Poesia con el Mosaico de sonidos, teatro con Fazil Say y música con un grandísimo Damian Iorio al frente de la OSCyL

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La sensible partitura de Emilio Aragón para La flor más grande del mundo, el cuento de Saramago que nos ha contado y bailado un puñado de discapacitados ganándose unos prolongados y emocionados aplausos, ha puesto la poesía y la ternura en un concierto memorable. Luego, Fazil Say ha puesto el teatro, destrozando el Adagio del Concierto para piano nº 23 de Mozart con una interpretación muy efectista pero nada efectiva si lo que se pretende compartir es algo más que un histriónico canturreo bajo la ducha. Con muy poco pedal y tocando muy sincopadamente, los movimientos extremos han sido aceptables, y extraordinaria la coordinación con la orquesta, un mérito de ambas partes que luce espectacularmente en muchos momentos de la maravillosa partitura de Mozart. La propina ha confirmado ampliamente la impresión negativa; la misma elección, nada menos que el popular e impactante  Andante del 21, en el que el pianista nos ha regalado una insuperable colección de gesticulaciones y contorsiones que parecían indicar lo bien que se lo estaba pasando, él solo, eso sí, porque la emoción ha brillado de nuevo por su ausencia. Continuar leyendo

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