Gourlay dirige unos memorables cuadros

Entre los méritos que Andrew Gourlay acumule a lo largo de su carrera profesional, habrá que incluir los ganados esta semana con la OSCyL, en un programa vinculado a la pintura. El primero, haber incitado la recuperación de los archivos de audio de la parte del sintetizador de la Sinfonia n° 6, “Vincentiana” de Rautavaara, cuya destrucción accidental, según ha explicado él mismo antes de iniciar su intérpretación, habían impedido escucharla en directo desde que fue presentada en Helsinki en 1992. Con lo que el público de Valladolid ha podido disfrutar del reestreno mundial de esta interesantísima obra, a cuya partitura sólo se le podría reprochar la falta de asideros que mantengan la atención durante el largo viaje astral del primer movimiento, aunque quizás la orquesta y la dirección hayan tenido responsabilidad en esa percepción. En ese sentido, tampoco los violines del raveliano vals del tercer movimiento se han oído con la intensidad y expresividad debida, pero esos serían los únicos peros a un estupendo y difícil trabajo, con momentos de excepcional lirismo y una magnífica representación de los cuervos y los fantasmas que poblaban los cuadros y la mente de Van Gogh.

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Mussorgsky: Cuadros de una exposición

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

Tableaux d'une exposition

No es probable que el arquitecto y pintor ruso Viktor Hartmann hubiese pasado a la historia, si Mussorgsky, su amigo y cómplice en la defensa del arte ruso, no hubiese compuesto una Serie de diez piezas para piano evocando la exposición organizada con su obra tras su prematura y súbita muerte. Pero también es cierto que buena parte de la enorme popularidad de los Tableaux d’une exposition se debe al atractivo de la música de programa, a la relación entre la música y unas estampas en este caso, y por tanto, a la existencia de Hartmann y de esa amistad.

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Rachmaninov: La isla de los muertos

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

Rachmaninov vio por primera vez la popular pintura de Arnold Böcklin, La Isla de los Muertos, en una reproducción en blanco y negro el año 1907 en París. Y se quedó tan fascinado por esa misteriosa imagen, con el solitario bote portando un ataúd hacia la isla,  que empezó a escribir sobre él casi de inmediato, sin siquiera esperar a ver el original a todo  color. Cuando más tarde viajó a Leipzig para ver una de las cinco versiones diferentes que Böcklin pintó de La Isla de los Muertos, comentó que nada podía igualar su primera impresión. Incluso sugirió que tal vez nunca habría compuesto La isla de los muertos si hubiera visto esa pintura primero. (El cuarto lienzo de Böcklin fue destruido en la Segunda Guerra Mundial, otra de las pinturas perteneció a Hitler durante muchos años, ahora se encuentra en la colección de la Galería Nacional de los Museos Estatales de Berlín).

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Rautavaara: Sinfonía nº 6, “Vincentiana”

OSCyL, Andrew Gourlay
4 y 5 de Mayo de 2017

La Sinfonía No. 6, “Vincentiana” (1992) del finlandés Einojuhani Rautavaara, fallecido el pasado 27 de julio, proviene de su ópera Vincent (1987), basada en la vida de van Gogh y tiene la peculiaridad de incorporar un sintetizador a la orquesta para representar los desvaríos mentales del artista, empleado siempre en los extremos de sus cuatro movimientos. Los títulos de estos aluden a pinturas y episodios de la ópera y la vida del artista: Noche estrellada y Los cuervos, los dos famosos cuadros; Saint Remy y Apoteosis, la población en la que se halla el sanatorio mental en el que se recluyó y el suicidio/triunfo final del artista.

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Estupenda D’Oustrac y estupenda OSCyL con Gourlay en otro concierto de cine

De cine, en el sentido figurado, porque la OSCyL, con Gourlay al frente, ha estado a su habitual altura, es decir, estupenda. Pero también en el real, porque el nexo que unía las obras programadas era el de pertenecer al mundo de los sueños, a la magia de los cuentos y las leyendas o a exotismos y paraísos lejanos; un mundo que, hoy, pertenece en gran medida al cine. Y si en aquellas míticas sesiones dobles teníamos las dos películas de rigor, pero también un No-do, muchas veces unos dibujos y siempre anuncios que también entretenían lo suyo, hoy han sido seis obras, seis, las que nos han hecho pasar un muy buen rato, uno de esos ratos que, Dios no lo quiera, si acabasen algún día, recordaríamos y valoraríamos quizás más aún de lo que hacemos ahora. Continuar leyendo