Beethoven: Sinfonía nº 5 (3*)

OSCyL, Andrew Gourlay
5 y 6 de Marzo de 2019

Ludwig van Beethoven, uno de los mejores compositores de la tradición musical occidental, revolucionó prácticamente todas las formas y géneros musicales en los que compuso. Su Sinfonía “Eroica” transformó ese género; sus 32 sonatas para piano permitieron el desarrollo de la música para piano desde las piezas geniales de finales del siglo XVIII hasta las colosales obras maestras de Liszt y Schumann; y su ópera Fidelio encarnó las virtudes de la libertad y la igualdad que transformaron Europa durante su vida.

Beethoven comenzó a trabajar en la Quinta Sinfonía poco después de completar la Tercera; de hecho, las ideas que usaría en la Quinta y Sexta Sinfonías ya habían aparecido en su cuaderno de bocetos para la Tercera. Dejó de trabajar en la Quinta en 1806 para escribir lo que luego se convirtió en su Cuarta Sinfonía. Y mientras trabajaba en la Quinta sinfonía también completó el Cuarto Concierto para piano, el Concierto para violín, el Triple Concierto, la Misa en do y la ópera Fidelio. Cuando reanudó el trabajo con la Quinta, empezó con una nueva sinfonía, la “Pastoral”. Ambas tuvieron su primera presentación el 22 de diciembre de 1808, en un megaconcierto desafortunado que también incluyó piezas vocales, así como los estrenos de la Fantasía coral y el Concierto para piano nº 4, con el compositor en su última aparición pública como solista.

Quizás la concisión es más difícil que la expansión. Mientras la Tercera Sinfonía expandió explosivamente las dimensiones del género hacia un horizonte casi geográfico, la Quinta comprime todos esos avances entrelazados de forma y contenido en un espacio mucho más compacto. El primer movimiento es el más corto en todas las sinfonías de Beethoven, totalmente vigorizado por esa famosa apertura de cuatro notas.

Este motivo rítmico de cuatro notas era una obsesión para el compositor en ese momento, apareciendo en otras obras y circulando a lo largo de ésta, a veces claramente en la superficie, otras veces insinuado en las profundidades de la textura.

El segundo movimiento es un conjunto de variaciones sobre dos temas. La primera es una dulce canción para las violas y violonchelos; la segunda transforma esa canción en una jactanciosa marcha que traen las trompetas y los timbales, rara vez escuchados en los movimientos lentos de la era clásica.

El scherzo trae el motivo rítmico de nuevo al primer plano,

 

solo para desaparecer en una fuga casi cómica.

Beethoven enlazó el scherzo con el finale con una asombrosa transición que genera una gran anticipación sobre los insistentes timbales

 

y estalla en una luz resplandeciente con el final y sus grandiosamente amplias aspiraciones, en el que Beethoven amplía el rango sonoro de la orquesta con la introducción de flautín, tres trombones y contrabajo por primera vez en la literatura sinfónica. Y completa esta heroica apoteosis con una coda monumentalmente triunfal.

John Henken. LAPhil

-♦-

 

(*) Notas de la temporada 15-16, aquí; de la temporada 16-17, aqui.

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