Rachmaninov: La isla de los muertos

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

Rachmaninov vio por primera vez la popular pintura de Arnold Böcklin, La Isla de los Muertos, en una reproducción en blanco y negro el año 1907 en París. Y se quedó tan fascinado por esa misteriosa imagen, con el solitario bote portando un ataúd hacia la isla,  que empezó a escribir sobre él casi de inmediato, sin siquiera esperar a ver el original a todo  color. Cuando más tarde viajó a Leipzig para ver una de las cinco versiones diferentes que Böcklin pintó de La Isla de los Muertos, comentó que nada podía igualar su primera impresión. Incluso sugirió que tal vez nunca habría compuesto La isla de los muertos si hubiera visto esa pintura primero. (El cuarto lienzo de Böcklin fue destruido en la Segunda Guerra Mundial, otra de las pinturas perteneció a Hitler durante muchos años, ahora se encuentra en la colección de la Galería Nacional de los Museos Estatales de Berlín).

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Rachmaninov: Concierto para piano nº 1

Valentina Lisitsa. OSCyL, Vasily Petrenko.
28 y 30 de Abril de 2016
rachma

Aunque la música de Rachmaninov se confunde a veces con el romanticismo meloso de las bandas sonoras de Hollywood que antaño inspiró, Rachmaninov fue un artista serio y aristocrático. Fue uno de los más grandes pianistas de la historia, un asombroso virtuoso en la heroica tradición de Liszt, pero no había nada llamativo en su actitud en escena. Para ser una superestrella para todos los públicos, Rachmaninov era sorprendentemente sombrío y lejano. Rara vez sonreía o cortejaba a la audiencia, e incluso su pelo cortado al rape, de un modo omnipresente hoy pero muy sospechoso en aquel momento (como el de un convicto, según dijo el bajo ruso Fyodor Chaliapin) sugería una personalidad adusta. Chaliapin también le regañaba por su bruscas e imperativas reverencias. Mucho más tarde Stravinsky le llamó “un ceño fruncido de dos metros de altura.”

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