Dvorak: Sinfonía nº 7

OSCyL, Nuno Coelho
22 y 23 de Noviembre de 2018

Antonín Dvořák con su esposa Anna en Londres, 1886

La sinfonía nº 7 en re menor de Dvorák, compuesta en 1884-5, refleja su maestría en el lenguaje de la tradición clásica y ocupa una posición especial al ser, en su contenido, la más profunda y apasionada de sus sinfonías, mostrando muy pocas trazas de las características del compositor nacionalista. El 22 de Diciembre de 1884, escribía a un amigo: “Ahora estoy muy ocupado con mi nueva sinfonía para Londres y dondequiera que vaya no puedo pensar en otra cosa que en mi obra, que debe lograr conmover al mundo y, Dios mediante, lo hará, pues mi lema es y será: ¡Dios, Amor y Patria! Y esto sólo puede conducir a un final feliz”

El primer movimiento, Allegro maestoso, se abre suavemente con un tema para violas y violonchelos sobre un pedal en contrabajos, trompas y timbales. Los clarinetes toman la frase acompañados de una trémula armonía en las cuerdas.

También hay un tema subsidiario más vigoroso, desarrollado extensamente por la orquesta, que conduce a un clímax fortísimo y al regreso del primer tema. Sigue una enrevesada sección de desarrollo, llena de tormentosos contrastes armónicos. El clímax de este intrincado y brahmsiano movimiento da paso a una elaborada coda.

El segundo movimiento, Poco adagio, alternativamente lírico y dramático, se abre con una musical melodía en los vientos de madera, acompañada por un pizzicato de las cuerdas. El primer tema es para flautas y oboes.

Los primeros violines y violonchelos tocan un expresivo segundo tema en octavas, lo que lleva a un desarrollo libre que no se encuadra en absoluto en el estilo tradicional. Una sección rica y cálida de los cellos trae de vuelta el primer tema, continuando con la riqueza de la orquestación escuchada a lo largo de todo el movimiento.

En el tema de apertura del Scherzo, Dvorák usa ritmos checos. El Trío, con predominio de vientos y cuerdas, es un interludio idílico antes del regreso de la primera sección.

Con una grave frase de apertura que suministra el germen para casi todo el material temático del movimiento, Dvorák se lanza al Final.

Esencialmente dramático en su carácter, el final es desarrollado con la destreza de un experimentado maestro.

Orpheus Music Prose y Craig Doolin.

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