Tchaikovsky: Allegro moderato del Concierto para violín

Kotek con Tchaikovsky, 1877

El Concierto para violín en Re fue escrito en 1878 durante el período inmediatamente posterior a la huida de Tchaikovsky de su desastroso matrimonio. Para escapar, viajó a Francia, Italia y Suiza, donde se encontró con su viejo amigo, el violinista Joseph Kotek. Juntos tocaron la Sinfonía Española de Lalo, y la experiencia impulsó aparentemente a Tchaikovsky a ponerse a trabajar inmediatamente en un concierto. Los bocetos se completaron en solo once días y la partitura se completó en dos semanas más. Aunque Kotek le aconsejó en la parte solista, la obra fue dedicada al famoso Leopold Auer. (Kotek fue más tarde recompensado con otra dedicatoria.) Sin embargo, cuando llegó el momento de interpretar la pieza, tanto Kotek como Auer rechazaron la solicitud de Tchaikovsky para estrenarla, alegando que era imposible de tocar debido a las muchas dobles cuerdas, glissandi, trinos , saltos y disonancias. La primera interpretación se retrasó hasta el 4 de diciembre de 1881, cuando Adolf Brodsky la efectuó con la Filarmónica de Viena. Aunque algunos en la audiencia elogiaron la obra, el famoso crítico Eduard Hanslick opinó que en realidad despedía un “mal olor”. Pocos años más tarde, Auer alentaba a sus alumnos a que la estudiasen.

Mientras que Tchaikovsky apenas tuvo rival en lo relativo a la composición de obras líricas y dramáticas para la escena y la orquesta, nunca fue capaz de expresarse tan bien en el formato de concierto. Algunos escritores han sugerido que su permanente evitación de toda relación interpersonal estrecha, le hizo difícil afrontar la lucha personal que a menudo se halla en el corazón de un buen concierto romántico. Otros han apuntado a que era un compositor demasiado lírico para poder escribir una obra enérgica y dramática que enfrenta a un individuo contra todos los demás. Cualesquiera que sean las razones, su, por otro lado, gran catálogo contiene solo un célebre concierto para piano y un único concierto para violín.

La obra está llena de melodías líricas características de la canción folklórica eslava y rusa que tan a menudo se abre paso en los ballets de Tchaikovsky. A pesar de las dificultades de la parte solista, el violín se centra en la decoración del tema en lugar de presentar pasajes puramente técnicos. El segundo tema del primer movimiento ha sido citado a menudo como un ejemplo del mejor lirismo de Tchaikovsky. Ambos temas se escuchan ampliamente en la cadenza que dejó escrita en la partitura (*)

James Keays, Redlands Symphony

(*) Tremenda Cadenza en la que el violinista puede seguir acumulando méritos para los aplausos que pide también el enardecedor y rotundo final de ese movimiento, a menudo obtenidos del no avisado de forma comprensible y hasta más saludable que la represión impuesta por la norma. Lo que sería motivo más que suficiente para programar independientemente este redondo Allegro moderato, como es el caso, y poderlo así aplaudir a gusto.

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