Falla: El amor brujo

6 y 7 de Abril de 2017
Marina Heredia. OSCyL, Antoni Ros-Marbà

EI Amor Brujo fue el primero de los dos ballets de Manuel de Falla: Lo inició en Noviembre de 1914 (poco después de su regreso a Madrid tras un período de siete años en París, donde mantuvo un estrecho contacto con Debussy, Dukas y Ravel) a instancias del dramaturgo Martínez Sierra y la bailarina gitana andaluza Pastora lmperio, y lo concluyó en Abril de 1915. La versión original, orquestada para quinteto de cuerda, flauta, oboe, trompa, trompeta y piano, fue interpretada por primera vez el 15 de abril en el Teatro Lara, bajo la dirección de Moreno Ballesteros, pero el ballet no fue un éxito; de hecho, la prensa criticó la partitura por su falta de españolidad, una asombrosa aseveración si se tiene presente que, aunque realmente no se usan canciones populares, su música está radicalmente influenciada por las soleares, seguiriyas, polos y martinetes andaluces que le había cantado a Falla la madre de Pastora lmperio, Rosario la Mejorana. Siguieron otras representaciones en Barcelona, pero en 1916 Falla arregló la obra para gran orquesta, y en esa forma, con y sin canciones, fue interpretada con gran éxito en Madrid. La versión revisada se presentó por primera vez en el Teatro de las Artes de París en 1925.

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Falla: Suite n° 2 de El sombrero de tres picos

6 y 7 de Abril de 2017
OSCyL, Antoni Ros-Marbà
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Telon para El sombrero de tres Picos (Picasso)

En 1914, poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Manuel de Falla conoció en París a Serguei Diaghilev, el fundador de los Ballets Rusos. El empresario propuso al músico que realizase una versión para ballet de la obra para piano y orquesta Noches en los jardines de España. Falla se opuso y se comprometió a escribirle una obra de nuevo cuño sobre la novela de Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos, a lo que Diaghilev aceptó encantado. Brevemente, Alarcón describe, con fino humor, el asedio amoroso de un corregidor a una joven molinera, bella y casada.

En 1917, Falla estrenó La molinera y el corregidor, primera versión del “Tricornio” que no era propiamente un ballet, sino una pantomima para canto y mimo con textos de María Lejárraga firmados por su marido Gregorio Martínez Sierra. Este “mimo drama” se amplía, tal como el compositor se había comprometido, a ballet. Así, en 1919, la “trouppe” de Diaghilev estrena, en el Teatro Alhambra de Londres, El sombrero de tres picos, con decorados y trajes de Pablo Picasso.

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Falla: El corregidor y la molinera

María Mezcle y Compañía de Danza Española Aída Gómez. OSCyL, Gordan Nikolic.
23 y 24 de Febrero de 2017

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Un molinero vive en su molino en amor y en compañía de su esposa, la linda molinera, a quien adora y quien le corresponde a pesar de ser él corvado y nada hermoso. Un noble señor, depositario del pósito en el romance, corregidor en la novela, se enamora de la molinera y, con engaños, aleja durante la noche al esposo para poder lograr satisfacción de su pecaminoso deseo. La trampa del enamorado y la venganza del marido que, ofendido, quiere vengar su agravio agraviando a su vez al ofensor, forman el asunto del romance en el que todos los malos propósitos se logran, y de la novela, en la cual el agudo ingenio de Alarcón los frusta todos y hace triunfar la moral sin quitar al asunto nada de su graciosa picardía. Los autores de esta farsa mímica han seguido más de cerca la versión de Alarcón que la del viejo y desenfadado romance, y han dispuesto el asunto en dos cuadros. (María Martínez Sierra, documento mecanografiado, Archivo Manuel de Falla)

El corregidor y la molinera es la pantomima que Manuel de Falla estaba componiendo a partir de una obra teatral de Martínez Sierra, basada en la famosa novela de Pedro Antonio de Alarcón, inspirada a su vez en el viejo romance El molinero de Arcos, cuando, fascinado por la actuación de los Ballets Rusos de Diaghilev en su debut español en Madrid, en 1916, aceptó el encargo que éste le hizo para convertirla en lo que sería El sombrero de tres picos que, con Ansermet dirigiendo, decorados de Picasso y esos legendarios Ballets Rusos con Leonid Massine como coreógrafo y bailarín principal, causarían sensación en Julio de 1919 en Londres y catapultarían al compositor a la fama mundial.

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