Falla: El corregidor y la molinera

María Mezcle y Compañía de Danza Española Aída Gómez. OSCyL, Gordan Nikolic.
23 y 24 de Febrero de 2017

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Un molinero vive en su molino en amor y en compañía de su esposa, la linda molinera, a quien adora y quien le corresponde a pesar de ser él corvado y nada hermoso. Un noble señor, depositario del pósito en el romance, corregidor en la novela, se enamora de la molinera y, con engaños, aleja durante la noche al esposo para poder lograr satisfacción de su pecaminoso deseo. La trampa del enamorado y la venganza del marido que, ofendido, quiere vengar su agravio agraviando a su vez al ofensor, forman el asunto del romance en el que todos los malos propósitos se logran, y de la novela, en la cual el agudo ingenio de Alarcón los frusta todos y hace triunfar la moral sin quitar al asunto nada de su graciosa picardía. Los autores de esta farsa mímica han seguido más de cerca la versión de Alarcón que la del viejo y desenfadado romance, y han dispuesto el asunto en dos cuadros. (María Martínez Sierra, documento mecanografiado, Archivo Manuel de Falla)

El corregidor y la molinera es la pantomima que Manuel de Falla estaba componiendo a partir de una obra teatral de Martínez Sierra, basada en la famosa novela de Pedro Antonio de Alarcón, inspirada a su vez en el viejo romance El molinero de Arcos, cuando, fascinado por la actuación de los Ballets Rusos de Diaghilev en su debut español en Madrid, en 1916, aceptó el encargo que éste le hizo para convertirla en lo que sería El sombrero de tres picos que, con Ansermet dirigiendo, decorados de Picasso y esos legendarios Ballets Rusos con Leonid Massine como coreógrafo y bailarín principal, causarían sensación en Julio de 1919 en Londres y catapultarían al compositor a la fama mundial.

La obra primitiva, libre de los deseos y necesidades de Dhiagilev y Massine y orquestada para una pequeña formación en la que cada personaje tiene su instrumento (dieciocho músicos dirigidos por Joaquín Turina la estrenaron en 1917), coincide más con el auténtico espíritu de Falla y sus objetivos, como explica   George-Albrecht Eckle en las notas de la grabacion de Lopez Cobos y Teresa Berganza para Claves:

La pantomima coincide infinitamente mejor con el carácter y la intención de de Falla, pues es un arte alusiva: el arte de la representación muda, no sólo de incidentes, sino de diálogos. Esta intención coincide perfectamente con la cualidad fundamental del compositor, a saber, su discreción. Y discretos son los medios usados por Falla en El corregidor y la molinera. En realidad, más que de “versión original” de “El sombrero de tres picos” debiera hablarse de una versión en filigrana, dado que por la forma en que se emplea la orquesta, recuerda a la música de cámara. La obra está escrita para un pequeño conjunto que consta de flauta (y flautín), oboe, clarinete, fagot, trompa, quinteto de cuerda completo y piano, instrumentos solistas que caracterizan a cada uno de los personajes sin caer en la ilustración, pues el trabajo de la orquesta es aludir, sugerir, no ilustrar. De este modo evoca los conocidos bailes usando elementos de la música folclórica española o juega con famosas citas clásicas, como los primeros compases de la Quinta de Beethoven, muy nítidamente expuestos [19:36], o ironizando con el inicio del último movimiento de la Primera de Beethoven  [32:11] que en sí mismo es ya muy humorístico.  Toda la paleta de colores del folclore español que se exhibirá en la partitura del ballet se halla ya esbozada en la música de la pantomima; no hay instrumentos de percusión, no hay instrumentos exóticos, sólo participa el piano y este hecho es significativo: Falla utiliza el piano para dibujar colores potenciales y la realidad del mundo sensible percibida desde un punto de vista espiritual.

Falla pensó en una partitura de música de cámara que estuviese en armonía con su discreción natural. Que esta forma de arte es, sin duda, el ideal de de Falla lo demuestra su magistral  Concierto para clave (1923-1926), respaldado por una flauta, un oboe, un clarinete, un violín y un violoncelo; el compositor logró realmente expresar su propia esencia de forma definitiva. La versión en filigrana, o quizás mejor decir la versión abstracta o metafísica que sustenta la magia profana del ballet, nos parece el lenguaje auténtico de Falla. Y es ese el lenguaje del creyente que Stravinsky ha calificado como “falto de humor” en un malentendido banal. La música del Corregidor prueba lo contrario. Las disposiciones testamentarias de Falla muestran que su meta era más noble que todo lo que el teatro pudo jamás expresar; en efecto, él quería restringir las representaciones teatrales de sus obras al mínimo, quería incluso prohibirlas, porque su música perseguía otro objetivo. Es así como el éxito mundial de “El sombrero de tres picos” supuso casi una tragedia personal para su autor.

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3 Comentarios

  1. Bonito y acertado texto. En esas citas a Beethoven hay bastante de humor con un punto de mala uva hacia la escuela germánica de la forma, del desarrollo motívico, etc. Falla se ve incluido en el “bando” de Cocteau, Stravinski… Tipos raritos todos ellos (Stravinski era el más normal…)

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    • ¿Quiere Ud. decir que se burlaba de Dios hijo? Pues sí que estaban crecidos los “raritos” 😀 (Si te pasas por la casa grande, podemos seguir la conversación con unos cafés de por medio)

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