Richard Strauss: Cuatro últimas canciones

4 y 5 de Octubre de 2018
Katherine Broderick. OSCyL, Andrew Gourlay.

Repartidas a lo largo de su vida, Richard Strauss compuso más de doscientas canciones, la primera a los seis años y la última a los 84, con un claro bache entre 1905 y 1917, los años en que, tras el éxito de Salomé, se concentró en la ópera. Entre las más excelsas, se hallan las publicadas póstumamente por el editor Ernst Roth bajo el título de Vier letzte lieder, “Cuatro últimas canciones”; cuatro canciones que no son realmente las últimas, pues en 1984 se halló el manuscrito de la auténticamente última Malven (Malvas) dedicada a una de sus sopranos favoritas, María Jeritza, “la querida María, esta última Rosa!” La etiqueta de “últimas” se ha seguido manteniéndo por la fuerza de la costumbre pero sin forzar demasiado la realidad, pues, al lado de ellas, Malven no pasa de la categoría de anécdota.

Aunque no fueron compuestas como un ciclo, lo forman de modo natural. Escritas para soprano y orquesta a lo largo de 1948, cuando Richard Strauss tenía 84 años, las cuatro ponen música a poemas del entonces proscrito Herman Hesse, salvo Im Abendrot, de Joseph von Eichendorff. Las cuatro tienen el denominador común de la proximidad de una muerte aceptada y casi deseable, las cuatro se situan en la naturaleza, las cuatro son para soprano, su voz preferida, la voz de su esposa Pauline de Ahna, en las cuatro destaca la nítida presencia de la trompa, el instrumento de su padre. Y las cuatro desbordan de emoción: Frühling (Primavera), una celebración de la vida con aires de despedida

Frühling
Primavera
In dämmrigen Grüften
En cavernas de penumbra
träumte ich lang
he soñado largamente
von deinen Bäumen und blauen Lüften,
en tus árboles y tu aire azul,
von deinem Duft und Vogelsang.
en tus aromas y en el canto de tus pájaros.
Nun liegst du erschlossen
Ahora yaces desplegada
in Gleiss und Zier
en esplendores y ornamentos,
von Licht übergossen
bañada de luz,
wie ein Wunder vor mir.
como un milagro ante mí.
Du kennest mich wieder,
Tú me reconoces,
du lockest mich zart,
me seduces tiernamente,
es zittert durch all meine Glieder
un escalofrío recorre todos mis miembros,
deine selige Gegenwart!.
con tu bendita presencia.

Beim Schlafengehen (Al irme a dormir), el deseo de un reposo en que quizás se pueda “vivir mil veces más intensamente”,

Beim Schlafengehen
Al irme a dormir
Nun der Tag mich müd gemacht,
Ahora que el día me ha fatigado,
soll mein sehnliches Verlangen
debe mi ardiente deseo
freundlich die gestirnte Nacht
acoger amigablemente la noche estrellada
wie ein müdes Kind empfangen.
como la recibiría un niño agotado.
Hände, laßt von allem Tun,
Manos, cesad toda actividad,
Stirn, vergiß du alles Denken,
Cabeza, olvida todo pensamiento,
alle meine Sinne nun
Todos mis sentidos ahora
wollen sich in Schlummer senken.
quieren sumergirse en el sueño.
Und die Seele unbewacht
Y el alma, sin vigilancia,
will in freien Flügen schweben,
quiere remontarse volando libre
um im Zauberkreis der Nacht
en el círculo mágico de la noche,
tief und tausendfach zu leben
para vivir mil veces más intensamente.

September (Septiembre), cronológicamente la última de las cuatro, en la que, después de haberse demorado “largamente entre las rosas” (lo que hace pensar en la “última rosa” que dedicaría a Jeritza) el compositor “cierra lentamente sus grandes y ya cansados ojos”,

September
Septiembre
Der Garten trauert,
El jardín está triste,
kühl sinkt in die Blumen der Regen.
la fría lluvia pesa sobre las flores.
Der Sommer schauert
El verano se estremece
Still seinem Ende entgegen.
Yéndose calladamente hacia su final.
Golden tropft Blatt um Blatt
Doradas gotean hoja tras hoja
nieder vom hohen Akazienbaum.
de lo alto de la acacia.
Sommer lächelt erstaunt und matt
El verano sonríe, sorprendido y cansado,
in den sterbenden Gartentraum.
en el sueño de los jardines que mueren.
Lange noch bei den Rosen
Largamente, entre las rosas
bleibt er stehen, sehnt sich nach Ruh.
se detiene todavía, desea el reposo.
Langsam tut er die grossen
Lentamente cierra sus grandes
müdgewordnen Augen zu.
y ya cansados ojos

y muy especialmente Im Abendrot (En el ocaso), compuesta la primera, antes de que, releyendo una nueva edición de los poemas de Hesse, pusiese música a otros tres poemas suyos. Aunque, de saber que iban a ser reunidas en un ciclo, quizás  también él la hubiera elegido para cerrarlo como hizo Ernst Roth y tal como se hizo ya en su estreno póstumo, con ese definitivo final del viaje: “Qué cansados estamos de vagar- ¿Será esto, acaso, la muerte?”

IM ABENDROT
Wir sind durch Not und Freude
gegangen Hand in Hand,
vom Wandern ruhen wir (beide)
nun überm stillen Land.
Rings sich die Täler neigen,
es dunkelt schon die Luft,
Zwei Lerchen nur noch steigen
nachträumend in den Duft.
Tritt her und lass sie schwirren,
bald ist es Schlafenszeit,
dass wir uns nicht verirren
In dieser Einsamkeit.
O weiter, stiller Friede!
So tief im Abendrot,
wie sind wir wandermüde-
ist dies etwa der Tod?
EL CREPÚSCULO
Con penas y alegrías,
mano a mano, hemos caminado.
Reposemos ahora de nuestros viajes,
en la tranquila campiña.
A nuestro alrededor se inclinan los valles,
ya la brisa se ensombrece.
Sólo dos alondras alzan todavía el vuelo
soñando de nuevo en el oloroso aire.
Acércate y déjalas trinar,
pronto será hora de dormir,
para que no podamos perdernos
en esta soledad.
Oh, inmensa y dulce paz,
tan profunda en la puesta de sol,
qué cansados estamos de vagar-
¿Será esto, acaso, la muerte?
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2 Comentarios

  1. Me pareció un acierto el enganchar Porgi amor con la última de las cuatro canciones de Strauss. El juego del factor sorpresa. Se produjo una sensación muy curiosa, al ser algo inesperado. No hubo brusquedad en el contraste de los estilos, sino un cambio muy sugerente y nada violento. Además, contando que Im Abendrot fue la primera que compuso el autor y que el orden no lo impuso él, me parece un juego perfectamente lícito.

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    • Sí, y de paso se evitaban unos aplausos de más. También sirvió para ver como una cantante puede cambiar según lo que interprete. Me parece a mí que Mozart no le iba nada a esta soprano, y en cambio, en esa primera de Strauss estuvo estupenda. Haría una buena Brunhilda… y me callo el chiste del caballo.

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