Berlioz: El carnaval romano

OSCyL, Andrew Gourlay.
5 y 6 de Octubre de 2017

Corteo di Maschere a piazza Colonna Durante il Carnevale (Francesco Muccinelli)

Las melodías de El carnaval romano de Hector Berlioz se escucharon por primera vez en público cuando su ópera Benvenuto Cellini se estrenó en París, en Septiembre de 1838, bajo la batuta de François-Antoine Habeneck. Y quizás nunca hubiesen llegado a dar lugar a esa pieza de concierto independiente si el genio y la figura de Berlioz se hubiesen resignado ante la dirección de Habeneck del “saltarello”, la danza que en la ópera acompaña la fiesta en la Piazza Colonna. Así lo explicó en sus Memorias*:

Cuando comenzaron los ensayos con la orquesta, los músicos, viendo el aspecto ceñudo de Habeneck, mostraron hacia mí absoluta frialdad. Sin embargo, hacían su trabajo. Habeneck cumplía mal con el suyo. No fue capaz de conseguir un aire vivo en el saltarello danzado y cantado en la plaza Colonna del segundo acto. Los bailarines, que no se acomodaban a su movimiento cansino, se me acercaban para quejarse y yo les insistía:
-¡Más rápido! ¡Más rápido! ¡Animando el tempo!
 Habeneck, irritado, golpeaba su atril y rompía su batuta. Finalmente, después de haberse abandonado a cuatro o cinco accesos de cólera semejantes, me decidí a indicarle con una tranquilidad que le terminó de exasperar:
-¡Por Dios, señor! Podría usted romper cincuenta batutas, pero ello no impediría que su tempo siguiera siendo demasiado lento. Se trata de un saltarello.
Aquel día, Habeneck se detuvo y, dirigiéndose a la orquesta, dijo:
-Ya que no tengo la dicha de contentar al señor Berlioz, lo dejaremos aquí por hoy. Pueden retirarse.
Y de este modo terminó el ensayo.
Algunos años después, cuando hube escrito la obertura El Carnaval romano, cuyo allegro emplea como tema ese mismo saltarello que él nunca logró hacer avanzar, Habeneck se encontraba en el vestíbulo de la sala Herz la noche del concierto en que se iba a estrenar esta obertura. Alguien le había dicho que el ensayo de la mañana se había realizado sin instrumentos de viento debido a que habían sido requeridos por el servicio de la Guardia Nacional. «¡Bien! –debió de pensar-  Esta noche ha de ocurrir alguna catástrofe en el concierto. ¡Eso hay que verlo!»  Al llegar a sus atriles, en efecto, todos los artistas de la sección de viento me rodearon espantados anta la idea de tocar ante el público una obertura que les era enteramente desconocida.
-No tengan miedo –les dije- Las partituras están correctas; todos ustedes son gente de talento, procuren mirar mi batuta cuanto más mejor, cuenten bien sus silencios, y todo marchará en orden.
No hubo ni un solo fallo. Arranqué el allegro con el tempo arrollador de los danzantes  trasteverinos. El público gritó “¡bis!” y volvimos a tocar la obertura, que quedó aún mejor que la primera vez. Al salir del vestíbulo, donde se encontraba Habeneck un tanto decepcionado, le solté, al pasar junto a él, estas cuatro palabras: «¡Así es como va», a las cuales se cuidó de contestar.
Fue en esta ocasión cuando sentí, con mayor energía que nunca, la felicidad de dirigir la interpretación de mi propia música. Mi placer era aún mayor al recordar todo lo que Habeneck me había hecho soportar.

Y esta fue su moraleja:

¡Pobres compositores! ¡Más os vale saber dirigir y que vuestra dirección sea la correcta (con o sin el juego de palabras)! Porque el más peligroso de vuestros intérpretes, no lo olvidéis, ese el director de la orquesta.

Aunque la obertura se inicia ya con un anuncio del saltarello, la trompa y el clarinete interrumpen enseguida [0:58] para que el corno inglés presente otro tema de la ópera, el del apasionado dúo de amor de su primer acto. Luego, unos torbellinos de los vientos [4:45] anuncian el arranque de la fiesta y el baile, en el que, cerca del final, se intercala de nuevo el tema de amor [7:39]. Berlioz quedó muy satisfecho de este trabajo, recomendando usarlo como preludio del segundo acto de Benvenuto Cellini, cosa que se viene haciendo habitualmente hasta la actualidad.

*Hector Berlioz: Memorias. Edición de Enrique García Revilla. 
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2 Comentarios

    • Disculpa el retraso. Me alegra saber que he puesto algo que te interesa. Yo no creía que me fueran a gustar mucho estos Pinos, pero en directo y con lo bien que lo tocaron fue extraordinario y ya no volveré a decir nunca que Respighi no me dice nada.

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