Schoenberg: Noche transfigurada

OSCyL, Lucas Macías
19 y 20 de Abril de 2018

Para componer su “Noche transfigurada”, Schoenberg se inspiró en un poema narrativo de su contemporáneo Richard Dehmel. Es típico de su época por su febril intensidad expresionista. Una mujer está sola en un bosque. Está embarazada. Se encuentra con su amante y le dice que lleva en su vientre a un niño que no es de él. El conflicto se resuelve al estilo puramente romántico, ya que el hombre acepta la situación y dice: “El niño que llevas en tu vientre será transfigurado.  Se convertirá en hijo de nuestro amor gracias a un milagro”

El joven compositor Arnold Schoenberg estaba completamente imbuido de las ideas del romanticismo, aunque poseía habilidades innatas en lo que a forma, orquestación, armonía y melodía se refiere, que son hoy casi impensables. Es irónico que este hombre, que había de convertirse en precursor de la música contemporánea romántica de Alemania y Austria, hubiera preferido seguir componiendo música tradicional. Pero Schoenberg se sentía arrastrado hacia el progreso por una impetuosa fuerza centrífuga. Había heredado el mundo de Wagner y sentía que no le quedaba más opción que seguir adelante. Casi sin pensarlo, demostró cuán lejos podía ir la música si esta abandonaba las certezas de la tonalidad.

Schoenberg presentó “Noche transfigurada” a un concurso. Uno de los jurados dijo algo que no era precisamente un elogio, pero sí muy acertado: “Es como si alguien hubiese tomado la partitura de Tristan e Isolda cuando todavía estaba húmeda y la hubiese emborronado”

“Noche transfigurada” comienza en el característico hogar del Re menor, una nota que describe la oscuridad de bosques y la confusión en todas las obras de la época. Termina con un resplandeciente Re mayor transfigurado.  Pero entre ambas notas,  la pieza emprende un viaje armónico de una complejidad tan tortuosa que los jurados no estaban dispuestos a reconocer que aquello pudiese ser una posibilidad armónica. Hoy en día, ya no nos plantea un gran problema, pero de hecho, en toda esta pieza, la tonalidad se fuerza a tal extremo, que comienza a perder forma. Comenzamos a sentirnos perdidos.

Para compositores como Schoenberg, Webern y Berg, la idea de abandonar la tonalidad no significaba destruir antiguas leyes, sino que representaba la posibilidad de avanzar y de hacerse con nuevas energías. Webern habló más tarde de esa época y fue muy elocuente. Habló de la idea de alejarse volando de la Tierra como un pajarito, sin alejarse demasiado para sentirse seguro, pero sí lo suficiente como para ir adquiriendo fuerza y audacia. Si, simplemente, abandonamos la certeza de un acorde y la certeza de una escala como la del Do mayor, que nos parece tan simple y natural, y nos trasladamos a un mundo en el que las notas no tienen jerarquía, en el que no se empieza con la tónica, se continúa con la dominante y se vuelve a la tónica, sino que las doce notas son iguales, conviven en una especie de orden musical democrático, entonces estamos en el siglo XX.

Simon Rattle 

 

 Versión para sexteto de cuerdas

Versión para orquesta de cuerdas

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