Haydn: Sinfonía nº 6, “La mañana”

OSCyL, Jesús López Cobos
16 y 17 de Diciembre de 2016

le-matin

¿De qué otra forma podía iniciarse el período más productivo de la composición sinfónica  del siglo XVIII -de hecho, de todos los tiempos-, sino con una salida del sol? La sexta sinfonía es la primera que Joseph Haydn escribió para la corte de Esterhazy, donde estaba empleado desde 1761, y donde su relación laboral de casi treinta años con el príncipe Nikolaus Esterházy cambiaría la historia sinfónica. Como escribiría más tarde, el relativo aislamiento de Esterhazy “me obligó a ser original”, y prácticamente cada sinfonía Esterhazy que compuso (y fueron alrededor de 70 del total de 104 -el total oficial; 106 si se es más preciso), muestra cómo creó un nuevo repertorio para los músicos de esa corte.

Continuar leyendo

Anuncios

Haydn: Concierto para cello nº 1

Pablo Ferrández. OSCyL, Jukka-Pekka Saraste
21 y 22 de Octubre de 2016

Haydn

Hasta 1961, sólo hubo un concierto para violonchelo de Haydn, en Re mayor, muy apreciado tanto por el público como por los violoncelistas al ser la única obra de su género del gran triunvirato clásico vienes, pues ni Mozart ni Beethoven escribieron conciertos para violonchelo. Un concierto para violonchelo anterior, en Do mayor, desaparecido durante la vida del compositor, se había dado por perdido. Ese concierto estaba registrado en los dos catálogos del propio Haydn: El “Proyecto de catálogo”, iniciado en 1765 y con adiciones periódicas, y el  “Catálogo completo” de 1805, descorazonadoramente titulado “Una lista de todas las composiciones que puedo realmente recordar haber compuesto desde los dieciocho hasta mis  setenta y tres años” (lo cual no inspira precisamente mucha confianza sobre su exhaustividad)

Continuar leyendo

El clasicismo en Rossini, Dvorak y Prokofiev

Ekaterina Bakanova. OSCyL, Jean-Christophe Spinosi
11 y 12 de Febrero de 2015

En la segunda parte asistimos a tres transformaciones de este estilo: el clasicismo como evolución, como opción y como revisitación. La primera estaría representada por Rossini, que desde luego bebe de fuentes clásicas y las fusiona con las de la época romántica. La Obertura de La Cenicienta y el aria de El Barbero de Sevilla son dos ejemplos de ello. Dvorák, por otro lado, elige esta “opción clásica” para su maravillosa Canción a la luna de la ópera Rusalka. Aquí el ambiente nocturno pide un estilo sosegado, melódico y evocador. Prokófiev, por su parte, toma las sinfonías de la época clásica como excusa para su Sinfonía n.º 1, una construcción diáfana, brillante, irónica y a la vez rabiosamente moderna.

De la web del Auditorio Miguel Delibes

Continuar leyendo