Fazil Say: Concierto para violonchelo y orquesta, “Never give up”

Alban Gerhardt. OSCyL, Thierry Fischer
13 y 14 de Octubre de 2022

Never give up (“Nunca desistir”) es un concierto escrito por el pianista y compositor turco Fazil Say en respuesta a los ataques terroristas sufridos en París y Estambul a finales de 2015. La obra, en tres movimientos, es una súplica para que el mundo ponga fin a la violencia, una música que invita a no rendirse y a no renunciar a la belleza y a la paz.

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Haydn: Sinfonía n.º 96, «El milagro»

OSCyL, Thierry Fischer
13 y 14 de Octubre de 2022

Concierto en una sala del Hanover Square Rooms de Londres

Las 104 sinfonías de Joseph Haydn suponen una de las mayores marcas en la composición musical. El mero número nos asombra, pero es más fácil de entender en el contexto de la larga y productiva carrera de Haydn y de la extrema disciplina con que trabajó. Escribir sinfonías fue una de las constantes de su vida profesional, desde que fue contratado como director musical por el conde Morzin, un aristócrata del imperio austríaco, cuando tenía 25 o 27 años. Continuó componiendo sinfonías hasta el final de su vida. Las últimas 12, conocidas como las «Sinfonías de Londres», se encuentran entre sus mejores.

La buena música era un buen asunto en Londres, y Haydn era una figura querida allí, conocida por su reputación mucho antes de poner un pie en Inglaterra. Compuso su Sinfonía n.° 96 en su primer viaje a Londres, y aunque su número sugiere que fue la cuarta de sus sinfonías londinenses (van desde la 93 a la 104), en realidad fue la primera que compuso y la primera en ser interpretada.

La investigación moderna ha arrojado un poco de luz sobre el sobrenombre de la sinfonía, que, a diferencia de otros, tiene realmente algún fundamento, aunque la historia parece haber confundido un poco los números. La sinfonía se completó en 1791, cuando Haydn tenía 69 años, para interpretarse en una sala de la moderna Hanover Square de Londres. Según cuenta la leyenda, en la función del estreno de la sinfonía el 11 de marzo, un candelabro cayó del techo de la sala de conciertos y si se evitaron daños fue sólo  porque la entusiasta audiencia se arremolinaba en  el escenario, fuera del alcance del candelabro. El verdadero incidente tuvo lugar probablemente en el estreno de la Sinfonía n.º 102 de Haydn; en todo caso, era común que los candelabros de los teatros de esa época se subieran y bajaran por medio de una polea manual, lo que aumentaba la posibilidad de un error humano y un fallo mecánico.

Como todas sus sinfonías de Londres, la Sinfonía N.° 96  presenta a Haydn en su nivel de composición más seguro y consumado. En el primer movimiento, una introducción típica y deliberadamente lenta, señalada como adagio, es seguida por un allegro optimista. Se conforman dos temas, y aunque uno tiene un papel más destacado en el desarrollo del movimiento, su compleja interacción muestra la destreza de Haydn en el manejo de las herramientas de la forma sonata allegro.

A lo largo de la sinfonía, la partitura de Haydn es ligera pero inventiva e incluye una expresiva escritura para los vientos, que desmintiendo el famoso comentario del compositor en su lecho de muerte: «Qué pena, estaba aprendiendo a escribir para los vientos». Todos los primeros vientos (así como los dos primeros violines) aparecen en pasajes solistas, y el oboísta interpreta un prolongado y elocuente solo en el minueto del tercer movimiento. – Utah Symphony.

[El Finale (Vivace) es un rondó de cinco partes (A-B-A-C-A) que concluye en una jubilosa y triunfal coda.]

Zemlinsky: La sirenita

OSCyL, Baldur Brönnimann
7 y 8 de Octubre de 2022

Alexander Zemlinsky fue un saco de boxeo vivo. Tras los éxitos iniciales que presagiaban una carrera de éxitos para el joven Zemlinsky – una premiada primera ópera, una segunda ópera aceptada por Gustav Mahler para la Ópera de la Corte de Viena, y un alumno estrella en la persona de Arnold Schoenberg – las cosas empezaron a ir mal. Una aventura amorosa fallida lo convirtió en objeto de burlas, un rechazo mal calculado a un puesto en la Ópera de Berlín no ayudó a su carrera (era el mismo puesto que Strauss había ocupado), y el ascenso de los nazis lo obligó a exiliarse, primero en Suiza y luego en Nueva York. La Sirenita fue el primero de una serie de intentos musicales para luchar contra los demonios del fracaso – su ópera Der Traumgörge (Goerge el Soñador) y Der Zwerg (El Enano), ambas llenas de elementos autobiográficos, fueron parte de este proceso. Juntas, son obras que, con su lirismo agridulce y sus momentos de desafiante exuberancia, proporcionan suficientes pruebas de que, independientemente de lo que la vida le deparase, Zemlinsky nunca perdió la confianza en sus dotes como compositor.

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