MacMillan: Veni, Veni, Emmanuel

Evelyn Glennie. OSCyL, Yan Pascal Tortelier
23 y 24 de Noviembre de 2017

Escrita para instrumentos de percusión y orquesta, Veni, Veni, Emmanuel supuso, a raíz de su estreno en los Proms londinenses, el 10 de agosto de 1992, a cargo  de Evelyn Glennie y la Orquesta de Cámara Escocesa dirigida por Jukka-Pekka Saraste, la consagración definitiva del músico escocés tras el primer aldabonazo logrado dos años antes con la première de The Confession of Isobel Gowdie, extensa página  orquestal inspirada en la caza de brujas en la Escocia del siglo XVII.   

MacMillan inició la composición de Veni, Veni, Emmanuel el primer domingo de  Adviento de 1991 y la concluyó el domingo de Pascua del año siguiente. Dos fechas  de importante simbología litúrgica, tal y como explica el músico: “En un sentido, la  obra es puramente abstracta, de hecho todo el material musical está recogido del  canto llano de Adviento francés de idéntico nombre. En otro plano, se trata de una  exploración musical de la teología más allá del mensaje de Adviento”. A lo largo de  la composición, solista y orquesta dialogan en igualdad de condiciones, empleando  una extensa plantilla de instrumentos de percusión. Aunque aparentemente se trate  de un único movimiento, pueden apreciarse en él varias secciones que, adoptando  en conjunto la forma de arco, tienen su centro en el segmento titulado Gaude, Gaude.   

Una vigorosa obertura [1:02] a modo de fanfarria sirve al intérprete para presentar el  instrumental que habrá de utilizar. Cuando el solista se orienta hacia lo gongs e instrumentos de madera y metal no afinados, la música deriva hacia el motivo principal de la primera sección [3:50], crispada e impulsada por diversos flujos rítmicos que  evocan una especie de latido en constante transformación. La segunda sección [6:34], muy  stravinskiana, se caracteriza por un  hoquetus o alternancia rápida de acordes entre  una y otra parte de la orquesta. La reposada sección central [13:00] opone una expresiva cadencia de la marimba con la atmósfera suspendida, casi flotante, de la orquesta, que  raramente supera el pianissimo. Una y otra vez la orquesta repite los cuatro acordes  que acompañan a las palabras Gaude, Gaude del canto llano. La superposición de este motivo, en diferentes combinaciones instrumentales y a distintas velocidades,  evoca “una inmensa congregación que murmura, lejana, una tranquila plegaria en  multitud de voces”. Un crescendo prepara  la transición [19:11] a una nueva sección en la  que un solo de vibráfono reintroduce el material del hoquetus. El clímax de la obra  presenta el canto llano como un coral [21:47] al que siguen las fanfarrias iniciales, proporcionando un agitado telón de fondo a la violenta cadencia del tambor. En la coda [24:51],  los latidos que atraviesan toda la obra alcanzan una inesperada conclusión, “ofreciendo una clave de la presencia humana de Cristo”. Como señala el autor, “los textos de Adviento proclaman el día prometido de la liberación del miedo, la angustia  y la opresión”.   

Veni, Veni, Emmanuel pretende reflejar esto en música, tomando como inspiración las palabras de San Lucas (21: 25-28): “Habrá señales en el sol, en la luna y en  los astros; las naciones estarán angustiadas en la tierra y perplejas por el estruendo  del mar y de las olas, y los hombres muertos de terror y de ansiedad por lo que sobreviene al mundo, pues las columnas de los cielos se tambalearán. Entonces verán  al Hijo del Hombre venir en una nube con gran poder y majestad. Pero vosotros,  cuando comiencen a suceder estas cosas, tened ánimo y levantad la cabeza, porque  se acerca vuestra redención”. “Al final de la obra -concluye Macmillan- la música  adquiere un giro litúrgico de Adviento hacia Pascua, de hecho hacia la Gloria de la  Vigilia de Pascua, como si la proclama de liberación encontrara su encarnación en  Cristo resucitado”.   

Juan Manuel Viana. Notas al programa del concierto del 19 de octubre de 2009 en el Auditorio Nacional, Madrid.

-♦-

Sí, sí: Glennie es sorda. Pero eso apenas importa. La absoluta superación de su handicap es sólo una de las facetas de su impresionante éxito. Ted Shen. Chicago Tribune

Evelyn Glennie es la primera persona en la historia que se ha creado y mantiene con éxito una carrera a dedicación completa como percusionista solista, actuando en todo el mundo con los mejores directores, orquestas y artistas. Recuerda con cariño haber interpretado el primer concierto de percusión en la historia de The Proms en el Albert Hall en 1992 (el Veni, veni Emmanuel compuesto por James MacMillan para ella), lo que allanó el camino para que las orquestas de todo el mundo dieran conciertos de percusión.

Evelyn imparte regularmente clases magistrales y lecciones dirigidas a guiar a la próxima generación. Con más de 90 premios internacionales hasta la fecha, Evelyn también es una de los principales destinatarias de las nuevas obras para percusión solista, con más de 200 piezas escritas para ella por los compositores más eminentes del mundo.

Actualmente, Evelyn continúa trabajando en la realización de su sueño, enseñar al mundo a escuchar, tratando de abrir un centro que encarna ese empeño: “Mejorar la comunicación y la cohesión social al animar a todos a descubrir nuevas formas de escuchar”.

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