Richard Strauss: Cuatro últimas canciones

4 y 5 de Octubre de 2018
Katherine Broderick. OSCyL, Andrew Gourlay.

Repartidas a lo largo de su vida, Richard Strauss compuso más de doscientas canciones, la primera a los seis años y la última a los 84, con un claro bache entre 1905 y 1917, los años en que, tras el éxito de Salomé, se concentró en la ópera. Entre las más excelsas, se hallan las publicadas póstumamente por el editor Ernst Roth bajo el título de Vier letzte lieder, “Cuatro últimas canciones”; cuatro canciones que no son realmente las últimas, pues en 1984 se halló el manuscrito de la auténticamente última Malven (Malvas) dedicada a una de sus sopranos favoritas, María Jeritza, “la querida María, esta última Rosa!” La etiqueta de “últimas” se ha seguido manteniéndo por la fuerza de la costumbre pero sin forzar demasiado la realidad, pues, al lado de ellas, Malven no pasa de la categoría de anécdota.

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Mozart: Porgi Amor (Las bodas de Fígaro)

4 y 5 de Octubre de 2018
Katherine Broderick. OSCyL, Andrew Gourlay.

Al comienzo del segundo acto de Las bodas de Fígaro, Mozart presenta a la condesa Almaviva con una de sus arias más delicadas y graves, poniendo una pausa de seriedad en ese alegre y genial espectáculo. Se trata de una efectiva cavatina, sencilla y breve, que caracteriza perfectamente al personaje de la digna y enamorada esposa del infiel conde. La proporcionalmente muy larga introducción orquestal intensifica el efecto dramático y hace las veces de obertura; quizás Mozart pretendió también dar tiempo a que se acallara el público para que nadie se perdiera la exquisita entrada de la soprano con esa joya que es el Porgi, amor.

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Mozart: Obertura de El rapto en el serrallo

4 y 5 de Octubre de 2018
OSCyL, Andrew Gourlay

Cinco escasos pero deliciosos minutos de Mozart con la Obertura de El rapto en el serrallo, un “singspiel”  compuesto a instancias del emperador Jose II con el que  el joven artista iniciaba en Viena su carrera independiente y la revolución de la ópera alemana. De tema oriental, muy del gusto del público vienes, la música de su obertura es consecuentemente brillante y colorista, con participación del flautín, del triángulo y de bombos y platillos, pero con una sección central lenta, llena de melancolía,  alternancia característica de toda la obra de Mozart, que en la alegría y la despreocupación no dejaba casi nunca de incluir una pizca de hondura. Los aficionados pueden reconocer un eco anticipado de los compases iniciales del Crudel ! Perche finora farmi languir cosi de Las bodas de Fígaro en los de esa parte lenta [1:42]. Continuar leyendo