Mahler: Sinfonía nº 9

OSCyL, Andrew Gourlay
30 de Noviembre y 1 de Diciembre de 2018

Empecemos por el final. La última página del último y cataclísmicamente lento movimiento de la Novena Sinfonía de Mahler es una de las casas encantadas poseidas por la muerte más famosas de la música orquestal, un momento en el que la música, lenta y dolorosamente, cierra la brecha existencial entre el sonido y el silencio, la presencia y la ausencia, la vida y la muerte. El último compás está incluso marcado, pianississimo, con una larga pausa -“ersterbend” (muriendo)- como si su mensaje no estuviera ya lo suficientemente claro.

A medida que las ideas musicales que dominan este movimiento, toda la sinfonía, e incluso otras obras de Mahler, se disuelven en el éter, volviéndose más lentas, más silenciosas, más vacías y más asombrosamente lánguidas y tenues en sonido y sustancia, se aportan argumentos para respaldar la opinión de Leonard Bernstein, compartida por muchos de sus colegas directores de orquesta y oyentes, de que esta música representa toda una serie de muertes. Ahí está la de Mahler, ya que esta fue su última sinfonía completa, después de haber presenciado la muerte de su hija y saber que su vida se hallaba en inminente peligro por el problema de su corazón. Ahí está la muerte de la tonalidad, que, en el contexto musical del año 1910, es señalada emblemáticamente por esta pieza. Incluso anuncia los estertores de la muerte en la cultura europea de la figura del artista como héroe.

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Mahler: Adagietto de la Sinfonía nº 5

OScyL
15 y 16 de Noviembre de 2018

El Adagietto de la quinta sinfonía de Mahler es probablemente el movimiento más famoso de todas las sinfonías del compositor. El director Willem Mengelberg afirmó que el movimiento era una carta de amor codificada dirigida por Gustav Mahler a su esposa Alma. En su partitura  de la Quinta, Mengelberg escribió:

Este Adagietto fue la declaración de amor de Gustav Mahler a Alma. En vez de una carta, le remitió su manuscrito, sin palabra alguna acompañándolo. Ella lo entendió y le escribió: ¡Debieras venir! (¡Me lo contaron los dos!)

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Mahler: Sinfonía nº 3

Maite Beaumont, Coros de Castilla y León, Escolanía Harmonia Pueri. OSCyL, Eliahu Inbal
17 y 18 de Mayo de 2018

Mahler empezó la Sinfonía núm. 3 en 1893 y la terminó el 6 de agosto de 1896 en Steinbach-am-Attersee (Austria). El compositor pasaba las vacaciones en la pequeña cabaña junto al lago Atter, donde ya había escrito la segunda sinfonía. El mismo Mahler se había definido como un compositor de verano, porque era el único tiempo de que disponía para dedicarse a concebir sus monumentales obras. Este magnífico lugar fue decisivo para inspirar aquello que Mahler definió como un gran himno a la naturaleza. Así lo expresa de una manera clarísima esta tercera sinfonía, en la que el autor explora cada rincón del mundo y cada sombra de la emoción humana, desde la exuberancia más pura y el disfrute de la naturaleza hasta la contemplación de los máximos misterios y la celebración de los placeres del cielo. La evolución a modo de escala ascendente hasta formas de vida cada vez más elevadas se refleja en la estructura de la obra, dividida en seis movimientos, así como en la elección del material sonoro, que le permitió evocar no tan sólo una naturaleza idílica, sino también tocada por las marcas de la civilización.

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