Elgar: In the South (Alassio)

OSCyL, Damian Iorio.
12 y 13 de Enero de 2017
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Alassio: Costa Lupara (Richard West)

Entonces, como un relámpago, todo vino a mí: Arroyos, flores, colinas; las distantes montañas nevadas a un lado y el azul del Mediterráneo al otro; el conflicto armado de no hace demasiado tiempo, en ese mismo lugar donde yo estaba ahora, el contraste entre las ruinas y lo cuidado. Y luego, súbitamente, volví a la realidad. En ese espacio de tiempo había compuesto la obertura; lo demás fue solo transcribirla.

La escena tuvo lugar en un glorioso día de primavera en el valle de Andora, “En el sur” de Europa, aunque no en el de Italia, muy cerca de Alassio, un pequeño puerto del golfo de Génova en que el feliz Elgar se hallaba de vacaciones con su familia. Y, quizás para expresar aquel relámpago, la obra se inicia, recordando los primeros compases del Don Juan de Straus, como la vigorosa y deslumbrada mirada del que descubre un mundo luminoso.

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Katarina Karnéus, Erik Nielsen y la OSCyL, un magnífico y emocionante concierto.

OSCYL 2-14

Con buen criterio, el orden del programa ha variado, empezando por las Variaciones para orquesta de Schoenberg. Es particularmente difícil para un aficionado valorar una orquesta cuando lo que interpreta es atonal y amelódico. Pero algo habrá hecho bien la OSCyL cuando la temida dodecafonía ha resultado tan atractiva y sugerente. Música democrática, no solo por el reparto de las notas, también por el equilibrio equitativo de los instrumentos, la orquesta como un pueblo siguiendo su camino iluminado por la luz de Bach. Y, desde luego, entender lleva a disfrutar. Con todo, para quien desconocieses como yo la OSCyL, los austeros y ásperos violines de Schoenberg no despejaban la incógnita principal. ¿Cómo sonaran las cuerdas, cómo será el alma de esta orquesta?

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Elgar: Variaciones Enigma

OSCyL, Erik Nielsen
17 y 18 de Octubre de 2014

Casa de Edward Elgar y Alice Roberts en Malvern (Worcestershire)

Cuentan que estaba Elgar relajándose con el piano tras una jornada de su tedioso trabajo como profesor de música, cuando unas notas llamaron la atención de su esposa, Caroline Alice Roberts, la hija de un general de alta alcurnia con la que se había casado nueve años antes, en 1889, a pesar de la oposición de su familia, que llegó a desheredarla para evitar emparentarse con un vulgar músico, para más inri, católico. Y Eduardo, no sabemos si porque quiso complacerla o porque también le había parecido interesante, volvió a tocar la melodía. Y luego se le ocurrió ponerse a improvisar variaciones inspirándose en sus amistades. En los siguientes meses trabajó y orquestó esas piezas, componiendo así su primera gran obra orquestal, que resultó ser el primero de los éxitos que le convertirían en Sir Edward Elgar, uno de los más populares y grandes compositores británicos, sin el que ni la corona de Inglaterra ni quizá el mundo serían lo que son. Continuar leyendo