Sibelius: Sinfonía nº 5 (2*)

OSCyL, Andrew Gourlay
7 y 8 de Febrero de 2015

Sibelius compuso tres versiones de esta obra entre 1915 y 1919, y dirigió el estreno de la última el 21 de octubre de 1921 en Helsinki. Está orquestada austeramente: vientos dobles, metales sin tuba, timbal y cuerdas. A tiempo para su 50 cumpleaños, que Finlandia celebró como una fiesta nacional, Sibelius había completado y dirigido una primera versión de su Quinta Sinfonía, en cuatro movimientos, sorprendentemente más larga que la versión final y comparativamente rudimentaria. Solo la parte de las cuerdas graves sobrevivó a una revisión comenzada inmediatamente después del estreno. Aún no satisfecho, Sibelius la repensó y reestructuró durante dos años. Lo que resultó se ha convertido en la más popular de sus siete sinfonías: un triunfo de la inventiva estructural y una validación de la música no programática cuando los Lisztianos de todas las tendencias, especialmente Richard Strauss y Gustav Mahler, estaban deconstruyendo el arte “absoluto”.

Roger Dettmer, allmusic.com

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Dvorak: Concierto para violonchelo (2*)

Alban Gerhardt. OSCyL, Andrew Gourlay
3 y 4 de Octubre de 2019

Hanus Wihan y Antonin Dvorak

Con su Concierto para violonchelo en si menor, Op.104, Antonín Dvořák creó una de las mejores obras de la historia en el género. Sin embargo, curiosamente, Dvořák había escrito en 1865: “El cello es un instrumento hermoso, pero su lugar está en la orquesta y en la música de cámara. Como instrumento solista no es muy bueno. He escrito un concierto para violonchelo, pero aún hoy lo lamento, y no pienso escribir otro nunca”. Este curioso comentario se refiere en realidad a un Concierto para violonchelo en la mayor que Dvořák compuso durante las primeras etapas de su carrera. Inspirado por su amor por Josefina Cermakova y pensado para su cercano amigo Ludevít Peer, que también tocaba en la orquesta del Teatro Provisional, la obra se dejó sin orquestar y únicamente existió como partitura para piano. Fue sólo ante la implacable insistencia de su amigo personal, el famoso violonchelista Hanuš Wihan, que Dvořák volvió a abordar un concierto para violonchelo casi 30 años después. Dvořák estaba en su tercer mandato como Director del Conservatorio Nacional de Nueva York cuando el 8 de noviembre de 1894 empezó a trabajar en el concierto en si menor, completándolo el 9 de febrero de 1895. Sin embargo, Wihan no quedó del todo satisfecho y propuso varias mejoras, incluidas dos cadenzas adicionales. Dvořák no quiso saber nada de ello y escribió a sus editores: “Te entrego mi obra solo si me prometes que nadie, ni siquiera mi amigo Wihan, hará modificación alguna sin mi conocimiento y permiso. Su estructura será como la he sentido y pensado cuidadosamente. El final debe cerrarse gradualmente con un diminuendo como una respiración… luego hay un crescendo, y la orquesta se encarga de los últimos compases, terminando tormentosamente. Esa fue mi idea, y no voy a echarme atrás”. Wihan interpretó el concierto en privado con Dvořák, pero debido a una serie de intrigas y malentendidos, la obra se estrenó el 19 de marzo de 1896 en Londres, ¡con Leo Stern como solista!
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Rimsky-Kórsakov: Capricho español

OSCyL, Roberto González-Monjas
13 y 14 de Junio de 2019

“Era mi propósito que el Capriccio brillase con un deslumbrante color orquestal y, evidentemente, no me he equivocado”, escribió Rimsky-Korsakov en su autobiografía, titulada Mi vida musical. La obra, completada en el verano de 1887, fue un éxito instantáneo que comenzó incluso antes del estreno: Los músicos de la orquesta de la Ópera Imperial de San Petersburgo aplaudieron cada sección durante el primer ensayo. Luego, en la primera representación, un público entusiasta exigió que toda la pieza se repitiera inmediatamente.

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García Abril: Tres escenas del ballet La gitanilla

OSCyL, Roberto González-Monjas
13 y 14 de Junio de 2019

«…en vez de priorizar como compositor sus razones, materiales y sistemas (…), Antón García Abril ha priorizado al oyente (…), no exige a quien la escucha sino la misma y sola generosa receptividad –no exenta de conocimiento pero no condicionada al mismo– que necesita toda percepción artística. En suma, su estilo, el de la “audibilidad”, permite un imprescindible reencuentro del artista de hoy con el público de su tiempo que la mayor parte de las vanguardias del siglo XX hicieron huir condenando al común de los aficionados musicales o bien a una delectación artística “más o menos” de segunda fila (…) o al refugio seguro en el clásico repertorio histórico». (Álvaro Zaldívar)

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