Antológica séptima de Bruckner con Inbal

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Como un chamán, “al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de esta, de manera que no responden a una lógica causal”, Eliahu Inbal hizo que la OSCyL extrajera y entregase anoche toda la emoción que contiene la que para muchos es la mejor obra de Bruckner, su Séptima Sinfonía. Antes, acompañando a Stefan Schilli, la pequeña orquesta del Concierto para oboe de Richard Strauss no había sonado tan ajustada ni brillante, pese a lo que el aristocrático encanto de esa obra tan bien elegida para acompañar la Séptima, sedujo al Auditorio. Pero con Bruckner, dirigida con sabiduría, convicción y naturalidad desde la altura física y vital de Eliahu Inbal, la OSCyL respondió con otra de esas ejemplares interpretaciones que nos hacen conscientes del lujo de que disfrutamos. Pocas veces se habrá podido disfrutar tanto de los contrastes dinámicos y emocionales y de tanta belleza como contiene su primer movimiento, de un adagio que sonó como una amorosa y dolorosísima canción de cuna, de la fuerza de su scherzo. Pocas veces habrá sido narrada la obra de Bruckner con tanto equilibrio, dosificando la intensidad de cada pasaje hasta conducirnos, emocionalmente exhaustos pero vivos, a esa especie de trágico aquelarre que pareció anoche su última evocación a Wagner. Pocas veces el sentimiento de gratitud es tan intenso y prolongado.

Bruckner: Sinfonía nº 7

10 y 11 de Febrero
OSCyL, Eliahu Inbal
La llegada de Bruckner al cielo (Otto Bóhler)

La llegada de Bruckner al cielo (Otto Böhler)

Bruckner tenía sesenta años cuando saboreó por primera vez un éxito de público. Las ovaciones que recibió tras el estreno de su Séptima sinfonía duraron quince minutos y la prensa no sólo se quedó extasiada, sino también perpleja ante el descubrimiento de este talento maduro. A pesar de que Bruckner nunca más disfrutó del fácil éxito de su Séptima Sinfonía, desde ese momento fue reconocido como uno de los pocos compositores cuya obra exigía atención, y su nombre se hizo rápidamente tan famoso como el de sus contemporáneos, Brahms y Wagner.

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Richard Strauss: Concierto para oboe

Stefan Schilli. OSCyL, Eliahu Inbal
10 y 11 de Febrero de 2017

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El Concierto para oboe (1945-1946) de Strauss data de las etapas finales de la carrera del compositor. Fruto de la experiencia de toda una vida, es considerado como una de las mejores obras jamás compuestas para este instrumento. Strauss lo escribió a sugerencia de John De Lancie, un soldado americano y oboísta profesional que estuvo acuartelado en Garmisch al final de la Segunda Guerra Mundial.  Aunque De Lancie grabó el concierto y lo interpretó a lo largo de su carrera como oboísta principal de la Philadelphia Orchestra, el trabajo fue estrenado por Marcel Saillet en Zurich el 26 de febrero de 1946.

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