Brahms: Concierto para piano nº 2

Javier Perianes. OSCyL, Andrew Gourlay.
14 y 15 de Junio de 2018

Pasaron más de veinte años entre el Primer y el Segundo Concierto para piano de Johannes Brahms. Un perfeccionista crónico, Brahms había estado cinco años escribiendo borrador tras borrador de su Primer Concierto para piano, y se sentía prudentemente esperanzado acerca de su éxito. Tras una recepción algo decepcionante en Hanover, el estreno oficial en Leipzig fue un completo desastre. Aunque lo tocó bien, todos, incluso el director, odiaban su música. El compositor de 25 años trató de tomárselo con calma, y ​​le comentó a un amigo que “el fracaso no me ha causado ninguna impresión… Después de todo, por ahora solo estoy experimentando y encontrando mi camino”. Pero los silbidos del público y las brutales críticas lo dejaron conmocionado, y sus hábitos de trabajo se volvieron aún más laboriosos y autocríticos. En una carta a su íntimo amigo Joseph Joachim, juró: “El segundo sonará diferente”.

Cuando acabó el Concierto para piano n.°2, Brahms tenía 48 años y era el experimentado orquestador que había completado recientemente su Segunda Sinfonía. Llevaba tres años trabajando de modo intermitente en su Segundo Concierto al que sardónicamente se refería como una “pesada cruz “y un “prolongado terror”. En una carta de julio de 1881 a su amiga Elisabeth von Herzogenberg, su característica ironía era aún más pronunciada de lo habitual: “No me importa decirte que he escrito un diminuto, diminuto concierto para piano con una diminuta, diminuta pizca de scherzo”.

Debió sentirse reivindicado, si no sorprendido, cuando su Segundo Concierto para Piano provocó aplausos entusiasta en todas partes salvo en Leipzig, la recalcitrante ciudad de Wagner. Brahms había dejado de tocar el piano regularmente y ya no era un virtuoso -incluso sus más leales partidarios notaron el marcado declive en su habilidades como intérprete- pero de alguna manera, en varias sesiones, logró sacar adelante el Segundo Concierto, sin importarle sus muchos desafíos técnicos. Prolongándose durante casi 50 minutos, con cuatro movimientos en lugar de los tres estándar, el concierto exige una resistencia casi sobrehumana. Los primeros dos movimientos están llenos de dobles notas y acordes espinosos.

El tercer movimiento es tierno y deslumbrante, un dúo íntimo entre el chelo y el piano.

Como dice el pianista Stephen Hough, el Segundo Concierto parece “como una obra de cámara gigante, en la que las ideas musicales son un intercambio en lugar de una confrontación”.

Se supone convencionalmente que los conciertos son vehículos para los virtuosos. El Concierto para violín que Brahms había escrito para Joachim era, al menos para los solistas, “demasiado sinfónico”, y su Segundo Concierto para piano lo era aún más. Sin embargo, a pesar de su dificultad y su parecido con el Concierto “Emperador” de Beethoven, el Concierto en Si bemol no busca heroicas exhibiciones de destreza. Brahms entregó algunas de sus mejores melodías a los otros instrumentos: El radiante solo de trompa en el movimiento de apertura, el triste violonchelo y las suaves maderas del Andante. Correctamente interpretado, el concierto requiere una gran sensibilidad por parte del solista, que a menudo potencia los colores orquestales en vez de tronar por encima de ellos.

Brahms dedicó el Segundo Concierto a su antiguo profesor de piano de Hamburgo, Eduard Marxsen. Cuando a los 10 años empezó a estudiar con Marxsen, Brahms parecía encaminarse hacia una carrera como prodigio turístico, pero Marxsen vio en su alumno algo más que virtuosismo. Le enseñó a Brahms a escuchar, a sentir, a improvisar. Tomó un buen intérprete y lo ayudó a convertirse en un gran compositor.

René Spencer Salle, notas de un programa de la St. Louis Symphony Orchestra.

-♦-

Javier-PerianesEl onubense Javier Perianes, es uno de los pianistas españoles de mayor proyección del momento. Ha actuado en el Carnegie Hall de Nueva York, el Concertgebouw de Ámsterdam, Royal Festival Hall, Barbican y Wigmore Hall de Londres y el Suntory Hall de Tokio, dirigido, entre otros, por Lorin Maazel, Michael Tilson Thomas, Daniel Barenboim, Zubin Mehta y Rafael Frühbeck de Burgos. Artista exclusivo del sello Harmonia mundi, para quien acaba de grabar con Pablo Heras-Casado el Tercer concierto de Bartok, es para el crítico musical de The Telegraph “un pianista de impecable y refinado gusto, dotado de una extraordinaria calidez sonora”

 

Anuncios

Puedes dejar tu comentario aquí:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s