Dvorak: Concierto para violonchelo (2*)

Alban Gerhardt. OSCyL, Andrew Gourlay
3 y 4 de Octubre de 2019

Hanus Wihan y Antonin Dvorak

Con su Concierto para violonchelo en si menor, Op.104, Antonín Dvořák creó una de las mejores obras de la historia en el género. Sin embargo, curiosamente, Dvořák había escrito en 1865: “El cello es un instrumento hermoso, pero su lugar está en la orquesta y en la música de cámara. Como instrumento solista no es muy bueno. He escrito un concierto para violonchelo, pero aún hoy lo lamento, y no pienso escribir otro nunca”. Este curioso comentario se refiere en realidad a un Concierto para violonchelo en la mayor que Dvořák compuso durante las primeras etapas de su carrera. Inspirado por su amor por Josefina Cermakova y pensado para su cercano amigo Ludevít Peer, que también tocaba en la orquesta del Teatro Provisional, la obra se dejó sin orquestar y únicamente existió como partitura para piano. Fue sólo ante la implacable insistencia de su amigo personal, el famoso violonchelista Hanuš Wihan, que Dvořák volvió a abordar un concierto para violonchelo casi 30 años después. Dvořák estaba en su tercer mandato como Director del Conservatorio Nacional de Nueva York cuando el 8 de noviembre de 1894 empezó a trabajar en el concierto en si menor, completándolo el 9 de febrero de 1895. Sin embargo, Wihan no quedó del todo satisfecho y propuso varias mejoras, incluidas dos cadenzas adicionales. Dvořák no quiso saber nada de ello y escribió a sus editores: “Te entrego mi obra solo si me prometes que nadie, ni siquiera mi amigo Wihan, hará modificación alguna sin mi conocimiento y permiso. Su estructura será como la he sentido y pensado cuidadosamente. El final debe cerrarse gradualmente con un diminuendo como una respiración… luego hay un crescendo, y la orquesta se encarga de los últimos compases, terminando tormentosamente. Esa fue mi idea, y no voy a echarme atrás”. Wihan interpretó el concierto en privado con Dvořák, pero debido a una serie de intrigas y malentendidos, la obra se estrenó el 19 de marzo de 1896 en Londres, ¡con Leo Stern como solista!

El “Allegro” de apertura se desarrolla a partir de dos temas principales, el primero de los cuales nos es presentado por clarinetes y fagots. Aumentando gradualmente de intensidad, una feroz y detallada exposición deja paso a regañadientes a un pasaje pastoral de puente que anuncia una melodía esencialmente pentatónica escuchada por primera vez en la trompa solista [2:16]. Dvořák tenía a este segundo tema como uno de sus favoritos personales. El solista entra con una interpretación casi improvisada del primer tema [3:48], pero en vez de seguir con el carácter pastoral, convierte el tema de apertura en una animada canción popular. Después de una extensa elaboración del segundo tema por parte del solista, crecen unas fanfarrias [7:53] que señalan  el inicio de un desarrollo basado en sustanciales expansiones temáticas. El segundo tema reaparece repentinamente en una explosión de sonido [12:00], y el movimiento llega a su contundente conclusión con una reformulación completa del primer tema.

En el largo “Adagio”, Dvorák cita su propia canción “Déjame solo”, favorita de una cuñada que había enfermado cuando componía del concierto. Después de que los vientos de madera, ocasionalmente acompañados por el solista, entonen solemnemente una melancólica introducción, la melodía de esa canción emerge como un coral para tres trompas [3:00]. Imponiendo el respeto de una oración musical, la música deriva suavemente hasta un largo y pacífico ocaso.

Modelado en forma de rondó, el “Allegro moderato” final se abre enérgicamente con una breve introducción orquestal. El violonchelo solo toca una modificación del tema principal del movimiento de apertura, contrastándolo con el nuevo material ofrecido por la orquesta. Alternando tiernos pasajes con enérgicas interjecciones, el movimiento fluye suavemente hacia un triste epílogo [9.40] que recuerda la apertura del primer movimiento y la citada canción del movimiento lento [11:30]. Una vez que el violonchelo solista ha ofrecido su contemplación final, la orquesta al completo lleva triunfalmente la música al mundo espiritual.

Al escuchar este concierto, Johannes Brahms dijo: “Si hubiera sabido que era posible componer un concierto para violonchelo así, ¡lo habría intentado yo mismo!”

Georg Predota

*Notas de la temporada 2015-16, aquí.

 

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