Tchaikovsky: Sinfonia nº 5 (2*)

OSCyL, Pinchas Stenberg
18 y 19 de Octubre de 2019

En 1876, Nadezhda von Meck, viuda de un propietario de ferrocarriles fabulosamente rico, se encontró por primera vez con la música de Pyotr Illyich Tchaikovsky. Este inicial encuentro musical se convirtió rápidamente en una relación de mecenazgo que duraría casi 14 años. Von Meck proporcionó al compositor unos ingresos anuales fijos y sustanciales, pero insistió en evitar en su relación todo contacto personal. En consecuencia, su sociedad se mantuvo exclusivamente por correspondencia, y cuando accidentalmente coincidieron en dos ocasiones, ambos huyeron apresuradamente en direcciones opuestas. Esta relación, en la que se trataban mutuamente como figuras idealizadas y despersonalizadas, les proporcionó una interacción físicamente remota pero emocionalmente comunicativa y fructífera. En su extensa correspondencia, discutieron abiertamente de política y asuntos exteriores, y revelaron sin vergüenza detalles personales íntimos, excepto, por supuesto, asuntos de naturaleza sexual.

En una carta fechada el 22 de junio de 1888, Tchaikovsky expresaba su sincera frustración por el declive de su pericia musical, pero al mismo tiempo la informaba de que estaba trabajando en una nueva sinfonía. Aunque había compuesto varias obras sinfónicas en los años intermedios, había pasado más de una década desde que terminó su cuarta sinfonía. “Estoy terriblemente ansioso por demostrar no solo a los demás, sino también a mí mismo”, escribió, “que todavía no he acabado como compositor”. Y tratando de encontrar una forma única y original de dar unidad a su quinta sinfonía, Tchaikovsky usó un motto –originario de la ópera de Mikhail Glinka Una vida por el zar– que se escucha en cada uno de los cuatro movimientos de la sinfonía. “El comienzo fue difícil”, escribía Tchaikovsky, “ahora, sin embargo, la inspiración parece haber llegado… He tenido que extraerla de mi embotado cerebro, y me parece que no he cometido ningún error, que ha ido bien”. El resultado final fue una obra que “plasma con mayor unidad y alcance una forma más simétrica”. Solo el final fue considerado poco convincente, y los eruditos sugirieron que “fatalmente estropea una espléndida sinfonía que estaba demostrando lo convincentemente que podía Tchaikovsky crear ahora una obra sinfónica a gran escala con absoluta garantía técnica y equilibrio estructural, pero totalmente personal en su expresión”.

En la prolongada y portentosa introducción lenta del primer movimiento, el clarinete presenta tristemente el motto en forma de marcha fúnebre. Las cuerdas bajas brindan un sombrío telón de fondo hasta que la introducción se apaga gradualmente y la orquesta se detiene.

El clarinete y el fagot se combinan para tocar un tema melancólico y elegante, con el apoyo de un acompañamiento de marcha que inicia el “Allegro” propiamente dicho.

Después de una reformulación en fortissimo y una breve transición, los violines presentan una doliente melodía que finalmente pasa a toda la orquesta. El desarrollo se caracteriza por un extenso tratamiento secuencial, y después de repetir la exposición, el movimiento vuelve al sombrío estado de ánimo de la apertura.

Una atmósfera musical desoladoramente lúgubre acoge al oyente en el “Andante”. Sin embargo, la trompa emerge finalmente con una llamativa y seductora melodía.

Esta melodía, delicadamente apoyada por clarinetes y oboes, es brutalmente interrumpida por el tema del moto anunciado por vigorosos redobles de los timbales.

Acordes de pizzicato en sordina restauran rápidamente el orden, y los violines finalmente retoman la melodía de la trompa.

Aunque el tercer movimiento “Scherzo” se clasifica como un vals, está en modo menor. Graciosos y algo melancólicos, varios interludios separan las repeticiones del vals,

y en la coda, los vientos graves interrumpen el baile con una fantasmal exposición del motto.

El “Final”, a su vez, presenta la transformación gradual del tema del motto desde el carácter fúnebre con que aparece en el movimiento de apertura, hasta el de una marcha triunfal.

Tchaikovsky dirigió el estreno en San Petersburgo en Noviembre de 1888, y posteriormente presentó la obra en Europa con una gira de conciertos en 1889.

Georg Predota– Interludio

(*) Notas de la temporada 2015-16, aquí.

 

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