Dos jovenes, Grubinger y Matheuz, deslumbran en el Delibes con dos contemporáneos, Tan Dun y Shostakovich

OSCYL-PROGRAMA-04-15-16

Una sesión memorable. Parecía imposible que nada pudiese siquiera igualar el impacto causado por la exhibición de Martin Grubinger con el concierto de Tan Dun, pero en la segunda parte, otro jovencito llamado Diego Matheuz, del mismo pueblo venezolano, y cantera musical que Dudamel -Barquisimeto y el sistema Abreu-, éste ortodoxo de los pies a la cabeza, sin batuta pero con partitura atentamente observada y seguida, y con gesto serio, clásico y didáctico, ha hecho que la OSCyL, en permanente estado de gracia, interpretase una Décima de Shostakovich difícilmente superable, en la que, sin perder ni por un momento el control de la orquesta y distribuyendo magistralmente las dinámicas, ha permitido que escuchásemos la enorme cantidad de música que encierra esa partitura y que en otras manos puede quedar sepultada en el ruido o el caos. Hay que decir que este joven fue señalado por Claudio Abbado. Pero también insistir en que la orquesta responde de modo sensacional, como grupo, cuadrando ayer milimétricamente las salidas, y con unas intervenciones solistas impecables, siempre el trompa José M. Asensi, pero también la flauta Dianne Winsor, y anoche el clarinete Salvador Salvador, y el fagot Salvador Alberola, y los muchos a los que Shostakovich pone en un brete en esta fabulosa sinfonía que para muchos adquiriría anoche la categoría de imprescindible.

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