Schubert: Obertura de Rosamunda

OSCyL, Vasily Petrenko
29 y 30 de Marzo de 2019

Helmina von Chézy (nacida Wilhelmina Christiana Klencke, 1783-1856) fue una escritora más ambiciosa que dotada, pero cuyo nombre se recuerda por su excelente gusto musical y su capacidad persuasiva ante dos de los grandes compositores de su época. Escribió el libreto para la ópera Euryanthe de Carl Maria von Weber, y se estaba preparando su estreno, en Viena, en Octubre de 1823, cuando se enamoró de la música de Schubert y lo convenció para que compusiera la música incidental de su pieza teatral Rosamunde, Fürstin von Zypern (“Rosamunda, Princesa de Chipre”), que se presentó dos meses después, el 20 de diciembre. La ópera de Weber fue realmente estrenada con éxito, aunque el desafortunado texto de Chézy contribuyó a su escasa circulación posterior. Rosamunda, en cambio, fue un fracaso desde el principio, desapareciendo después de dos únicas representaciones; la contribución de Schubert es la única parte que sobrevive y continúa por sí sola. De este modo, la posteridad puede ser más generosa con Helmina por Chézy por la música que obtuvo, que por sus propios esfuerzos creativos. Debe señalarse que Schubert empleó uno de sus poemas en una de sus últimas y más notables canciones, Der Hirt auf dem Felsen (“El pastor en la roca”) un largo lied con clarinete obbligato.

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Schubert: Sinfonia nº 7, “Inacabada”

OSCyL, Gordan Nikolic
2 y 3 de Noviembre de 2018

Tres amigos (Johann Baptist Jenger, Anselm Hüttenbrenner y Franz Schubert) (Josef Eduard Teltscher, 1827)

Por qué los amigos de Schubert, Anselm y Joseph Hüttenbrenner, ocultaron al mundo su Sinfonía Inacabada durante más de 40 años, sigue siendo uno de los muchos misterios que rodean la obra. Schubert había compuesto dos movimientos (y parte de un tercero) de una sinfonía en Si menor en 1822. En algún momento de 1823, le entregó el manuscrito a Joseph para que se lo llevara como regalo a Anselm, y no, como se ha creído durante mucho tiempo, para donarlo a la Steiermärkischen Musikverein  como reconocimiento por haber sido elegido miembro de ella. Schubert quizá esperaba que la Sociedad lo interpretara (Anselm también era un miembro), pero los estudiosos han demostrado que los hermanos no fueron culpables de quedarse con algo que no era totalmente suyo. Si fueron “culpables” de algo, fue solo de obstaculizar el conocimiento de una joya artística, privando posiblemente a Schubert de la imagen de “sinfonista” entre sus contemporáneos.

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