Respighi: Concierto Gregoriano para violín y orquesta

Albena Danailova. OSCyL, Antoni Wit
6 y 7 de Junio de 2019

Teatro Augusteo de Roma, donde el 5 de Febrero de 1922 se estrenó el Concerto Gregoriano

El Concierto Gregoriano es la más substancial de las obras de Respighi en esa forma (que incluyen además dos conciertos para piano, un par de obras anteriores para violín y el Concerto a cinque para cinco solistas y cuerdas) y es el único que se ha librado del olvido casi total. Fue compuesto durante un verano particularmente satisfactorio en 1921 y estrenado a  inicios del siguiente año. A pesar del compromiso del violinista Mario Corti y el director Bernardo Molinari (ambos incondicionales paladines de Respighi durante muchos años), el estreno no fue un gran éxito. La audiencia de Roma lo aplaudió educadamente pero sin entusiasmo, una amarga decepción para el compositor, que valoraba muy positivamente la obra. Ambas reacciones son bastante comprensibles. Un público habituado al espectáculo, al color y a la audacia, se quedo muy desconcertado ante este ensayo predominantemente meditativo y nada teatral, muy alejado tanto en el efecto como en la intención del dramatismo gladiatorio de los conciertos estándar del romanticismo tardío, a pesar de su notablemente conservador idioma.

En vez de dar al solista el papel de un matadragones, Respighi concibió al violinista como un cantor/sacerdote y a la orquesta como su congregación. El propio Respighi era un consumado violinista y su escritura para ese instrumento es siempre soberbiamente idiomática. La parte del solista no es en ningún modo fácil, pero el virtuosismo absoluto es evitado en todo momento; de hecho, la obra puede ser entendida  en cierto modo como un manifiesto anti-virtuosismo. Su efusión de lirismo es la obra de un melodista nato (por entonces Respighi estaba trabajando en su quinta ópera, Belfagor) y su hábil orquestación revela un artesano de primera categoría. Mientras que nunca, quizás, se aprovecha tan conspicuamente del canto medieval como su título “gregoriano” podría sugerir (aunque parte del material proviene del gran repertorio anónimo del canto llano), debe mucho de su obvio aroma arcaico a la influencia de los modos eclesiásticos medievales, que carecen de muchas de las tensiones dinámicas internas de los sistemas de escalas mayores y menores que han dominado la música occidental durante cuatro siglos.  En consonancia con unos materiales intrínsecamente no dramáticos, los dos primeros movimientos de la obra están ambos marcados andante. Y solo llevan a un vigoroso allegro en el expansivo finale: Un esquema condenado, por si mismo, a perder la atención de una audiencia acostumbrada a que le sirvieran en bandeja impactantes aperitivos, a pesar de que ambos Andantes estén salpicados de episodios más vivos.

Jeremy Siepmann, Notas de la grabación de Lydia Mordkovitch y la BBC Philarmonic con Sir Edward Downes (Chandos)

-♦-

Albena Danailova nació en Sofía en el seno de una familia musical y empezó a los cinco años los estudios musicales que completaría en Alemania, llamando la atención del público cuando, en 2008, se convirtió en la primera mujer concertino en la historia de la Opera Estatal de Viena, como sería luego también la primera en ese puesto en la Filarmónica de Viena.

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