Shostakovich: Sinfonía nº 10 (3*)

OSCyL, Elim Chan
24, 25 y 26 de Junio de 2021

Aunque Rusia perdió alrededor de una sexta parte de su población en la guerra, su fin no fue sentido como un gran alivio por el pueblo soviético, sabedor de que su cese simplemente volvería a centrar a Stalin en los asuntos internos. Tan paranoico era Stalin, de hecho, que por miedo a lo que los prisioneros de guerra rusos pudieran haber asimilado durante su estancia en los campos nazis de Alemania, todos fueron arrestados a su regreso y enviados a los Gulags. La depresión aumentó a medida que aumentaba el control de Stalin sobre el mundo. La absorción de Polonia y Hungría aumentó tanto el ámbito como la necesidad de más gulags. Los finales de la década de 1940 fueron también el tiempo en que las personas condenadas a diez años de prisión a finales de los 30 debían ser liberadas. La mayoría de las veces fueron arrestadas de nuevo inmediatamente para evitar que los absurdos de las condenas originales se hicieran del conocimiento público. El vínculo que la guerra había creado entre la gente se deshizo pronto de nuevo. La gente empezó a poner cojines sobre sus teléfonos pensando que ocultaban micrófonos. Cada nuevo conocido era otra vez un posible informante. Stalin declaró que no había acto más noble que denunciar a un amigo. Las similitudes con los años treinta eran demasiado obvias y no pasó mucho tiempo antes de que las artes volvieran a llevarse la peor parte del ataque del partido. En el Primer Congreso de la Unión de Compositores Soviéticos en 1948, el Ministro de Cultura, Andrei Zhdanov, proclamó que la música contemporánea era “como el taladro de un dentista. El único árbitro debiera ser el pueblo y lo que el pueblo quiere son canciones de masas”. De la Octava Sinfonía de Shostakovich se dijo: “No es una obra musical en absoluto, es repulsiva y ultraindividualista”. Se vio obligado a dimitir del Sindicato de Compositores. La revista Newsweek habló de “purga de sostenidos y bemoles”, seguramente sin darse cuenta de la gravedad de la situación para las personas afectadas. Una vez más, Shostakovich era una no-persona. La gente rompió sus ventanas.

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MacMillan: Concierto para percusión nº 2

Dominique Vleeshouwers. OSCyL, Elim Chan
24, 25 y 26 de Junio de 2021


Tras la buena acogida a su primer concierto de percusión, el Veni, Veni, Emmanuel de 1992, el escocés James McMilan recibió el encargo de un grupo de orquestas sinfónicas para componer un segundo concierto para percusión, que se estrenó en Utrecht en 2014.

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