Sibelius: En Saga

20 y 21 de Abril de 2017
OSCyL, Andrew Gourlay

Esta es una de las primeras obras orquestales de Sibelius, y rebosa de energía juvenil. Es también un trabajo altamente atmosférico, claramente evocador de la amada Finlandia del compositor, de su gente, su orgullosa historia, su campo y sus paisajes. El título (sueco, no finlandés, que significa “Un cuento de hadas”) sugiere que es una obra programática, y de hecho parece que hay una “historia” musical presente; el compositor, sin embargo, nunca identificó ninguna inspiración extra-musical específica.

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Falla: El amor brujo

6 y 7 de Abril de 2017
Marina Heredia. OSCyL, Antoni Ros-Marbà

EI Amor Brujo fue el primero de los dos ballets de Manuel de Falla: Lo inició en Noviembre de 1914 (poco después de su regreso a Madrid tras un período de siete años en París, donde mantuvo un estrecho contacto con Debussy, Dukas y Ravel) a instancias del dramaturgo Martínez Sierra y la bailarina gitana andaluza Pastora lmperio, y lo concluyó en Abril de 1915. La versión original, orquestada para quinteto de cuerda, flauta, oboe, trompa, trompeta y piano, fue interpretada por primera vez el 15 de abril en el Teatro Lara, bajo la dirección de Moreno Ballesteros, pero el ballet no fue un éxito; de hecho, la prensa criticó la partitura por su falta de españolidad, una asombrosa aseveración si se tiene presente que, aunque realmente no se usan canciones populares, su música está radicalmente influenciada por las soleares, seguiriyas, polos y martinetes andaluces que le había cantado a Falla la madre de Pastora lmperio, Rosario la Mejorana. Siguieron otras representaciones en Barcelona, pero en 1916 Falla arregló la obra para gran orquesta, y en esa forma, con y sin canciones, fue interpretada con gran éxito en Madrid. La versión revisada se presentó por primera vez en el Teatro de las Artes de París en 1925.

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Falla: Suite n° 2 de El sombrero de tres picos

6 y 7 de Abril de 2017
OSCyL, Antoni Ros-Marbà
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Telon para El sombrero de tres Picos (Picasso)

En 1914, poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Manuel de Falla conoció en París a Serguei Diaghilev, el fundador de los Ballets Rusos. El empresario propuso al músico que realizase una versión para ballet de la obra para piano y orquesta Noches en los jardines de España. Falla se opuso y se comprometió a escribirle una obra de nuevo cuño sobre la novela de Pedro Antonio de Alarcón, El sombrero de tres picos, a lo que Diaghilev aceptó encantado. Brevemente, Alarcón describe, con fino humor, el asedio amoroso de un corregidor a una joven molinera, bella y casada.

En 1917, Falla estrenó La molinera y el corregidor, primera versión del “Tricornio” que no era propiamente un ballet, sino una pantomima para canto y mimo con textos de María Lejárraga firmados por su marido Gregorio Martínez Sierra. Este “mimo drama” se amplía, tal como el compositor se había comprometido, a ballet. Así, en 1919, la “trouppe” de Diaghilev estrena, en el Teatro Alhambra de Londres, El sombrero de tres picos, con decorados y trajes de Pablo Picasso.

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Sibelius: Sinfonía nº 2

OSCyL, Jesús López Cobos
30 y 31 de Marzo de 2017

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Sibelius es más interesante como compositor que como nacionalista. En última instancia, las cualidades que dan a su música su propio y bastante singular estilo -las vigorosas sonoridades y abruptas texturas, y el raro pero irresistible modo con que su música avanza- es el producto de su genio musical, no de su herencia finesa. Es cierto que, de pequeño, manifestó un sostenido interés en el Kalevala, la epopeya nacional finlandesa, y que conocía, amaba, y en ocasiones recordaba sus canciones populares natales cuando componía. Pero ni siquiera aprendió finlandés hasta su juventud (se crió en un ambiente doméstico en que se hablaba sueco), y su patriotismo fue alimentado no tanto por un paisaje y un orgullo innato como por haber entrado por su matrimonio en una poderosa y políticamente activa familia. Es precisamente porque la música de Sibelius no es obviamente nacionalista (en el sentido de las postales) por lo que es tan particularmente  profunda y evocadora, además de eterna y universal.

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Dvorak: Sinfonía nº 6

OSCyL, Jesús López Cobos
16 y 17 de Marzo de 2017

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Como prácticamente todos los compositores del siglo XIX -independientemente de su origen o nacionalidad- Antonin Dvořák (1841-1904) era profundamente nacionalista en muchos aspectos. De hecho, era expresamente patriótico en lo relativo a los derechos de lo checos en el Imperio Habsburgo dominado por Alemania, y muchas de sus obras vocales y programáticas expresaron explícitamente sentimientos de orgullo nacional. Sin embargo, entre los grandes compositores del siglo XIX, sus tendencias musicales cosmopolitas probablemente sólo fueron igualadas por Liszt y Tchaikovsky. Dvořák viajaba con frecuencia, lo que incluyó una estancia prolongada en los Estados Unidos, y muchas de las características de su lenguaje musical que supuestamente muestran signos claros de “nacionalismo” son inequívocas expresiones musicales de internacionalismo. De hecho, sus composiciones fueron duramente criticadas por la crítica musical checa, y fue menos publicado en Bohemia que en el extranjero. En el caso de Dvořák, la historiografía musical ha exagerado enormemente la división entre los compositores nacionalistas de Europa del Este y los otros compositores clásicos de Alemania, Francia e Italia. Aunque elementos del folclore eslavo, inspirados por su estudio de las colecciones populares comenzaron a impregnar su lenguaje musical en sus primeras etapas, Dvorak hizo de Johannes Brahms su ídolo musical. Y la adoración a su héroe musical se hizo patente en las composición de sus 6 ª y 7ª sinfonías, que datan de 1880 y 1885, respectivamente.

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Falla: El corregidor y la molinera

María Mezcle y Compañía de Danza Española Aída Gómez. OSCyL, Gordan Nikolic.
23 y 24 de Febrero de 2017

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Un molinero vive en su molino en amor y en compañía de su esposa, la linda molinera, a quien adora y quien le corresponde a pesar de ser él corvado y nada hermoso. Un noble señor, depositario del pósito en el romance, corregidor en la novela, se enamora de la molinera y, con engaños, aleja durante la noche al esposo para poder lograr satisfacción de su pecaminoso deseo. La trampa del enamorado y la venganza del marido que, ofendido, quiere vengar su agravio agraviando a su vez al ofensor, forman el asunto del romance en el que todos los malos propósitos se logran, y de la novela, en la cual el agudo ingenio de Alarcón los frusta todos y hace triunfar la moral sin quitar al asunto nada de su graciosa picardía. Los autores de esta farsa mímica han seguido más de cerca la versión de Alarcón que la del viejo y desenfadado romance, y han dispuesto el asunto en dos cuadros. (María Martínez Sierra, documento mecanografiado, Archivo Manuel de Falla)

El corregidor y la molinera es la pantomima que Manuel de Falla estaba componiendo a partir de una obra teatral de Martínez Sierra, basada en la famosa novela de Pedro Antonio de Alarcón, inspirada a su vez en el viejo romance El molinero de Arcos, cuando, fascinado por la actuación de los Ballets Rusos de Diaghilev en su debut español en Madrid, en 1916, aceptó el encargo que éste le hizo para convertirla en lo que sería El sombrero de tres picos que, con Ansermet dirigiendo, decorados de Picasso y esos legendarios Ballets Rusos con Leonid Massine como coreógrafo y bailarín principal, causarían sensación en Julio de 1919 en Londres y catapultarían al compositor a la fama mundial.

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