Bruch: Concierto para violín n.º 1

Pinchas Zukerman. OSCyL, Andrew Gourlay
1 y 2 de Marzo de 2019

No sería del todo exacto etiquetar a Max Bruch de one-hit wonder (artista de un sólo éxito), pero su Concierto para violín en sol menor es responsable de casi todas sus apariciones en las salas de concierto. Otras dos piezas de Bruch para instrumento solista con orquesta aparecen ocasionalmente en los programas: el Kol Nidrei para violonchelo y la Fantasía Escocesa para violín. De hecho, escribió bastantes piezas para violín y orquesta, entre ellas dos conciertos para violín completos, y de cuando en cuando habría que volver a visitar sus tres sinfonías, además de sus obras de cámara y composiciones corales. Sin embargo, si la producción de Bruch se redujera al Concierto en Sol menor, su reputación apenas cambiaría.

Fue un trabajo relativamente temprano, comenzado tentativamente en 1857 pero compuesto en su mayor parte entre 1864 y 1866, mientras Bruch ejercía de director de música en la corte de Koblenz, Alemania. El concierto se estrenó en abril de 1866, con Otto von Königslow como solista, pero Bruch decidió inmediatamente reescribirlo, empezando por enviar su partitura al eminente violinista Joseph Joachim. Este respondió que la pieza le parecía “muy violinística”, ofreciéndole sin embargo muchos consejos específicos tanto para la parte solista como para la orquestal. Bruch adoptó muchas de las sugerencias de Joachim, y ambos pusieron pronto a prueba la pieza en una sesión orquestal privada. Siguió alguna enmienda posterior, y finalmente el concierto se presentó en su forma definitiva en Bruselas en Enero de 1868. Algunos años más tarde, Bruch escribió a su editor:

Entre 1864 y 1868 reescribí mi concierto al menos media docena de veces, y consulté con x violinistas antes de que adoptara la forma final en la que es universalmente famoso y se interpreta en todas partes.

Puede que exagerase, pero no demasiado. Empezó a hablarse del nuevo concierto y pronto se incorporó a los repertorios de otros violinistas destacados de la época, entre ellos Ferdinand David (quien había estrenado el Concierto para violín en Mi menor de Mendelssohn), Henri Vieuxtemps y Leopold Auer, quienes no solo interpretaron la obra ellos mismos, sino que también lo impulsaron entre sus estudiantes como Mischa Elman, Efrem Zimbalist y Jascha Heifetz.

La correspondencia entre Bruch y Joachim durante las revisiones de la obra son una interesante lectura. Bruch le expresó sus dudas respecto a llamar concierto a la pieza, y en su lugar planteó etiquetarla como una “fantasía”. Joachim respondió:

En cuanto a sus dudas, me complace decirle que el título de “concierto” me parece plenamente justificado; para llamarla “fantasía”, los dos últimos movimientos están en realidad demasiado asimétricamente desarrollados.

De hecho, el primer movimiento dista de ser ortodoxo en el contexto de los conciertos del siglo XIX. Se abre con un solemne preludio en el que el solista, tocando en un estilo algo improvisado, se alterna con la orquesta. Luego, el movimiento procede de manera más o menos “adecuada” en forma de sonata hasta el punto en que cabría esperar que comenzara el desarrollo.

Pero ahí termina el movimiento, o más bien, se desvanece sin ruptura en el extático movimiento lento.

El Concierto en Sol menor ayuda a llenar la curiosa brecha que existe en la comprensión de la música germánica del siglo XIX, que destaca a los compositores de la “lista A” a expensas de maestros menores. ¿Qué ha escuchado Vd. recientemente de Hermann Goetz, Otto Nicolai o Fernando Hiller, por sacar de la chistera tres compositores muy estimables? Bruch era intrínsecamente conservador, y era su destino permanecer a la sombra de Brahms, que era   cinco años mayor. Brahms fue sin duda un compositor superior, pero Bruch estuvo a menudo muy inspirado y era francamente original. Es difícil pasar por alto la similitud entre las aperturas de los terceros movimientos del Concierto para violín en Sol menor de Bruch y el Concierto para violin en Re mayor de Brahms,

pero debe señalarse que el primero precedió a este último en una década. Joachim también estrenaría esa obra, pero cuando le pidieron opinión de los cuatro conciertos alemanes más famosos en su repertorio, Beethoven, Mendelssohn, Bruch y Brahms, insistió en que el de  Bruch era “el más rico y seductor”.

Notas de un programa de la New York Philarmonic.

-♦-

Uno de los más grandes violinistas del mundo (The New York Times)

Pinchas Zukerman es una leyenda viva del violín, a la altura de los amigos que evoca su nombre, los también judíos Zubin Metha, Daniel Barenboim e Itzhak Perlman, con los que formaba un clan jocosamente bautizado “Kosher nostra“, en el que también se integró Jacqueline du Pré al casarse con Barenboim, artistas todos que tampoco requieren presentación. Toca además la viola y es también director de orquesta, hallándose desde 1998 al frente de la Orquesta del Centro Nacional de las Artes de Canadá. Su violín es el “Dushkin” de Guarnerius del Gesù.

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s