Beethoven: Las criaturas de Prometeo

OSCyL, Roberto González-Monjas
29 y 30 de Noviembre de 2019

En 1800, Beethoven todavía era un Viena un extranjero que trataba de establecer su reputación en la corte. El ballet Las criaturas de Prometeo fue su primer encargo importante. Se estrenó en Marzo de 1801, y logró un discreto éxito entonces, alcanzando las veinte representaciones en una primera temporada y trece en la segunda, pero ninguna posteriormente. La obertura, que rápidamente adquirió una vida independiente, apareció impresa en 1804, y sigue siendo la única parte del ballet que se interpreta con frecuencia. Tiene sus raíces en las técnicas y tradiciones del siglo XVIII, y poca relación con el resto del ballet.

Dado que el texto original y la coreografía se perdieron, la historia, basada libremente en la mitología griega, solo puede reconstruirse parcialmente. Habla de Prometeo, un espíritu exaltado que, al parecerle ignorante la gente de la época, hace dos estatuas de un hombre y una mujer para darles vida. Las lleva luego al Monte Parnaso, donde varios personajes de la antigüedad las instruyen en las ciencias y las artes. El argumento, afortunadamente, se desvía considerablemente del mito, en el que Zeus castiga a Prometeo por elevar al hombre al rango de los dioses encadenándolo a una roca donde un buitre le visita diariamente para comerse su hígado en constante regeneración. Desafortunadamente, las rígidas convenciones del teatro vienés no encajaban con el espíritu rebelde de Beethoven, y no se le volvió a encargar ningún ballet.

En el gran final [29:20], Beethoven usó un tema que empleó inmediatamente después en sus Contredanses (WoO 14 , No. 7), y otras dos veces más adelante: Como tema de las Variaciones para piano, Op. 35, y en el movimiento final de su Sinfonía No. 3, “Heroica”.

Joseph y Elizabeth Kahn

El video no es el del ballet competo, sino de una Suite de Concierto en cuatro movimientos con la adición de la conocida Obertura en versión de concierto.

2 Comentarios

  1. Ha sido una suerte haber escuchado esta obra por primera vez. La OSCyL se lleva bien con González-Monjas y viceversa. Experimento no convincente el de los monólogos. La megafonía en los auditorios, lo que toca lo j*de.

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    • Y bien j*dido. Pero además el texto era profuso, confuso, difuso y más bien pedante… “the rest is silence”… por favor… Una cosa mas sencillita puede que no hubiese quedado tan mal. Pero Bethoven bien ha valido la misa, aunque sea el pre-heroico. El sello propio no falta, pero me recordaba mucho a Mozart… Bella vita militar!
      Creo que también tienes razón en el amor recíproco. Ojalá llegue a concretarse en algo…

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