Tchaikovsky: Allegro moderato del Concierto para violín

Kotek con Tchaikovsky, 1877

El Concierto para violín en Re fue escrito en 1878 durante el período inmediatamente posterior a la huida de Tchaikovsky de su desastroso matrimonio. Para escapar, viajó a Francia, Italia y Suiza, donde se encontró con su viejo amigo, el violinista Joseph Kotek. Juntos tocaron la Sinfonía Española de Lalo, y la experiencia impulsó aparentemente a Tchaikovsky a ponerse a trabajar inmediatamente en un concierto. Los bocetos se completaron en solo once días y la partitura se completó en dos semanas más. Aunque Kotek le aconsejó en la parte solista, la obra fue dedicada al famoso Leopold Auer. (Kotek fue más tarde recompensado con otra dedicatoria.) Sin embargo, cuando llegó el momento de interpretar la pieza, tanto Kotek como Auer rechazaron la solicitud de Tchaikovsky para estrenarla, alegando que era imposible de tocar debido a las muchas dobles cuerdas, glissandi, trinos , saltos y disonancias. La primera interpretación se retrasó hasta el 4 de diciembre de 1881, cuando Adolf Brodsky la efectuó con la Filarmónica de Viena. Aunque algunos en la audiencia elogiaron la obra, el famoso crítico Eduard Hanslick opinó que en realidad despedía un “mal olor”. Pocos años más tarde, Auer alentaba a sus alumnos a que la estudiasen.

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Tchaikovsky: Romeo y Julieta (Obertura-Fantasía)

OSCyL, Andrew Gourlay
11 y 12 de Mayo de 2018
The Reconciliation of the Montagues and Capulets Over the Dead Bodies of Romeo and Juliet (Frederic Leighton)

Que no Obertura de Romeo y Julieta: Obertura a secas, sin “de”, sin ballet ni ópera, aunque hubo un intento. O, más rigurosamente Obertura-Fantasía, el subtítulo que le puso Tchaikovsky a este explícito poema sinfónico, una de las páginas más memorables de la historia de la música, que, curiosamente, no tiene número de opus.

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Tchaikovsky: Concierto para piano n.º 1 (2*)

Denis Kozhukhin. OSCyL, Lucas Macías
19 y 20 de Abril de 2018
Toqué el primer movimiento. ¡Ni una sola palabra, ni un solo comentario! ¡Si supieras qué estúpida e intolerable resulta la situación de alguien que cocina un plato para un amigo y ve cómo se lo come en silencio! Ah, una palabra, una crítica amable, pero ¡por amor de Dios, al menos una palabra de simpatía, ya que no de alabanza!. Rubinstein estaba fraguando su ataque y Hubert aguardaba a ver lo que pasaba y a que hubiera una razón para inclinarse hacia uno u otro lado. Yo no quería de ningún modo opiniones referentes al aspecto artístico. Necesitaba observaciones sobre la técnica pianística. El elocuente silencio de R era muy significativo. Parecía estar diciendo: “Amigo mío, ¿cómo puedo hablar de detalles cuando el todo me disgusta?” Me armé de paciencia y toqué hasta el final. De nuevo silencio. Me puse de pie y pregunté: “¿Y bien?” Entonces, surgió un torrente de la boca de Nikolay Grigoryevich, suave al principio, luego creciendo más y más hasta convertirse en el sonido de un Júpiter Tonante. Resultó que mi concierto no valía nada y era imposible de interpretar; tenía pasajes tan fragmentados, tan torpes, tan mal escritos que era imposible arreglarlos; la obra en sí era mala, vulgar; en algunos sitios había copiado de otros compositores; sólo había dos o tres páginas que valía la pena preservar; el resto debía ser desechado o completamente reescrito. “Aquí, por ejemplo, esto, ¿qué es todo eso?” (caricaturizando mi música en el piano) “¿Y esto? ¿Cómo podría nadie …”, etc., etc. Lo peor de todo, que no puedo reproducir, es el tono en que pronunciaba esto. En una palabra, un testigo imparcial en aquel lugar, podría haber pensado que yo era un maníaco, un insensato aficionado que había venido a presentar su basura a un músico eminente. Hubert había advertido mi obstinado silencio, y se hallaba asombrado y sorprendido de que estuviesen propinando tal bronca a alguien que ya había escrito muchas obras y había dado un curso de composición libre en el Conservatorio, de que tan despectivo juicio cayera sobre él sin apelación -un juicio como usted no pronunciaría ante un alumno con el más mínimo talento que hubiese descuidado alguno de sus deberes- y se puso a explicar el juicio de NG, sin rectificarle en lo más mínimo sino solo suavizando lo que Su Excelencia había expresado con tan poca ceremonia.

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Tchaikovsky: Sinfonía nº 4

OSCyL, Semyon Bychkov
26 y 27 de Enero de 2018

Carta de Tchaikovsky a la condesa Nadezhda von Meck. 21/01/1878

La tentación de hallar un argumento en la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky es tan vieja como la misma obra. Al permitir  Nadezhda von Meck a Tchaikovsky dedicarle la sinfonía (sin mencionar su nombre) y contribuir generosamente a financiar su carrera, exigió saber de qué  trataba la obra. La respuesta de Tchaikovsky, a menudo citada, es un detallado informe, lleno de pensamientos emocionales y frases vacías, palabras escritas a posteriori para satisfacer a un mecenas indispensable. Cuando Tchaikovsky menciona el destino, sin embargo, sus palabras suenan verdaderas; este era un tema que le había perseguido desde 1876, cuando vio Carmen y se sorprendió por la “muerte de los dos protagonistas que, a través del destino, fatum, finalmente alcanzan el culmen de su sufrimiento y su ineludible final”.  Escribió a Nadezhda von Meck:

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Tchaikovsky: La tempestad

OSCyL, Andrew Gourlay
2 de Diciembre de 2017

La Tempestad es una fantasía inspirada en la obra de Shakespeare del mismo nombre. No es tan conocida como la otra obra orquestal de Tchaikovsky sobre Shakespeare, la Obertura-Fantasía de Romeo y Julieta, pero está casi al mismo nivel artístico que esa poderosamente dramática obra. Al igual que Romeo y Julieta, sigue un texto; si La Tempestad es menos compleja que Romeo y Julieta, es en parte porque el propio guión tiene una estructura más sencilla. El de Romeo y Julieta fue escrito por el compositor Balakirev y especificó una compleja correspondencia de temas con los personajes de la obra, pero el de La Tempestad, escrito por un historiador de arte llamado Stasov, especificaba solo una ductil secuencia de escenas.

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Tchaikovsky: Sinfonia nº 5

OSCyL, Emmanuel Krivine Andrrw Gourlay
27 y 28 de Mayo de 2016

Tchaikovsky

Con cada día que pasa estoy cada vez más convencido de que mi última sinfonía no es una obra satisfactoria,  y darme cuenta del fracaso (o de que tal vez mi capacidad está disminuyendo) es muy doloroso para mí. La sinfonía es demasiado colorida, enorme, insincera, agotadora y en términos generales muy antipática … ¿Estoy efectivamente, como se dice, borrado del mapa?… Si es así, es terrible.
A los pocos meses:
Los músicos se hicieron más y más con la música cada vez que tocaban la sinfonía. En los ensayos hubo entusiasmo general, florituras, etc. El concierto también fue excelente. En consecuencia, ya no tengo mala opinión de la sinfonía, y me vuelve a gustar.

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Tchaikovsky: Concierto para piano y orquesta nº 1

Saleem Ashkar. Orquesta Nacional de España, Maxim Emelyanychev.
25 y 26 de Febrero de 2016

Portrait of composer piotr ilyich tchaikovsky in 1863. (Photo by: Sovfoto/UIG via Getty Images)

Aunque Tchaikovsky era ya un consumado compositor (había escrito ya sus dos primeras sinfonías, un cuarteto de cuerda y dos poemas sinfónicos notables, obras todas exitosas y perdurables), todavía buscaba la aprobación de mentores como Balakirev y Nicolás Rubinstein. En la Nochevieja de 1874, tocó el concierto para Rubinstein (el solista previsto) en un aula vacía. Rubinstein reaccionó con una cascada de descalificaciones, hecha famosa por el propio recuerdo de Tchaikovsky, que abandonó la sala desesperado. Al cabo de un rato, Rubinstein le fue a buscar y le detalló una lista de cambios que debía hacer en un tiempo determinado si quería que lo interpretase él. A lo que Tchaikovsky respondió, según dejó escrito él mismo: “No voy a cambiar una sola nota, y voy a publicar el concierto tal como está ahora.” Y siguió en sus recuerdos: “Y eso es lo que hice.” (*) Bueno, no del todo. Aunque realmente no hizo cambios sustanciales, sometió el concierto a cambios menores antes de imprimirlo, como sucede con la mayoría de las composiciones. El estreno recayó en Hans von Bülow, quien lo tocó por primera vez en Boston, el 15 de octubre de 1875. El público se quedó extasiado y exigió una repetición de todo el movimiento final. Von Bülow volvió a traer el concierto a Europa, donde se incorporó rápidamente al repertorio de otros grandes pianistas; incluso Rubinstein empezó a interpretarlo en 1878. Desde entonces, ha sido un gigantesco éxito, prácticamente el epítome del concierto para piano romántico.

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