Gourlay dirige unos memorables cuadros

Entre los méritos que Andrew Gourlay acumule a lo largo de su carrera profesional, habrá que incluir los ganados esta semana con la OSCyL, en un programa vinculado a la pintura. El primero, haber incitado la recuperación de los archivos de audio de la parte del sintetizador de la Sinfonia n° 6, “Vincentiana” de Rautavaara, cuya destrucción accidental, según ha explicado él mismo antes de iniciar su intérpretación, habían impedido escucharla en directo desde que fue presentada en Helsinki en 1992. Con lo que el público de Valladolid ha podido disfrutar del reestreno mundial de esta interesantísima obra, a cuya partitura sólo se le podría reprochar la falta de asideros que mantengan la atención durante el largo viaje astral del primer movimiento, aunque quizás la orquesta y la dirección hayan tenido responsabilidad en esa percepción. En ese sentido, tampoco los violines del raveliano vals del tercer movimiento se han oído con la intensidad y expresividad debida, pero esos serían los únicos peros a un estupendo y difícil trabajo, con momentos de excepcional lirismo y una magnífica representación de los cuervos y los fantasmas que poblaban los cuadros y la mente de Van Gogh.

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Estupenda D’Oustrac y estupenda OSCyL con Gourlay en otro concierto de cine

De cine, en el sentido figurado, porque la OSCyL, con Gourlay al frente, ha estado a su habitual altura, es decir, estupenda. Pero también en el real, porque el nexo que unía las obras programadas era el de pertenecer al mundo de los sueños, a la magia de los cuentos y las leyendas o a exotismos y paraísos lejanos; un mundo que, hoy, pertenece en gran medida al cine. Y si en aquellas míticas sesiones dobles teníamos las dos películas de rigor, pero también un No-do, muchas veces unos dibujos y siempre anuncios que también entretenían lo suyo, hoy han sido seis obras, seis, las que nos han hecho pasar un muy buen rato, uno de esos ratos que, Dios no lo quiera, si acabasen algún día, recordaríamos y valoraríamos quizás más aún de lo que hacemos ahora. Continuar leyendo

Decepcionante Décima de Mahler

Decir que una interpretación de la Décima de Mahler ha sido una parodia de su música, puede ser una redundancia para los que no quieren pasar del Adagio. El problema es cuando se trata de una mala parodia, en la que ha resultado particularmente afectado ese enorme movimiento inicial suyo, lentísimo e inconexo, y que, como toda la sinfonía, ha carecido de emoción y de auténtico dramatismo. La energía de los movimientos centrales no ha pasado de la epidermis y aunque el efectista movimiento final ha sonado mejor, no ha sonado a Mahler. Con ausencia de matices dinámicos, una monótona igualdad salpicada de estridencias y la sensación general de una interpretación poco trabajada, es cierto que era la primera vez para la orquesta, pero también es posible que este reto supere las actuales posibilidades de  Andrew Gourlay. Y aunque las intervenciones solistas han sido del nivel habitual (a destacar el concertino Juraj Cizmarovic, que sí parecía sentir e interpretar a Mahler), la orquesta se ha mostrado vacilante y desajustada en más de una ocasión. En todo caso, el silencio no se oye y la decepción no habrá sido para todos, porque nuestro director titular ha salido cinco veces para recibir los aplausos que han llenado el auditorio.

Satisfacción general en el Concierto de homenaje al abonado

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La votación de los abonados eligió para su propio homenaje tres obras de música programática, seguramente más por su carácter romántico que por el narrativo, y el resultado, a juzgar por los aplausos que cosechó la orquesta, fue mucho más que satisfactorio. Y realmente, fue magnífica la interpretación de la Suite nº 1 de Peer Gynt, especialmente por la claridad y delicadeza del Amanecer y de la Danza de Anitra, y el Moldava fluyó luego muy bien, con las maderas capitaneadas por las flautas de Dianne Windsor y Pablo Sagredo saliendo airosas de su dificilísimo papel y con una escena de las ninfas de auténtico ensueño. Faltó cohesión en el clímax de las aguas turbulentas y quizás algo de pasión en el tema principal, como antes dramatismo en La muerte de Aase,  pero la primera parte fue en conjunto sobresaliente.

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Inauguración de la temporada 2016-1017 con un gran Jean-Efflam Bavouzet

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Las sesiones inaugurales de la temporada 2016-2017 han sido las de la primera actuación con la OSCyL de un pianista imponente, Jean-Efflam Bavouzet, que desde el primer acorde del Concierto para la mano izquierda de Ravel, plantó la música en el auditorio, la música excepcional, la que no depende solo de las notas de la partitura sino que parece estar creándose en ese momento y desborda emoción. Tanto daba si el concierto de Ravel era para una mano o para un solo dedo, lo importante no fue el virtuosismo de Bavouzet, que parecía tocar sin el menor esfuerzo, sino la musicalidad con que desgranó las notas de esa rica pieza. Bravo y gracias, pero una pena que entre el concierto y la Alborada del gracioso que interpretó  luego de propina, de forma igualmente magistral, su actuación apenas alcanzase la media hora: Es un pianista para escuchar durante horas.

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