Mahler: Sinfonía nº 9

OSCyL, Andrew Gourlay
30 de Noviembre y 1 de Diciembre de 2018

Empecemos por el final. La última página del último y cataclísmicamente lento movimiento de la Novena Sinfonía de Mahler es una de las casas encantadas poseidas por la muerte más famosas de la música orquestal, un momento en el que la música, lenta y dolorosamente, cierra la brecha existencial entre el sonido y el silencio, la presencia y la ausencia, la vida y la muerte. El último compás está incluso marcado, pianississimo, con una larga pausa -“ersterbend” (muriendo)- como si su mensaje no estuviera ya lo suficientemente claro.

A medida que las ideas musicales que dominan este movimiento, toda la sinfonía, e incluso otras obras de Mahler, se disuelven en el éter, volviéndose más lentas, más silenciosas, más vacías y más asombrosamente lánguidas y tenues en sonido y sustancia, se aportan argumentos para respaldar la opinión de Leonard Bernstein, compartida por muchos de sus colegas directores de orquesta y oyentes, de que esta música representa toda una serie de muertes. Ahí está la de Mahler, ya que esta fue su última sinfonía completa, después de haber presenciado la muerte de su hija y saber que su vida se hallaba en inminente peligro por el problema de su corazón. Ahí está la muerte de la tonalidad, que, en el contexto musical del año 1910, es señalada emblemáticamente por esta pieza. Incluso anuncia los estertores de la muerte en la cultura europea de la figura del artista como héroe.

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Dvorak: Sinfonía nº 7

OSCyL, Nuno Coelho
22 y 23 de Noviembre de 2018

Antonín Dvořák con su esposa Anna en Londres, 1886

La sinfonía nº 7 en re menor de Dvorák, compuesta en 1884-5, refleja su maestría en el lenguaje de la tradición clásica y ocupa una posición especial al ser, en su contenido, la más profunda y apasionada de sus sinfonías, mostrando muy pocas trazas de las características del compositor nacionalista. El 22 de Diciembre de 1884, escribía a un amigo: “Ahora estoy muy ocupado con mi nueva sinfonía para Londres y dondequiera que vaya no puedo pensar en otra cosa que en mi obra, que debe lograr conmover al mundo y, Dios mediante, lo hará, pues mi lema es y será: ¡Dios, Amor y Patria! Y esto sólo puede conducir a un final feliz”

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