Mahler: Sinfonía nº 4

Belén Alonso. OSCyL, Eliahu Inbal
17 y 18 de Mayo de 2019

Los mundos de la canción y la sinfonía se entrelazan regularmente en la obra de Gustav Mahler. No nos sorprendemos cuando sus sinfonías rompen en una canción, y sabemos que ciertos movimientos puramente instrumentales son arreglos de canciones anteriores. Uno de sus últimos trabajos, Das Lied von der Erde, es de hecho una canción y una sinfonía, el inevitable clímax de una carrera que continuamente reorganizaba y mezclaba géneros en su búsqueda de la forma ideal para decir lo que sólo Mahler podía decirnos.

Aún así, es difícil entender cómo una pequeña canción, “Das himmlische Leben” (La vida celestial), la que sirve como final de esta sinfonía, pudo haber inspirado, influenciado y configurado música tan importante. En una ocasión, Mahler comentó que “Das himmlische Leben” había dado lugar  a cinco movimientos sinfónicos diferentes, pero ni siquiera esa afirmación da medida del papel central que desempeñó la canción en su producción en el transcurso de una década.

Continuar leyendo

Anuncios

Mahler: Sinfonía nº 9

OSCyL, Andrew Gourlay
30 de Noviembre y 1 de Diciembre de 2018

Empecemos por el final. La última página del último y cataclísmicamente lento movimiento de la Novena Sinfonía de Mahler es una de las casas encantadas poseidas por la muerte más famosas de la música orquestal, un momento en el que la música, lenta y dolorosamente, cierra la brecha existencial entre el sonido y el silencio, la presencia y la ausencia, la vida y la muerte. El último compás está incluso marcado, pianississimo, con una larga pausa -“ersterbend” (muriendo)- como si su mensaje no estuviera ya lo suficientemente claro.

A medida que las ideas musicales que dominan este movimiento, toda la sinfonía, e incluso otras obras de Mahler, se disuelven en el éter, volviéndose más lentas, más silenciosas, más vacías y más asombrosamente lánguidas y tenues en sonido y sustancia, se aportan argumentos para respaldar la opinión de Leonard Bernstein, compartida por muchos de sus colegas directores de orquesta y oyentes, de que esta música representa toda una serie de muertes. Ahí está la de Mahler, ya que esta fue su última sinfonía completa, después de haber presenciado la muerte de su hija y saber que su vida se hallaba en inminente peligro por el problema de su corazón. Ahí está la muerte de la tonalidad, que, en el contexto musical del año 1910, es señalada emblemáticamente por esta pieza. Incluso anuncia los estertores de la muerte en la cultura europea de la figura del artista como héroe.

Continuar leyendo