Sibelius: Sinfonía nº 5 (2*)

OSCyL, Andrew Gourlay
7 y 8 de Febrero de 2015

Sibelius compuso tres versiones de esta obra entre 1915 y 1919, y dirigió el estreno de la última el 21 de octubre de 1921 en Helsinki. Está orquestada austeramente: vientos dobles, metales sin tuba, timbal y cuerdas. A tiempo para su 50 cumpleaños, que Finlandia celebró como una fiesta nacional, Sibelius había completado y dirigido una primera versión de su Quinta Sinfonía, en cuatro movimientos, sorprendentemente más larga que la versión final y comparativamente rudimentaria. Solo la parte de las cuerdas graves sobrevivó a una revisión comenzada inmediatamente después del estreno. Aún no satisfecho, Sibelius la repensó y reestructuró durante dos años. Lo que resultó se ha convertido en la más popular de sus siete sinfonías: un triunfo de la inventiva estructural y una validación de la música no programática cuando los Lisztianos de todas las tendencias, especialmente Richard Strauss y Gustav Mahler, estaban deconstruyendo el arte “absoluto”.

Roger Dettmer, allmusic.com

Ya en 1912, Sibelius  había hablado de la obra como algo apocalíptico, explicando que se veía a sí mismo en un profundo valle, con la montaña que debía ascender ante él: “Dios abre su puerta por un momento y su orquesta toca mi Quinta Sinfonía”. Estructuralmente, la obra está estrechamente entrelazada. En su primera forma tenía cuatro movimientos, mientras que en la versión final los dos primeros forman uno sólo. Este se abre con unas expansivas trompas,

seguidas por el viento-madera en terceras y una entrada retrasada de las cuerdas, que acrecientan la tensión con su tremolo a medida que la música avanza hacia el segundo tema. El centro del movimiento ocupa el lugar de un scherzo, con un tema de trompeta solista, como la contrapartida de una recapitulación.

El segundo movimiento son variaciones de un tema en Sol mayor, su melodía de apertura es presentada por un pizzicato de las cuerdas con las flautas en terceras, y proporciona una unidad rítmica a la música, a medida que se mueve de lo idílico a lo apasionado.

El gigantesco final comienza con la laboriosa actividad de las cuerdas, tras lo que emerge con toda su fuerza el bien conocido tema que domina el movimiento, con un tema secundario de acompañamiento en el viento madera.

Keith Anderson. Naxos.

 -♦-

Notas de la temporada 2014-15, aquí

 

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