Sibelius: Sinfonía nº 1

Joven Orquesta Nacional de España, Manuel Hernández Silva
17 de Enero de 2017

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“La primera sinfonía es la música enérgica de un hombre joven.  El joven Sibelius no era débil, la música contiene toda la locura y la rabia del hombre”.
Osmo Vänskä

Jean Sibelius suele ser considerado, como la mayoría de los compositores nórdicos, como nacionalista, aunque esta misma descripción no parece aplicarse nunca a Richard Wagner, que tenía nociones mucho más definidas y peligrosas de nacionalidad que sus colegas del norte. Sibelius también se percibe como alguien muy interesado en representar el paisaje de su patria, lo que ha llevado a los críticos a encontrar en sus obras imágenes musicales de los bosques, el frío e incluso el silencio. Su última gran obra orquestal, Tapiola, ha sido adoptada por los ecologistas como una metáfora de la actual preocupación por la destrucción de la naturaleza.

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Turina: Danzas fantásticas (2)

Joven Orquesta Nacional de España, Manuel Hernández Silva
17 de Enero de 2017

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Turina escribió rápidamente dos versiones de sus Danzas fantásticas, la más íntima para piano y la orquestal. Esta última es la más conocida, con el color y la dimensión sinfónica que imprime a la música de baile. Los tres movimientos se hallan acompañados en la partitura por citas de la novela La orgía de José Más, autor de unos cuentos ambientados en Sevilla. La primera, Exaltación, se basa en una jota aragonesa, aunque transformada en algo de mayor profundidad. Ensueño trae a la vida el corazón emocional de la obra; es un romance poético que mezcla elementos andaluces melódicos con el ritmo vasco del zorcico. Orgía es una brillante farruca andaluza, cuyas giros melódicos evocan el flamenco. Las Danzas fueron interpretadas por primera vez por la Filarmónica de Madrid el 13 de febrero de 1920, bajo la dirección de Bartolomé Pérez Casas.

Enrique Martínez Miura, notas en la grabación de la OSCyL con Max Grabado para Naxos.

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Mussorgsky: Cantos y danzas de la muerte

Egils Silins. OSCyL, Vladimir Fedoseyev
17 y 18 de Noviembre de 2016

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Los Cantos y danzas de la muerte son un ciclo de cuatro canciones que Mussorgsky compuso en 1870 sobre poemas de Arseny Golenishchev-Kutuzov, un pariente lejano cuyo nombre ha pasado a la posteridad gracias a esas piezas en las que describe la muerte de un niño, la de un joven, la de un alcoholizado y la de un soldado. Compuestas para voz y piano, el propio Mussorgsky tenía intención de orquestarlas, pero esa labor fue llevada a cabo doce años después por Glazunov y Rimsky-Korsakov y más tarde, en 1962 por Shostakovich, para la soprano Galina Vishnevskaya*, un trabajo que más adelante daría pie a su Sinfonía nº 14. Y aunque posteriormente han escrito nuevas orquestaciones autores como Denisov, Aho y el español Ramón Lazkano, es la de Shostakovich, adaptada para bajos o barítonos, la que más a menudo se escucha.

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Mussorgsky: Amanecer sobre el río Moscova (Khovanshchina)

OSCyL, Vladimir Fedoseyev
17 y 18 de Noviembre de 2016
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Mussorgsky mencionó por primera vez el preludio de la ópera en una carta de agosto de 1873: “La Introducción (amanecer sobre Moscú, maitines con el canto del gallo, la patrulla, la retirada de las cadenas) y las primeras entradas en la acción ya están preparadas, pero no escritas”. El manuscrito (en partitura para piano) esta datado más de un año después, el 4 de septiembre de 1874. Este lentísimo ritmo de composición afectó a todo el proyecto, y Mussorgsky nunca completó el final del segundo acto y sólo dejó bocetos del  quinto. Del preludio hay versiones orquestales de Rimsky-Korsakov y de Shostakovich, ambos de los cuales “completaron” la ópera de Mussorgsky. Estructuralmente, se sustenta en un proceso de transformación temática en el que el material escuchado tras una breve figura ascendente introductoria, se desarrolla para representar las escenas descritas por Mussorgsky en su carta. La pacífica atmósfera parece no inquietarse por la historia que está a punto de desarrollarse en el transcurso de la ópera, lo que resalta el hecho de que la naturaleza y los acontecimientos de la vida cotidiana, regulados por el repique de las campanas de la iglesia, siguen su curso independientemente de las maquinaciones de la política.

John Mangum, Los Angeles Philharmonic

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Smetana: El Moldava

3 y 4 de Noviembre de 2016
OSCyL, Andrew Gourlay

“Por el canto se llega al corazón; por el corazón, a la patria” Esa era la divisa de los músicos bohemios en los años de juventud de Smetana, cuando poco podía imaginar que iba a pasar a la historia como el padre de la música checa, y que un día, siguiendo el modelo de su admirado Franz Liszt, iba a componer un conjunto de poemas sinfónicos que pueden considerarse el paradigma de la música nacionalista. O que, más de cien añosdespués, en la ciudad de Praga se iba a organizar cada primavera un festival de música clásica que comenzaría siempre con la interpretación de esa obra el día del aniversario de su muerte. Pero si hubiese conocido el futuro, también habría sabido que el destino le iba a hacer compartir la trágica suerte de Beethoven, porque con cincuenta años y de forma mucho más rápida que él, iba a quedarse completamente sordo. “Si mi enfermedad es incurable, preferiría ser liberado de esta vida”, escribió en su diario: Vivió diez años más y fue en ese período de forzada tranquilidad impuesta por la sordera cuando compuso los seis poemas sinfónicos que, evocando la naturaleza, la historia y las leyendas de su país, forman el ciclo Ma vlast (Mi patria). Y en el que se halla la más popular de sus  partituras, la dedicada al rio Moldava (Vltava), que el propio Smetana describió asi:

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