaara, fallecido el pasado 27 de julio, proviene de su ópera Vincent (1987), basada en la vida de van Gogh y tiene la peculiaridad de incorporar un sintetizador a la orquesta para representar los desvaríos mentales del artista, empleado siempre en los extremos de sus cuatro movimientos. Los títulos de estos aluden a pinturas y episodios de la ópera y la vida del artista: Noche estrellada y Los cuervos, los dos famosos cuadros; Saint Remy y Apoteosis, la población en la que se halla el sanatorio mental en el que se recluyó y el suicidio/triunfo final del artista.

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Estupenda D’Oustrac y estupenda OSCyL con Gourlay en otro concierto de cine

De cine, en el sentido figurado, porque la OSCyL, con Gourlay al frente, ha estado a su habitual altura, es decir, estupenda. Pero también en el real, porque el nexo que unía las obras programadas era el de pertenecer al mundo de los sueños, a la magia de los cuentos y las leyendas o a exotismos y paraísos lejanos; un mundo que, hoy, pertenece en gran medida al cine. Y si en aquellas míticas sesiones dobles teníamos las dos películas de rigor, pero también un No-do, muchas veces unos dibujos y siempre anuncios que también entretenían lo suyo, hoy han sido seis obras, seis, las que nos han hecho pasar un muy buen rato, uno de esos ratos que, Dios no lo quiera, si acabasen algún día, recordaríamos y valoraríamos quizás más aún de lo que hacemos ahora. Continuar leyendo

Williams: Aventuras en la tierra (E.T.)

20 y 21 de Abril de 2017
OSCyL, Andrew Gourlay

Para los minutos finales de E.T., John Williams encadenó con su habitual maestría los principales temas de la película, haciendo esa música muy adecuada para una pieza de concierto, la Suite Adventures on Earth, que sólo se diferencia de ese final por la eliminación de unos compases centrales.

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Ravel: Shéhérazade

20 y 21 de Abril de 2017
Stéphanie D´Oustrac. OSCyL, Andrew Gourlay

Lo exótico constituyó un elemento notable en el gusto musical de Ravel, como lo fue en sus gustos con la comida y las corbatas. Y Sherezade es una de las composiciones que comparten mundos alejados de París, donde vivió y trabajó toda su vida, y quizá también su necesidad de demostrarse el poder de su técnica sometiéndola a distintos desafíos. Sheherezade, además de una obertura, es un ciclo de tres canciones sobre poemas que su amigo Arthur Justin Leon Leclere firmó con el espléndidamente wagneriano pseudónimo de Tristan Klingsor. Los jóvenes músicos del París de 1903 se hallaban todavía bajo el hechizo de Pelleas y Melisande de Debussy, y no es de extrañar entonces que en la música de Ravel para los poemas de Klingsor se encuentren texturas y armonías Debussyanas doradas con un brillo oriental.

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