Antológica séptima de Bruckner con Inbal

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Como un chamán, “al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta, de manera que no responden a una lógica causal”, Eliahu Inbal hizo que la OSCyL extrajera y entregase anoche toda la emoción que contiene la que para muchos es la mejor obra de Bruckner, su Séptima Sinfonía. Antes, acompañando a Stefan Schilli, la pequeña orquesta del Concierto para oboe de Richard Strauss no había sonado tan ajustada ni brillante, pese a lo que el aristocrático encanto de esa obra tan bien elegida para acompañar la Séptima, sedujo al Auditorio. Pero con Bruckner, dirigida con sabiduría, convicción y naturalidad desde la altura física y vital de Eliahu Inbal, la OSCyL respondió con otra de esas ejemplares interpretaciones que nos hacen conscientes del lujo de que disfrutamos. Pocas veces se habrá podido disfrutar tanto de los contrastes dinámicos y emocionales y de tanta belleza como contiene su primer movimiento, de un adagio que sonó como una amorosa y dolorosísima canción de cuna, de la fuerza de su scherzo. Pocas veces habrá sido narrada la obra de Bruckner con tanto equilibrio, dosificando la intensidad de cada pasaje hasta conducirnos, emocionalmente exhaustos pero vivos, a esa especie de trágico aquelarre que pareció anoche su última evocación a Wagner. Pocas veces el sentimiento de gratitud es tan intenso y prolongado.

Grandiosa Consagración de la primavera

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Faltan ojos para disfrutar lo bonito que está el campo en esta primavera y faltaban oídos anoche para hacerlo con la sensacional interpretación que hizo la OSCyL de La consagración de la primavera, uno de esos acontecimientos que quedan incorporados para siempre a la memoria de los afortunados oyentes. Y no fue gratuito que, al acabar, Eliahu Inbal señalase la partitura de Stravinsky, que no sólo abrió una puerta sino que se mantiene como una cima insuperada y seguramente insuperable de la historia de la música,  algo que resulta patente cuando un instrumento como la OSCyL es manejado por un director como él en un auditorio como el de Valladolid. Desde el impecable y delicioso fagot de Salvador Alberola hasta el corno de Juan M. Urbán, desde el pizzicato de los violines y el brutal ritmo impuesto por las cuerdas graves hasta los trinos de los piccolos, el aleteo de las tubas y la brutal percusión, toda la orquesta, con Inbal marcando el ritmo y controlando magistralmente las dinámicas, se mostró a un altísimo nivel, literalmente escalofriante en algunos pasajes de esta intensísima y abrumadora composición. Inbal, visiblemente feliz, mostró un especial interés en compartir los aplausos con el concertino Juraj Cizmarovic, que ya en la primera parte había dado muestras de su enorme calidad.

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Eliahu Inbal lleva a la OSCyL a la gloria con una “1905” muy sinfónica

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Menos cinematográfica, más sinfónica y musical, quizás por eso al primer movimiento le ha podido faltar la niebla, el frío y el misterio deseable. Pero a partir del segundo, la lectura de Inbal y la espectacular respuesta de la OSCyL, nos han regalado tres cuartos de hora de una intensidad emocional difícil de olvidar. El pasaje de la carga de los soldados quedará como uno de los momentos más espectaculares de su historia y una de las mejores demostraciones de la extraordinaria acústica del Auditorio, que, sometido a una brutal avalancha de decibelios, mantiene la individualidad de cada sonido. Pero también de la habilidad de Inbal, capaz de lograr que en momentos así siga oyéndose música. Y, aunque seguramente influido por sus declaraciones, hacer recordar la brutalidad de los terroristas de París y, luego, la desolación del paisaje que dejaron tras ellos, o la de las ciudades sirias muriendo de hambre. Continuar leyendo

Inbal clausura la temporada dirigiendo una magnífica Séptima de Mahler

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Programar la séptima de Mahler para el último concierto de la temporada es una declaración de intenciones. Y, a juzgar por la respuesta del público, la apuesta ha sido un gran acierto. Claro que las cartas estaban marcadas, porque Eliau Inbal es un reconocido mahleriano que, cercano ya a los ochenta, demostró ayer seguir en plena forma, recreando magistralmente ese torrente de belleza con el que Mahler enviaba su música y la música al infierno. Y también porque la OSCyL no es una orquesta cualquiera, y todas sus secciones supieron aprovechar el regalo de esa sinfonía, y todas las intervenciones de los solistas fueron espléndidas, especialmente memorables la del trompa José Manuel Asensi al anunciar la primera Nacthmusic y las del clarinete José Franch-Ballester cerrando la segunda. Y también por la extraordinaria acústica del Delibes, y también por las excelentes notas del programa de mano de Inés Mogollón, todo triunfos para que una obra tan controvertida como la séptima de Mahler fascinase ayer al auditorio. Triunfos a los que los abonados de de proximidad añadían, además del coloquio previo, uno de los muy didácticos videos con que Sofia Martinez Villar aprovecha y ameniza sus desplazamientos presentando las obras del concierto, y que merecerían mayor publicidad. A todos, muchísimas gracias por hacernos disfrutar de este magnífico colofón a una magnífica temporada.