Mozart: Concierto para piano nº 13

Iván Martín. OSCyL, Reinhard Goebel
23 y 24 de Mayo de 2019

Durante los primeros años de Mozart en Viena, una de sus principales fuentes de ingresos fueron los conciertos de abono.  Para tales conciertos, componía generalmente conciertos para piano, lo que le permitió exhibir su excepcional facilidad con el teclado.  Entre 1782 y 1786, los años en que dio más conciertos, Mozart escribió 15 conciertos para piano y orquesta, casi todos para su propio uso, unas obras que han llegado a representar el ideal clásico del género.

Evidentemente, Mozart compuso sus primeros conciertos de Viena, K. 413-415, muy rápidamente.  En una carta del 28 de diciembre de 1782 a su padre, Mozart mencionaba las tres obras proyectadas, señalando que solo una estaba terminada.  El 15 de enero de 1783, la Wiener Zeitung anunció los conciertos, con las partes para viento opcionales, disponibles en manuscrito.  A su padre, Mozart le describió estos tres conciertos como “un feliz punto medio entre lo demasiado fácil y lo demasiado difícil; son muy brillantes, agradables al oído y naturales, sin ser insulsos”.

Orquestado para piano, cuerdas y parejas de oboes, fagots, trompetas y timbal, el Concierto en Do mayor se inició a finales de 1782 y se completó a principios del año siguiente.  Fue impreso en 1785 por Artaria en Viena como Op. 4, No. 3. (Los K. 414 y K. 413, se publicaron como Op. 4, Nos. 1 y 2, respectivamente.) Aunque el material del concierto en Do mayor es convencional, el tratamiento formal que Mozart le da es a menudo audaz.

Los ritmos militares dominan los compases iniciales del primer movimiento, que comienza con la tradicional exposición orquestal.  Para el solista, Mozart reserva material nuevo, mezclándolo con el tema de apertura, que sigue siendo propiedad de la orquesta.  El ritornello de desarrollo central se abre con el primer tema, un procedimiento que Mozart no utilizó en ninguno de sus otros conciertos para piano.  A lo largo de este gran espacio central, la parte de piano mantiene un elevado nivel de virtuosismo en un contexto de interjecciones orquestales.  La mayoría de las cadencias escuchadas en las grabaciones son las escritas por el propio Mozart.

Mozart había planeado un Adagio en Do menor como movimiento central, pero optó por un Andante en Fa mayor.  Sin embargo, pasajes del movimiento en Do menor abandonado sobreviven en las secciones en Adagio del Finale.  La orquesta presenta el Andante, deteniéndose en la dominante antes de que entre el solista, replanteando el material de apertura.  Al prescindir de trompetas, el movimiento adquiere un sonido más cálido y sutil que el de sus vecinos.

El final es en forma sonata-rondo con una doble exposición, la primera de las cuales se mantiene en Do mayor, un rasgo típico de los primeros movimientos de los conciertos, pero inusual en los finales. 

Entre una y otra exposición, se halla un Adagio en Do menor [20:19], pasaje que vuelve a interrumpir el progreso del movimiento durante la recapitulación [25:25], justo antes de la última presentación del tema principal en la parte del piano.  El patrón resultante crea un formato de rondo ternario, ABACABA, mientras que las modulaciones y el desarrollo del material siguen la característica forma de sonata.  Mozart altera la sección de rondo (A) con cada aparición, ya sea desarrollando uno de sus tres temas o reemplazando uno o más de ellos con una nueva idea.

John Palmer, allmusic.com

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Iván Martín (Las Palmas de Gran Canaria, 1978)

Iván Martín (Las Palmas de Gran Canaria, 1978)

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