Shostakovich: Sinfonía nº 14

Magdalena Anna Hofmann, Thomas Oliemans. OSCyL, Gordan Nikolic.
23 y 24 de Febrero de 2017

Lo que iba a ser una estrecha relación entre los dos compositores y entre los artistas anglo-soviéticos que interpretarían sus obras, se inició con el encuentro de Shostakovich y Benjamin Britten en 1960. El motivo de la visita de Shostakovich a Londres fue el estreno de su Concierto nº 1 para violoncello y el chelista Rostropovich y su esposa la soprano Galina Vishnevskaya se unirían al círculo de Britten y Shostakovich influyendo en composiciones de Britten como la Sonata para violonchelo y, desde luego, en el Requiem de guerra. La influencia soviética en Britten también fluyó en dirección contraria y la Sinfonía nº 14 de Shostakovich, además de estar dedicada a Britten, debe mucho al estilo musical del inglés, así como, obviamente, a las “Canciones y Danzas de Muerte” de Mussorgsky que Shostakovich había orquestado recientemente.

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Shostakovich: Sinfonía nº 8

OSCyL, Vasily Petrenko.
28 y 30 de Abril de 2016

Stalingrado

Después de las triunfantes páginas finales de la Sinfonía Leningrado con sus recuerdos de tiempos mejores y con un futuro aún por llegar, la Octava Sinfonía de Shostakovich pinta un cuadro de completa desesperación. Esta vez no hay esperanza en el horizonte y la música presenta un universo de sufrimiento y desaliento mezclado solamente con ese sentido de lo grotesco que se había hecho característico del estilo del compositor desde sus primeros días de inspiración futurista, unas veces evocando el vaudeville o el circo, otras, la amarga crítica de los tiempos o la danza de la muerte que se encuentra hacia el final de esta sinfonía.
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Shostakovich: Sinfonía nº 11 “El año 1905”

OSCyL, Eliahu Inbal
14 y 15 de Enero de 2016

1905

La Segunda sinfonía señaló el décimo aniversario de la revolución rusa y la Undécima debía celebrar los cuarenta años del gran acontecimiento histórico de la era soviética. Con tal encargo, hubiese sido muy difícil si no imposible para Shostakovich escribir una obra tan personal como su predecesora y, ciertamente, la undécima sinfonía retorna al tipo de obra programática y propagandística que fue su Séptima sinfonía (“Leningrado”). También como el ella, Shostakovich escogió títulos para cada uno de los cuatro movimientos, títulos que se han mantenido con la sinfonía y que dan una visión todavía más clara de lo que trata. ¿Pero trata de eso? Solomon Volkov y sus seguidores han propuesto otra cosa e insisten en que la sinfonía tiene muy poco o nada que ver con la fracasada revolución de Enero de 1905 que supuestamente retratan; en vez de eso, Volkov asegura que la sinfonía se refiere en realidad a los acontecimientos sucedidos en Hungría en 1956, el año del abortado levantamiento en ese país. Incluso el hijo de Shostakovich, Maxim, generalmente en desacuerdo con las ideas revisionistas de Volkov acerca de la música de su padre, preguntó al compositor durante los ensayos preparatorios: “Padre, ¿y si te cuelgan por esto?

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Dos jovenes, Grubinger y Matheuz, deslumbran en el Delibes con dos contemporáneos, Tan Dun y Shostakovich

OSCYL-PROGRAMA-04-15-16

Una sesión memorable. Parecía imposible que nada pudiese siquiera igualar el impacto causado por la exhibición de Martin Grubinger con el concierto de Tan Dun, pero en la segunda parte, otro jovencito llamado Diego Matheuz, del mismo pueblo venezolano, y cantera musical que Dudamel -Barquisimeto y el sistema Abreu-, éste ortodoxo de los pies a la cabeza, sin batuta pero con partitura atentamente observada y seguida, y con gesto serio, clásico y didáctico, ha hecho que la OSCyL, en permanente estado de gracia, interpretase una Décima de Shostakovich difícilmente superable, en la que, sin perder ni por un momento el control de la orquesta y distribuyendo magistralmente las dinámicas, ha permitido que escuchásemos la enorme cantidad de música que encierra esa partitura y que en otras manos puede quedar sepultada en el ruido o el caos. Hay que decir que este joven fue señalado por Claudio Abbado. Pero también insistir en que la orquesta responde de modo sensacional, como grupo, cuadrando ayer milimétricamente las salidas, y con unas intervenciones solistas impecables, siempre el trompa José M. Asensi, pero también la flauta Dianne Winsor, y anoche el clarinete Salvador Salvador, y el fagot Salvador Alberola, y los muchos a los que Shostakovich pone en un brete en esta fabulosa sinfonía que para muchos adquiriría anoche la categoría de imprescindible.

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