Wunderhorn, Wunderorchester, Wunderdirektor

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Pocas orquestas dispondrán de una sección de trompas y de un solista tan bueno como Jose M. Asensi, capaces de afrontar el difícil reto que supone interpretar el Konzertstück compuesto por Schumann para sus instrumentos. Y así lo reconocieron los prolongados aplausos del público, rendido desde la brillante fanfarria de presentación y premiado con un impresionante arreglo del Libertango de Piazzolla. Pero la orquesta y Lopez-Cobos habían decidido sumarse al homenaje a sus trompistas dando lo mejor de sí mismos y la sesión fue para no olvidar. Continuar leyendo

Schumann: Pieza de concierto para cuatro trompas

José M. Asensi, Carlos Balaguer, Emilio Climent y Martín Naveira. OSCyL, Jesús López Cobos
16 y 17 de Marzo de 2017

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Para los compositores alemanes del siglo XIX, el sonido de la trompa evocaba un ambiente de magia, el heroísmo o la fantasía estrechamente vinculados al el espíritu romántico de su época. Robert Schumann usó prominentemente la trompa en algunas obras. La más importante es su Konzertstück para cuatro trompas y orquesta, compuesta en 1849. Esta obra es esencialmente un concierto con cuatro solistas, y Schumann le dio el tradicional formato de concerto en tres movimientos con el patrón rápido-lento-rápido.

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Grandiosa Consagración de la primavera

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Faltan ojos para disfrutar lo bonito que está el campo en esta primavera y faltaban oídos anoche para hacerlo con la sensacional interpretación que hizo la OSCyL de La consagración de la primavera, uno de esos acontecimientos que quedan incorporados para siempre a la memoria de los afortunados oyentes. Y no fue gratuito que, al acabar, Eliahu Inbal señalase la partitura de Stravinsky, que no sólo abrió una puerta sino que se mantiene como una cima insuperada y seguramente insuperable de la historia de la música,  algo que resulta patente cuando un instrumento como la OSCyL es manejado por un director como él en un auditorio como el de Valladolid. Desde el impecable y delicioso fagot de Salvador Alberola hasta el corno de Juan M. Urbán, desde el pizzicato de los violines y el brutal ritmo impuesto por las cuerdas graves hasta los trinos de los piccolos, el aleteo de las tubas y la brutal percusión, toda la orquesta, con Inbal marcando el ritmo y controlando magistralmente las dinámicas, se mostró a un altísimo nivel, literalmente escalofriante en algunos pasajes de esta intensísima y abrumadora composición. Inbal, visiblemente feliz, mostró un especial interés en compartir los aplausos con el concertino Juraj Cizmarovic, que ya en la primera parte había dado muestras de su enorme calidad.

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