Prokoviev: Sinfonía nº 5

OSCyL, Yan Pascal Tortelier
23 y 24 de Noviembre de 2017

 

¡Adiós, tropa engalanada! Y tú, dura pelea, tú, que en virtud la ambición conviertes, ¡oh, adiós! ¡Adiós, corceles relinchantes, aguda trompa, bélicos tambores, y pífano marcial, regio estandarte, excelsa pompa, claro brillo, orgullo y arreos todos de la lid gloriosa!
Otelo, Acto III, Escena 3

Tan popular fue la Quinta Sinfonía de Prokofiev que pocos meses después de su estreno en Estados Unidos, un retrato del compositor apareció en la portada de la revista Time, en noviembre de 1945. En un período en el que Rusia y su pueblo seguían siendo considerados nuestros aliados en la victoria sobre el fascismo, la Sinfonía fue un éxito en su patria y en el extranjero, la celebración musical de la conclusión de la guerra. Pero ¿era eso?


Cuando leemos sobre esta obra, vemos circular una y otra vez los mismos adjetivos: “heroica” o “alegre”. Y siempre en el contexto de la victoria de una nación, la victoria de un pueblo – ¿pero era eso? Las décadas no sitúan a este enigmático hombre o a su música con un enfoque preciso; parece evadir el escrutinio.

Sabemos que esta Sinfonía de cuatro movimientos fue compuesta en el verano de 1944, poco después de los desembarcos de las tropas aliadas en las playas de Normandía y mientras las fuerzas rusas se movían al oeste, empujando hacia Berlín. Para cuando se estrenó en Moscú en enero de 1945, bajo la dirección del compositor, el lejano fuego celebratorio de la artillería haría que Prokofiev se detuviera, con los brazos en alto, mientras se preparaba para comenzar la interpretación: el ejército ruso había cruzado el Vístula.

Ciertamente, la Sinfonía se abre con un tema altísimo inconfundiblemente optimista, y el estridente clímax al final del movimiento es una crisis vencida. El segundo movimiento es un scherzo nervioso, en marcado contraste con el triste tercer movimiento. ¿Pero la victoria descrita en el movimiento final es una conquista personal o pública? ¿Es esto, como escribió Prokofiev, “una sinfonía sobre la grandeza del espíritu humano, una canción de alabanza de la humanidad libre y feliz”, o es, tal vez desmintiendo su declaración pública oficial, la lucha del espíritu artístico individual en los sofocantes confines del dominio absoluto de Stalin? La grandeza de esta Sinfonía es inherente a esta ambigüedad. Puede admitir muchas interpretaciones y ninguna de ellas puede limitarla o vincularla a una idea.

Mientras escuchas los emocionantes minutos finales de esta Sinfonía, y no lo dudes, termina con un emocionante estallido, pregúntate qué adjetivos y sustantivos te vienen a la mente. ¿Victoria, evasión, alegría, frenesí, rotundidad, vigor, conclusión, terror?

Grant Hiroshima, LA Phil
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