Pinchas Zukerman hace honor a su leyenda y honra a la OSCyL con Brahms

OSCYL-PROGRAMA-09-15-16

Con un cantarín y delicioso violín en el Doble Concierto y una dirección vigorosa y cuidada de la Cuarta Sinfonía de Brahms, el viejo Pinchas Zukerman ha deslumbrado al público en su presentación en Valladolid. Viejo por conocido y por sabio, porque, por otra cosa, es el último calificativo que se puede aplicar a quien, cercano ya a los setenta, sigue teniendo la vitalidad de aquel joven que en los años setenta era ya un violinista indiscutible. Ha tocado como deben hacerlo los ángeles y ha dirigido con el conocimiento, entrega y atención que ponen los mejores profesionales, sorprendiendo a los que podíamos pensar que, siendo su segunda actividad, no iba a ser tan brillante. O que, a estas alturas, venía a cumplir con un trámite. Y de eso nada.

A su esposa, Amanda Forsyth, puede que le haya faltado algo de pasión en su parte del Doble concierto, pero lo menos que se puede decir de su interpretación es que ha sido muy pulcra y que ha contribuido, con un sonido precioso y potente, al difícil equilibrio que se ha logrado entre ambos instrumentos y la orquesta. La OSCyL ha respondido, como siempre que se la trata adecuadamente, muy bien, sólo el segundo movimiento ha resultado quizás algo lánguido. Pero lo mejor estaba por llegar, porque la Cuarta sinfonía, y muy especialmente su primer movimiento, ha sido apoteósica. Y para cuando, al poco de empezar, se ha producido un notorio desajuste en la orquesta, ya se sabía que ese patinazo no empañaba la magnífica interpretación que estábamos escuchando. Inolvidable la emocionante riqueza del final de ese movimiento, y la enérgica, limpia y minuciosa dirección de Zukerman, su control de las dinámicas y del tempo, su naturalidad y su fuerza. La personalidad de la orquesta de Brahms esté en los violines, y los de la OSCyL, han encontrado en su colega un magnífico líder, pero todas las cuerdas y todos los músicos de la orquesta han estado a su gran y habitual nivel. Aquí nadie debe temer por las siempre delicadas entradas de las trompas, y estamos ya acostumbrado a esos deliciosos diálogos entre flauta, clarinete y oboe. Y la OSCyL, cuyo nuevo director titular apenas se ha estrenado esta temporada, bajo batutas como la de Zukerman, sigue creciendo. Bravo, y muchísimas gracias, maestro: Hoy aún somos más Brahmsianos que ayer.

1 comentario

  1. Me llamó la atención la seriedad con la que vino a trabajar Zukerman. Nada que ver con lo de “violinista-leyenda-coleguita-bolo-“. Apuesto un euro a que le gustó el sonido de la orquesta desde el primer minuto de ensayo. Lo de Spinosi fue casi un experimento de tratar de cambiar el sonido de la OSCyL para hacerla sonar como su ensemble barroco… y no funcionó. Zukerman vino a trabajar con lo que hay, que es excelente. Y él, un director extraordinario. Fantástica su coordinación con Amanda Forsyth. Cosas mejorables… seguro, pero pesan mucho menos que el lujo de una música así interpretada.

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