Rachmaninov: Sinfonía nº 3

OSCyL, Andrew Gourlay
26 y 27 de Enero de 2018

Rachmaninov y Ormandy

La tercera y última sinfonía de Sergei Rachmaninoff fue estrenada el 6 de noviembre de 1936 por la Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Leopold Stokowski. Exceptuando las reposiciones ocasionales efectuadas por Stokowski y su sucesor en la orquesta, Eugene Ormandy, la sinfonía no logró muchas audiciones en otros lugares, mientras su compositor continuaba prosperando y obteniendo reconocimiento como pianista, a menudo interpretando sus propias obras.

Habían pasado casi 30 años desde la anterior sinfonía de Rachmaninoff, en Mi menor. Pero mientras que aquella es una obra grandiosa y serpenteante de una hora de duración, la nueva sinfonía fue relativamente concisa, de unos 40 minutos, y ciertamente de un menor impacto emocional. Además, la orquestación de la sinfonía en La menor es más transparente que la de la anterior y su desarrollo  más rectilíneo que el de su más frecuentemente interpretada predecesora

Por supuesto, hay semejanzas entre la segunda y la tercera sinfonía de Rachmaninoff: Esta última, al igual que la otra, se abre con un “motto” que se escuchará nuevamente en movimientos posteriores, y que aparece inicialmente en clarinetes, trompas con sordina y violonchelos. Lleva un tiempo que el tema principal haga sentir su presencia, pero cuando lo hace, difícilmente decepciona, palpitando con el más puro Rachmaninofiansimo. El “motto” y el nuevo tema se desarrollan y expanden simultáneamente, con el lema volviendo por sí mismo – trompeta, trombón bajo, pizzicato de las cuerdas – teniendo la última y dolorosa palabra.

El segundo movimiento también comienza con el motto, invertido, tocado por dos trompas acompañadas por acordes de arpa, que deriva en un par de temas: el primero, anunciado por el violín solista en tripletes, el segundo, menos expansivo, en un solo de flauta al que posteriormente se une el clarinete bajo. La sección del scherzo central, señalada como allegro vivace, es lo suficientemente distinta del material circundante como para ser considerada el tercer movimiento de una sinfonía de cuatro movimientos: evoca lejanamente el espeluznante final de la Sinfonía fantástica de Berlioz, una partitura de la cual Rachmaninoff era particularmente aficionado El sorprendente clímax del scherzo se convierte repentinamente en una marcha enérgica, seguida por acordes que corren hacia arriba y hacia abajo, y luego el arpa ofrece un breve recuerdo de la apertura del adagio. El tema del motto, en inversión, cierra el movimiento en cuerdas de arpa y pizzicato.

El final comienza con algunas cuerdas muy sonoras a ritmo de marcha. El desarrollo contrapuntístico del tema principal es un tour de force técnico. Varios clímax fuertes sobrevienen, interrumpidos por un solo de flauta dulcemente conmovedor contra el omnipresente motto, antes de que Rachmaninoff continúe con su triunfal y atronadora conclusión, desterrados todos los pensamientos oscuros.

 Herbert Glass, Los Angeles Philharmonic

 

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