Bizet: La Arlesiana, Suites 1 y 2

OSCyL, Josep Pons
13 y 14 de Diciembre

L’Arlesienne.
Estampa de Adrien Marie para el drama de Alphonse Daudet.

Cuando Alphonse Daudet escribió su clásico literario “L’Arlesienne”  (“La chica de Arles”), es poco probable que imaginase que iba adquirir cierta notoriedad, superior a la de sus otras obras. Daudet, aunque era un contemporáneo de Dickens, tenía más en común con un personaje dickensiano que con su buen autor. Su vida trágica, su temprana promiscuidad, su posterior parálisis sifilítica, su controvertido activismo social, su antisemitismo y algunas otras características específicas de Daudet lo convierten en un personaje poco memorable, y tal vez nadie lo recordaría, si Bizet no lo hubiera incorporado a su producción.

Daudet escribió esa pequeña novela en 1869, como parte de una colección titulada “Cartas desde un molino de viento”, con un argumento fiel al verismo. Una mujer ha sido infiel antes del matrimonio y, de manera característica, el resultado final incluye traición, celos y un suicidio. En 1871, pidieron a Daudet que rehiciera la historia en una obra de tres actos, para la que Bizet escribió 27 escenas. Tres años antes de su muerte y tres años antes de Carmen, su Magnum Opus, las 27 escenas se habían condensado cuatro concisas delicias musicales que se conocen como Suite No. 1, estrenada el 10 de noviembre de 1872.

La tragedia de la temprana muerte de Bizet resulta aún más conmovedora por el hecho de que, como Mozart, nunca supo hasta donde llegaría su influencia. Nunca supo lo exitosa que iba a ser Carmen. Nunca supo que los musicólogos lo considerarían como ese pivote histórico que llevaría la ópera al verismo. Simplemente estaba componiendo, con un ardiente amor por el teatro y por cómo capturarlo en la música. Cuando fracasó en la Ópera Francesa, se atribuye a Camille Saint-Saens haber dicho a Bizet: “Como allí no nos quieren, vamos a refugiarnos en la sala de conciertos”. La respuesta de Bizet es crítica para comprender su mentalidad y darse cuenta de su legado. “Debo tener un escenario. ¡Sin eso, no soy nada!”

El legado que Bizet dejaría a la corriente del “realismo” se observa en los diálogos hablados de Carmen. Sabemos que esto no fue bien recibido, que no fue bien interpretado en el estreno, saboteado a la vez por el director y por el elenco, y que se consideró tan fuera de lo normal como para justificar cualquier burla. Ahora todos admitimos que la ópera progresa con la ventaja teatral que le da el diálogo real. Ahora todos nos damos cuenta de que el formato de Bizet consistía en proporcionar viñetas perfectas de música para cada escena, creando una verdadera fuerza motriz con una música absolutamente entroncada ​​con el momento teatral. Bizet tomó la ópera francesa de los refinados números de Meyerbeer y la entregó al franco y poderoso corazón de Verdi y Puccini, aunque fue Ernest Guiraud quien escribió todos esos recitativos. Ciertamente, en los primeros 50 años de las representaciones de Carmen, las adiciones y enmiendas de Guiraud contuvieron a un mundo que no estaba dispuesto a aceptar lo que Bizet estaba ofreciendo. Como arreglista y titiritero detrás de las Suites de Carmen, no es de extrañar que la orquestación de la Suite No. 2 de “L’Arlesienne”, presentada cuatro años después de la muerte de Bizet, en 1879, también sea enteramente  obra de Guiraud, En cualquier caso, estas extraordinarias viñetas son una música excelente. Hay algo maravillosamente cálido y abierto en el sonido de Bizet. No es solo un fenómeno de orquestación, también es un tamborileo en la psique del hombre corriente.

Al igual que Handel en relación con Bach, 120 años antes, él creó un sonido irresistible mientras escribía ostensiblemente la misma música que sus contemporáneos. Su Sinfonía en Do mayor, junto con el resto de sus cuadros orquestales, demuestra que hubiera sido también un buen compositor orquestal si no se hubiera encadenado espiritualmente al escenario.

Apoyando mi opinión sobre el particular encanto de Bizet, es apropiado terminar con esta valoración del gran Nietzsche, con la que es imposible no estar de acuerdo. “Su música tiene el sabor de los climas soleados, su aire arrollador, su claridad. Expresa una sensibilidad hasta ahora desconocida por nosotros.”

Zane Dalal
Suite nº 1
00:23 Preludio
06:54 Minueto
10:00 Adagietto
13:38 Carrillón
Suite nº 2
17:42 Pastoral
23:33 Intermezzo
28:40 Minueto
33:02 Farándula

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s