Emelyanychev debió mostrar la partitura de Adams

OSCYL-PROGRAMA-10-15-16

El jovencísimo director recogió del atril la partitura de Adams, y cuando parecía que iba a mostrarla para que recibiese los aplausos del público, abandonó con ella la sala. Pero seremos muchos los que no recordaremos esa velada por su apellido sino por el del autor de esa tremenda y fascinante Harmoniehlere que nos tuvo clavados a las butacas del Delibes. Su belleza y su fuerza contrastaron de modo casi cruel con el Concierto para piano de Tchaikovsky que en la primera parte había interpretado Saleem Ashkar sin lograr transmitir mayores emociones, algo de lo que puede culparse a su disperso primer movimiento, pero también a una interpretación muy poco delicada del Andante, tanto por parte suya como de la orquesta. Mejor en el arrebatador movimiento final, el pianista correspondió a los grandes aplausos con una efectista y más lenta que auténticamente sensible lectura de la primera de las Escenas de niños de Schumann.

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Tchaikovsky: Concierto para piano y orquesta nº 1

Saleem Ashkar. Orquesta Nacional de España, Maxim Emelyanychev.
25 y 26 de Febrero de 2016

Portrait of composer piotr ilyich tchaikovsky in 1863. (Photo by: Sovfoto/UIG via Getty Images)

Aunque Tchaikovsky era ya un consumado compositor (había escrito ya sus dos primeras sinfonías, un cuarteto de cuerda y dos poemas sinfónicos notables, obras todas exitosas y perdurables), todavía buscaba la aprobación de mentores como Balakirev y Nicolás Rubinstein. En la Nochevieja de 1874, tocó el concierto para Rubinstein (el solista previsto) en un aula vacía. Rubinstein reaccionó con una cascada de descalificaciones, hecha famosa por el propio recuerdo de Tchaikovsky, que abandonó la sala desesperado. Al cabo de un rato, Rubinstein le fue a buscar y le detalló una lista de cambios que debía hacer en un tiempo determinado si quería que lo interpretase él. A lo que Tchaikovsky respondió, según dejó escrito él mismo: “No voy a cambiar una sola nota, y voy a publicar el concierto tal como está ahora.” Y siguió en sus recuerdos: “Y eso es lo que hice.” (*) Bueno, no del todo. Aunque realmente no hizo cambios sustanciales, sometió el concierto a cambios menores antes de imprimirlo, como sucede con la mayoría de las composiciones. El estreno recayó en Hans von Bülow, quien lo tocó por primera vez en Boston, el 15 de octubre de 1875. El público se quedó extasiado y exigió una repetición de todo el movimiento final. Von Bülow volvió a traer el concierto a Europa, donde se incorporó rápidamente al repertorio de otros grandes pianistas; incluso Rubinstein empezó a interpretarlo en 1878. Desde entonces, ha sido un gigantesco éxito, prácticamente el epítome del concierto para piano romántico.

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