Beethoven: Sinfonía nº 7

OSCyL, Andrew Gourlay
1 y 2 de Marzo de 2019

Sala de la Universidad de Viena en la que tuvo lugar la primera interpretación pública de la Séptima sinfonía de Beethoven, en un concierto a beneficio de los soldados heridos en la Batalla de Hanau

Durante los años 1807 y 1808, Ludwig van Beethoven estuvo trabajando simultáneamente en la composición de dos de sus mejores obras, la Quinta y la Sexta Sinfonías, que incluso coincidieron en su primera representación, junto al Concierto para Piano nº 4, la Fantasía Coral y otras obras breves de Beethoven, el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien de Viena. Hay que imaginar el maratón que fue esa sesión. Y cuatro años después encontramos de nuevo a Beethoven trabajando al mismo tiempo en dos sinfonías, la Séptima y la Octava. Varios compositores han actuado de modo similar, Brahms viene a la cabeza, algunos quedándose con la obra que consideraban superior mientras condenaban la otra al fuego de su chimenea, Brahms de nuevo. Afortunadamente, en el caso de estas cuatro sinfonías, todas sobrevivieron. Cada pareja es un estudio de contrastes.

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Beethoven: Romanza para violín y orquesta Nº 2

Patricia Cordero. OSCyL, Lucas Macías.
15 y 16 de Noviembre de 2018

Cuando Beethoven se mudó a Viena en 1792, era considerado como un pianista que también componía, cosa que se esperaba que hiciera cualquier aspirante a pianista profesional de la época. Pero durante esos primeros años, cada vez más se veía a sí mismo ante todo como compositor, un compositor que también tocaba el piano. Trató de obtener bona fide credenciales compositivas tomando lecciones de contrapunto de Haydn y escribiendo elegantes obras de cámara y para solistas que podrían servir de “tarjetas de presentación” compositivas en los círculos musicales influyentes de Viena. Sólo más tarde, tras asentarse como una de las estrellas de la generación posterior a Mozart, volvió a la música orquestal. Su Primera Sinfonía, por ejemplo, no la compuso hasta 1800, cuando tenía casi 30 años.

Entre las primeras composiciones orquestales completadas por Beethoven, se halla la Romanza No. 2 en Fa mayor, Op. 50, para violín y orquesta. El número de opus es engañoso: aunque el trabajo se publicó en 1805 junto con obras maestras de su período medio como la “Eroica” y el Triple Concierto, la Romanza No. 2 la había concluido siete años antes, en 1798. Aunque Beethoven había comenzado a escribir algunos conciertos antes de esa fecha, o bien fueron abandonados o no se completaron hasta más tarde. No es arriesgado sugerir, entonces, que en cierto modo Beethoven afiló sus dientes orquestales con esta segunda Romanza, compuesta en un momento en el que las sonatas para piano y las obras de cámara dominaban su producción. La Romanza en Fa mayor es incluso es anterior a la Romanza No. 1 en sol mayor, que compuso varios años más tarde en 1802. Pero fue ésta la que se publicó antes (en 1803), de ahí su numeración y designación de opus anterior.

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Beethoven: Triple Concierto (2*)

Eric Silberger, Varvara, Arnau Tomàs. OSCyL, Alexander Polyanichko.
5 y 6 de Abril de 2018

El Triple concierto es una obra única dedicada a una formación que gustaba mucho al autor: en el catálogo de Beethoven hay 11 obras para violín, violonchelo y piano, un conjunto muy habitual en las casas particulares centroeuropeas del momento y para el que los editores pedían obras constantemente, para proveer a los músicos, profesionales o aficionados, de partituras nuevas. Uno de los mecenas de Beethoven de más alto linaje fue el archiduque Rodolfo, el último de los hijos del emperador Leopoldo II, que también era alumno suyo de piano (y al que dedicó el Trío Archiduque). Este personaje fue el encargado de tocar la parte de piano del Triple concierto, una obra que dedica la parte solista a un grupo de tres instrumentos (al estilo de los concerti grossi de Vivaldi) y que la contrapone a una orquesta sinfónica generosa (de hecho, hay quien lo ve más como una sinfonía concertante que como un concierto). Se estrenó en 1808 y se catalogó justo después de la Sinfonía “Heroica” y antes de la Sonata “Appassionata”. El Triple concierto tiene un encanto muy especial, sea por su condición de obra única en el repertorio sinfónico, sea por el extraordinario papel asignado al violonchelo (nada habitual en la época, en la que hacía básicamente el papel de acompañamiento), sea ​​por la ligereza y la perfección del último movimiento (Rondo alla polaca), un guiño al destinatario de la obra, el príncipe polaco Lobkowitz.

David Puertas Esteve, notas de un programa de la OBC

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Beethoven: Coriolano

OSCyL, Andrew Gourlay.
15 y 16 de Febrero de 2018

En 1802, Beethoven asistió a una representación teatral de la obra Coriolano, del poeta vienés Heinrich Joseph von Collin, un escritor al que admiraba mucho. Beethoven, de hecho, había considerado (aunque finalmente abandonó) la idea de escribir una ópera sobre la adaptación de Collin del Macbeth de Shakespeare. Y quedó tan impresionado por el tratamiento que Collin daba al personaje de Coriolano, llegado vía Shakespeare desde Plutarco, que se sintió impulsado a escribir esta Obertura, una pieza independiente y sin posibilidad alguna de ser usada como música incidental de la obra teatral. Sin duda, el temperamento del protagonista, de férrea voluntad, apasionado, insobornable y propenso a una temeraria valentía, resonó profundamente en la psique de Beethoven, que vio en Coriolano un espejo de sí mismo. Incluso para Beethoven, esta obertura está repleta de acuciante energía y tempestuosa rotundidad.

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