Tchaikovsky: Sinfonía nº 4

OSCyL, Semyon Bychkov
26 y 27 de Enero de 2018

Carta de Tchaikovsky a la condesa Nadezhda von Meck. 21/01/1878

La tentación de hallar un argumento en la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky es tan vieja como la misma obra. Al permitir  Nadezhda von Meck a Tchaikovsky dedicarle la sinfonía (sin mencionar su nombre) y contribuir generosamente a financiar su carrera, exigió saber de qué  trataba la obra. La respuesta de Tchaikovsky, a menudo citada, es un detallado informe, lleno de pensamientos emocionales y frases vacías, palabras escritas a posteriori para satisfacer a un mecenas indispensable. Cuando Tchaikovsky menciona el destino, sin embargo, sus palabras suenan verdaderas; este era un tema que le había perseguido desde 1876, cuando vio Carmen y se sorprendió por la “muerte de los dos protagonistas que, a través del destino, fatum, finalmente alcanzan el culmen de su sufrimiento y su ineludible final”.  Escribió a Nadezhda von Meck:

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Tchaikovsky: La tempestad

OSCyL, Andrew Gourlay
2 de Diciembre de 2017

La Tempestad es una fantasía inspirada en la obra de Shakespeare del mismo nombre. No es tan conocida como la otra obra orquestal de Tchaikovsky sobre Shakespeare, la Obertura-Fantasía de Romeo y Julieta, pero está casi al mismo nivel artístico que esa poderosamente dramática obra. Al igual que Romeo y Julieta, sigue un texto; si La Tempestad es menos compleja que Romeo y Julieta, es en parte porque el propio guión tiene una estructura más sencilla. El de Romeo y Julieta fue escrito por el compositor Balakirev y especificó una compleja correspondencia de temas con los personajes de la obra, pero el de La Tempestad, escrito por un historiador de arte llamado Stasov, especificaba solo una ductil secuencia de escenas.

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Tchaikovsky: Sinfonia nº 5

OSCyL, Emmanuel Krivine Andrrw Gourlay
27 y 28 de Mayo de 2016

Tchaikovsky

Con cada día que pasa estoy cada vez más convencido de que mi última sinfonía no es una obra satisfactoria,  y darme cuenta del fracaso (o de que tal vez mi capacidad está disminuyendo) es muy doloroso para mí. La sinfonía es demasiado colorida, enorme, insincera, agotadora y en términos generales muy antipática … ¿Estoy efectivamente, como se dice, borrado del mapa?… Si es así, es terrible.
A los pocos meses:
Los músicos se hicieron más y más con la música cada vez que tocaban la sinfonía. En los ensayos hubo entusiasmo general, florituras, etc. El concierto también fue excelente. En consecuencia, ya no tengo mala opinión de la sinfonía, y me vuelve a gustar.

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Tchaikovsky: Concierto para piano y orquesta nº 1

Saleem Ashkar. Orquesta Nacional de España, Maxim Emelyanychev.
25 y 26 de Febrero de 2016

Portrait of composer piotr ilyich tchaikovsky in 1863. (Photo by: Sovfoto/UIG via Getty Images)

Aunque Tchaikovsky era ya un consumado compositor (había escrito ya sus dos primeras sinfonías, un cuarteto de cuerda y dos poemas sinfónicos notables, obras todas exitosas y perdurables), todavía buscaba la aprobación de mentores como Balakirev y Nicolás Rubinstein. En la Nochevieja de 1874, tocó el concierto para Rubinstein (el solista previsto) en un aula vacía. Rubinstein reaccionó con una cascada de descalificaciones, hecha famosa por el propio recuerdo de Tchaikovsky, que abandonó la sala desesperado. Al cabo de un rato, Rubinstein le fue a buscar y le detalló una lista de cambios que debía hacer en un tiempo determinado si quería que lo interpretase él. A lo que Tchaikovsky respondió, según dejó escrito él mismo: “No voy a cambiar una sola nota, y voy a publicar el concierto tal como está ahora.” Y siguió en sus recuerdos: “Y eso es lo que hice.” (*) Bueno, no del todo. Aunque realmente no hizo cambios sustanciales, sometió el concierto a cambios menores antes de imprimirlo, como sucede con la mayoría de las composiciones. El estreno recayó en Hans von Bülow, quien lo tocó por primera vez en Boston, el 15 de octubre de 1875. El público se quedó extasiado y exigió una repetición de todo el movimiento final. Von Bülow volvió a traer el concierto a Europa, donde se incorporó rápidamente al repertorio de otros grandes pianistas; incluso Rubinstein empezó a interpretarlo en 1878. Desde entonces, ha sido un gigantesco éxito, prácticamente el epítome del concierto para piano romántico.

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